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martes, 14 de abril de 2020

GUERRAS LUSITANAS



Guerras lusitanas es la denominación historiográfica​ de las guerras que mantuvo la República romana con un conjunto de pueblos del oeste de la península ibérica, a los que los propios romanos llamaban lusitanos, y cuyo territorio fue incorporado a la provincia denominada Hispania Ulterior. 


Tuvieron lugar entre 155 a. C. - 139 a. C., siendo en parte simultáneas a las guerras celtíberas (guerra numantina, desde el 154 a. C., en el territorio que fue incorporado a la Hispania Citerior). La guerra lusitana fue también llamada Purinos Polemos (que significa la Guerra Fiera).]

 

Los lusitanos se rebelaron contra Roma en dos ocasiones (155 a. C. y 146 a. C.), siendo derrotados en ambos casos.

 

En el 194 a. C., estallaron las hostilidades entre los romanos y los lusitanos, quienes eran un pueblo autóctono. En 190 a. C. Lucio Emilio Paulo se enfrentó a los lusitanos; tras ser inicialmente derrotado y perder 6000 de sus hombres finalmente se impuso y les mató 30 000 de sus guerreros (según Plutarco). Al año siguiente Publio Junio Bruto derrotó y mató a 18 000 lusitanos y capturó a 2300 más. ​Su sucesor como pretor de la provincia Ulterior (188 a. C.-186 a. C.), al inicio de su gobierno atacó a los lusitanos y asedió Asta Regia, matando a 6000 personas.​

 

En el 179 a. C., los romanos tuvieron éxito en la pacificación de la zona y obtuvieron un significativo tratado de paz. Sin embargo en el 155 a. C., una gran revuelta bajó el liderato de un cacique llamado Púnico, que se había aliado con los vetones, azotó la región. En el 154 a. C. los lusitanos derrotaron a Lucio Manlio Acidino, gobernador de la Citerior, y a Lucio Calpurnio Pisón, de la Ulterior, en la Bética, donde les infligen 5000 bajas. 



Tras la muerte de Púnico, otro cacique llamado Césaro asumió el liderazgo de la revuelta de los lusitanos, derrotando a Lucio Mummio en una maniobra de retirada en 153 a. C., tras lo cual animó la resistencia de los celtíberos, en especial los segedanos, en la Segunda Guerra Celtíbera.​ Otro señor de la guerra, llamado Cauceno, se levantó contra Roma en el norte de África.

 

Entre los años 154 a. C. a 153 a. C. el pretor Lucio Mumio combatió con 15 000 legionarios, tras varias derrotas iniciales en las que perdió 5000​ a 6000 hombres,​ los lusitanos y celtíberos organizaron un ejército de 20 000 infantes y 5000 jinetes ​a los que finalmente logró imponerse y hasta fue honrado poco después con un Triunfo.

 

El pretor Servio Sulpicio Galba y el procónsul Lucio Licinio Lúculo llegaron en el 151 a. C. y procedieron a subyugar a la población local. Sin embargo, los lusitanos les causaron más de 7000 bajas en combate, obligándolos a retirarse a sus cuarteles de invierno en Conistorgis, en territorio de los cuneos, con los 20 000 hombres que les restaban. Entonces Galba invitó a los líderes lusitanos a "entablar negociaciones de paz" (150 a. C.) atrayendo a más de 30 000 desarmados,  ​y los mató allí mismo, masacrando 8000​ o 9000​ y vendió como esclavos a otros 20 000, incluyendo mujeres y niños.​


Terminando poco elegantemente esta fase de la guerra. Por otro lado, Lucio Licinio Lúculo tras atacar a los vacceos y matarles 4000 guerreros, se retiró a la Turdetania a pasar el invierno, ahí fue que se enteró que un ejército de iberos planeaba cruzar las Columnas de Hércules y atacar a los aliados de Roma en África, como ya habían hecho con éxito los lusitanos en 153 a. C., Lúculo intervino antes que embarcaran y masacró a 15 000 de ellos.​


En 147 a. C. llegó con refuerzos Cayo Vetilio (Caius Vetilius), sumando 10 000 soldados romanos en la zona.

