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lunes, 13 de abril de 2020

AB URBE CONDITA




 Ab Urbe condita (AUC) es una expresión latina que significa «desde la fundación de la Ciudad» (de Roma), que se sitúa conforme al cálculo de Marco Terencio Varrón en el tercer año de la sexta olimpiada, 753 a. C., aunque se manejaban también otras fechas, como el primer año de la séptima olimpiada según Catón el Viejo.​ Por lo tanto, el año 1 de la era cristiana equivale al año 754 ab Urbe condita.


Desde el imperio de Claudio ( 41 a 54), este cálculo fue aceptado como el más correcto, dado que lo utilizó este emperador para celebrar, en 48, los ochocientos años desde la fundación de Roma. Un siglo después, también lo emplearon Adriano y Antonino Pío. En 248, por último, el emperador Filipo, el árabe, conmemoró el Milenio de la Urbe, con los Ludi saeculares que indicaban expresamente la fecha, al mismo tiempo su rival, Pacatiano, hacía acuñar monedas con la inscripción: "año mil y uno".


No obstante, esta expresión era utilizada raramente en la Antigua Roma para contar los años, y de hecho existían dataciones rivales respecto del comienzo de la era. Otra manera de computar los años era "desde la expulsión de los reyes" (post reges exactos) es decir, desde la creación de la república en 509 a. C.​ Sin embargo, a efectos prácticos, los romanos nombraban los años según el cónsul epónimo e incluso por el nombre de cualquier otro magistrado.​ Así, para designar el año 216 a. C. solía decirse el año del consulado de Lucio Emilio Paulo y Cayo Terencio Varrón; o para indicar el 44 a. C., el quinto consulado de Julio César. Más tarde se empleó el sistema de contar los años de los emperadores o, en ocasiones, tomar como inicio de la era el comienzo de alguna dinastía (Era Seleúcida) o un evento (Era Hispánica, Era de los Mártires)


En el siglo VI, el monje Dionisio el Exiguo calculó las fechas del ciclo pascual a partir de la fecha de la encarnación de Cristo, fijada por él en el 754 de la fundación de Roma, pero el nuevo sistema de cómputo no se generalizó hasta el reinado de Carlomagno, cuando fue introducido por Alcuino según la práctica anglosajona. Incluso siglos después, se mantuvieron en uso las eras antiguas.


El uso de la era ab urbe condita se hizo común a partir del Renacimiento, impulsado por la costumbre de los primeros editores de los clásicos de colocar en los márgenes la datación AUC. Esto ha dado la falsa impresión de que esta era se utilizaba habitualmente en la Antigüedad.


Imagen de una de las primeras
 monedas romanas datadas 
ab Urbe condita

lunes, 6 de abril de 2020

EL CÓNSUL MARCO CORNELIO FRONTÓN



Marco Cornelio Frontón (en latín, Marcus Cornelius Fronto; c. 95-c. 167) fue un senador romano, gramático, retórico y abogado romano de la etapa altoimperial. Aunque también llegó al consulado, se le conoce principalmente por haber sido maestro y amigo personal del emperador Marco Aurelio. La correspondencia que mantuvo con él y con otros personajes próximos a la familia imperial es una de las fuentes principales que se conservan del final del periodo de los Antoninos.

 

Frontón nació entre los años 90 y 110 el seno de una familia de colonos romanos de Cirta (después Constantina),​ en Numidia, por lo que se llamaba a sí mismo el «africano».​ Es probable que pasase algún tiempo en Alejandría, importante centro de estudios en la época,​ antes de que su padre, Tito Cornelio, lo enviara a Roma, seguramente en compañía de su hermano pequeño Quinto Cornelio Quadrato, durante el reinado de Adriano. Su familia debía ser influyente, porque en la década de 120 ambos hermanos eran ya miembros del Senado, y Frontón además primero cuestor de Sicilia y después pretor.​ Quinto Cornelio Cuadrato a su vez llegó a ser nombrado gobernador de Numidia sobre el año 142 y cónsul sufecto (consul suffectus o sustituto) en 147.​ Frontón comenzó a ejercer la abogacía ya antes de la muerte de Adriano, como refleja Dion Casio en un pasaje que se refiere probablemente al año 136.​

 

Pronto creció su prestigio como abogado y orador, hasta ser considerado solo inferior a Cicerón.​ Reunió una gran fortuna, erigió magníficas edificaciones y compró los famosos jardines de Mecenas.

 

Es posible que, ya en esta época, la reputación que había adquirido hiciera que se fijaran en él los tutores de Marco Aurelio,​ pero tras la adopción formal y ser este designado como heredero por Antonino Pío en 138, las primeras cartas de Frontón (que se datan con gran probabilidad en el año 139) ya recogen los consejos y felicitaciones de Frontón por los progresos de Marco en sus estudios.​ 
El método de Frontón consistía en encargar a sus alumnos ejercicios literarios consistentes en comentarios sobre temas variados, normalmente históricos, mezclados con discusiones sobre cuestiones filosóficas o, siguiendo a Cicerón, con ensayos sobre la política y la legislación romana. Instruía también en el empleo de un latín lo más estilizado posible siguiendo unos gustos que, en el caso de Frontón, se remiten a los grandes autores de la época republicana, en una reacción consciente contra el «purismo» de autores como Cicerón o Séneca. Marco compartía las preferencias de Frontón, una tendencia al arcaísmo extendida en el siglo II, y así prefería los poemas de Nevio, Plauto o Ennio a los del mismo Horacio.​

 

Esta relación maestro-discípulo continuó por lo menos con la misma intensidad hasta el año 145, cuando Marco Aurelio contrajo matrimonio con Faustina la Menor.​ Al final de su vida, el emperador dejó constancia en las Meditaciones de la deuda contraída con su maestro:

 

"De Frontón, el haberme puesto a considerar cómo es envidioso, voluble e hipócrita el poder del tirano, y que por lo general los que entre nosotros son llamados «eupátridas» están en cierto sentido carentes de sentimientos".

( Marco Aurelio en  "Meditaciones" )

 

A pesar de que no ambicionaba cargos oficiales, fue nombrado cónsul sufecto durante los meses de julio y agosto de 142,12​13​a​b​ un año antes de que Herodes Ático fuera cónsul epónimo.1​16​ Herodes Ático, también maestro y amigo de Marco Aurelio y de Vero, por entonces sostenía un litigio testamentario con los atenienses, quienes eligieron a Frontón para que los representara ante los tribunales romanos, por lo que Frontón tuvo que atender los insistentes ruegos del entonces césar de no ser excesivamente duro con él