 

En el 146 a. C. los lusitanos encontraron un nuevo líder llamado Viriato, quien fue ganando renombre entre los romanos como un gran jefe de guerrillas, reuniendo cerca de 6000 guerreros. Vetilio lanzó una ofensiva contra los indígenas que fue respondida por una campaña de guerrillas. Cuando los romanos se adentraron en territorio enemigo persiguiendo a Viriato, fueron emboscados en un desfiladero de la actual Serranía de Ronda muriendo o siendo capturados 4000 romanos y escapando el resto. 


Vetilio no sobrevivió.​ Los romanos sobrevivientes fueron reforzados por 5000 bellos y titos, lanzando otra ofensiva que también terminó en un desastre, muriendo la mayoría de los celtíberos aliados y teniendo que refugiarse en Carteia los sobrevivientes esperando refuerzos.​

 

Viriato y los suyos aprovecharon la inactividad del enemigo vencido y tomaron la iniciativa, entrando en la Carpetania y en el valle del río Betis, regiones que devastaron. Mientras que el sucesor de Vetilio, el pretor Cayo Plautio quedó al mando en la Ulterior con 10 000 infantes y 1300 jinetes, quien de inmediato lanzó una ofensiva para capturar al caudillo lusitano en la Carpetania, Viriato recurrió nuevamente a las tácticas de guerrilla y causó más de 4000 bajas a los romanos.​

 

En el 145 a. C., el general Quinto Fabio Máximo Emiliano con 30 000 soldados (17 000 recientemente reclutados) realizó una campaña con éxito contra los lusitanos, pero falló en su objetivo de arrestar a Viriato. En el 143 a. C., Viriato formó una coalición contra los romanos con varias tribus celtíberas. En el 142 a. C. el aliado de Viriato, el caudillo celtíbero Tangino, fue derrotado por Quinto Pompeyo.​ 


Entre 141 a. C. a 140 a. C. Fabio Máximo siguió su campaña con dos legiones romanas y auxiliares, 18 000 infantes y 1600 jinetes romanos,18​ 300 númidas y 10 elefantes de guerra enviados por el rey Micipsa por Sierra Morena. ​Viriato los derrotó, matando a 3000 romanos. ​ 


Tras esto el general romano se refugió en su campamento base donde recibió 5000 refuerzos con los que inicio una nueva ofensiva haciendo retroceder a los lusitanos.​ Tuvo éxito al enfrentar a los jefes lusitanos Curio y Apuleyo, quienes le enfrentaron en una batalla abierta, siendo destruidas sus fuerzas y capturados 10 000 de sus hombres.​ Sin embargo, meses después el ejército romano fue emboscado y derrotado en la sierra.

 

Más tarde, Viriato derrotó también al general Quinto Fabio Máximo Serviliano y aceptó perdonarle la vida a cambio de un tratado de paz de igual a igual.

 

El tratado fue roto un año después por Quinto Servilio Cepión, quien penetró con 20 000 legionarios en las tierras de los vetenos y galaicos mientras que Marco Popilio Lenas pacificaba la región entre los ríos Duero y Tajo, construyendo varios campamentos para asegurarla.​

 

En el 139 a. C. Viriato fue finalmente asesinado mientras dormía por tres de sus compañeros, Audax, Ditalco y Minuro, que habían sido enviados como emisarios a Roma y sobornados por Marco Popilio Lenas.

 

Décimo Junio Bruto observó mientras se internaba en Lusitania que sus ciudades estaban defendidas por mujeres guerreras.

 

Durante los años 61 a 60 a. C. el propretor Cayo Julio César con un ejército de 20 cohortes (unos 10 000 hombres) y 5000 auxiliares locales sometió definitivamente a los lusitanos.


miércoles, 8 de abril de 2020

CÉSARO


 

Césaro o Caisaro (posiblemente muerto en 153 a.C) fue un caudillo de los lusitanos que relevó a Púnico durante las primeras fases de las Guerras Lusitanas.

 

La etimología de su nombre es difusa, aunque hay cierta unanimidad en que es de origen púnico,​ lo que sugeriría un título ganado durante una posible carrera mercenaria en el sur de la península ibérica, como era tradición entre lusitanos y otras tribus.​ Podría provenir de ksr, la raíz del dios artesano cartaginés Kusor, o bien de kysr, el término púnico para designar al elefante africano (el mismo origen que el apellido romano César). ​ No obstante, tampoco puede descartarse una etimología no púnica, sino céltica, más específicamente relacionada con gaesi ("valiente") o gaesum ("dardo de hierro").​

 

Césaro aparece por primera vez en las fuentes en 153 a. C. cuando asume el mando de la coalición de lusitanos y vetones previamente liderada por el fallecido Púnico. La rapidez y aparente facilidad de esta sucesión ha hecho deducir a los autores que Césaro podría haber sido un segundo al mando de Púnico, así como que su ejército no era una simple agrupación de bandidos, sino un contingente bien organizado y disciplinado.

 

La primera batalla de Césaro tuvo lugar contra las fuerzas del pretor romano Lucio Mumio. Aunque los romanos dominaron inicialmente la batalla, obligando a los hispanos a retroceder y a abandonar parte de su botín, las legiones se fragmentaron en su intento de perseguirles.

 

Césaro entonces aprovechó para revolverse contra ellos y destruirles.4​ 9000 romanos murieron y Mumio se vio forzado a huir, con lo que los lusitanos incrementaron sus ganancias recuperadas y añadieron varios estandartes romanos, que Césaro hizo pasear por la península ibérica en son de mofa.​ Se cree que todo el curso de la batalla podría haber sido un ardid por parte de los hispanos, que posteriormente utilizarían en abundancia la misma fórmula de fingir una derrota para después emboscar a los perseguidores.

 

El segundo encuentro de las fuerzas acaudilladas por Césaro fue de nuevo contra Lucio Mumio, que había dejado pasar el tiempo mientras entrenaba a sus tropas y planeaba la próxima batalla. Esta vez los romanos fueron victoriosos, logrando incluso recuperar algunas de las enseñas.​ No se menciona a Césaro como parte de esta batalla, por lo que su destino final es desconocido. Sin embargo, el hecho de que no vuelva a ser mencionado en ninguna otra fuente -así como que Cauceno ocupe su lugar como máxima figura lusitana- lleva a pensar que podría haber muerto en combate.​

 

En la serie de televisión Hispania, la leyenda, Césaro aparece aparece como el líder del consejo de la aldea de Caura, hogar de Viriato. Lo interpreta Lluís Marco.



miércoles, 1 de abril de 2020

EL CÓNSUL LUCIO MUMIO


Lucio Mumio Acaico (en latín, Lucius Mummius L. f. L. n. Achaicus) fue un militar y político romano del siglo II a. C., cónsul en el año 146 a. C., conocido por ser el destructor de Corinto. Hermano de Espurio Mumio.
 
Hijo del tribuno de la plebe Lucio Mumio, era un buen orador y cercano al partido popular de los Gracos. Fue pretor en el año 154 a. C. y recibió la provincia de Hispania Ulterior, donde después de varias derrotas consiguió finalmente algunas victorias notables sobre los lusitanos acaudillados por Púnico y Césaro, así como Cauceno (153 a. C.). A su vuelta a Roma al año siguiente, celebró un triunfo por dichas victorias.
 
Tras ser elegido cónsul en 146 a. C., se le encargó la dirección de la guerra aquea. La Liga Aquea, bajo la dirección de Critolao y Dieo, había sido derrotada ese mismo año por el pretor Metelo el Macedónico, pero Metelo no actuó con suficiente energía y la Liga siguió con su actividad bélica. Mumio lo sustituyó en la dirección de las operaciones bélicas.
 
La Liga reunió un ejército en el istmo antes de la llegada de Mumio. Este, tras forzar el paso de Leucóptera, venció a Dieo y ocupó Corinto. Todos Los hombres fueron pasados por la espada; las mujeres y los niños, vendidos como esclavos; las obras de arte, expoliadas y repartidas entre las ciudades griegas y romanas; posteriormente el lugar fue reducido a cenizas. Sin embargo, al menos dos autores antiguos ofrecen relatos según los cuales Corinto no habría sido totalmente destruida.
 
Esta crueldad aparentemente innecesaria, que no termina de encajar con el carácter del personaje que la llevó a cabo, es explicada por Theodor Mommsen como una consecuencia de instrucciones enviadas por el Senado romano, empujado por el partido con mayores intereses mercantiles, cuyo fin era acabar con un peligroso rival comercial. Según Polibio, que, había venido de África para mitigar, en la medida de lo posible, las calamidades de sus compatriotas, fue debido a su incapacidad de aguantar la presión que ejercían los que le rodeaban.
 
La destrucción de Corinto marca el final de la política tradicional de Roma en Grecia, benevolente hasta entonces por la fascinación que producía la cultura griega. Se considera, generalmente, como uno de los crímenes menos perdonables de Roma, pero el Senado trató de dar un escarmiento ejemplar, una vez desoídos sus consejos de moderación por la Liga Aquea. El resultado fue el fin de las ligas griegas, la anexión de la provincia de Acaya y la vigilancia del resto de Grecia por el gobernador romano de Macedonia.
 
Algunas obras del botín del saqueo de Corinto fueron vendidas al rey de Pérgamo y otras a Roma; no obstante Mumio respetó las propiedades religiosas. Permaneció en Grecia entre 146 y 145 a. C. Durante su segundo año como procónsul, arregló la constitución fiscal y municipal de la nueva provincia. Se ganó la confianza de los provinciales por su integridad y justicia. Resultado del incendio de Corinto fue el descubrimiento accidental del llamado bronce corintio usado en escultura.
 
En los eventos posteriores, Mumio demostró una capacidad administrativa considerable y un alto grado de justicia e integridad, lo que le granjeó el respeto de los habitantes. En especial, Mumio se abstuvo de ofenderles en materias religiosas.
 
Mumio fue uno de los pocos comandantes romanos en la era republicana que rindió homenaje a la religión helénica. Dedicó una estatua de bronce de Zeus en Olimpia y rodeó el santuario del dios con escudos de bronce dorado.
 
A su vuelta a Roma en el año 145 a. C. recibió los honores de un triunfo y el sobrenombre «Acaico». Su procesión se convirtió en un referente en la historia del arte romano. Los trenes de vagones cargados con las obras clásicas se trasladaron a lo largo de la Vía Sacra hasta el Capitolio. 
Mumio, con una modestia poco común en los conquistadores, se negó a inscribir el botín con su nombre. Él los consideraba como propiedad del Estado, y él los prestó generosamente para adornar los triunfos, los edificios, e incluso las casas particulares de los demás, mientras que su propia villa conservaba la sencillez de los primeros romanos.
 
En 142 a. C. sería elegido censor junto con Publio Cornelio Escipión Emiliano, con quien tuvo frecuentes conflictos por la severidad de Escipión. A pesar de que trajo tanta riqueza para las arcas del estado, Mumio murió pobre. El pueblo pagó la dote de matrimonio a su hija.
 
Lucio Mumio fue el primer homo novus de origen plebeyo que obtuvo un cognomen por servicios militares. Su indiferencia por las obras de arte y la ignorancia de su valor quedan patentes en su observación acerca de los encargados de su transporte: «Si las pierden o dañan, tendrán que reponerlas». Por otro lado, erigió para las festividades teatrales un teatro que mejoró las condiciones acústicas y los asientos, siguiendo el modelo griego, lo que supuso un avance en la construcción de este tipo de estructuras de entretenimiento.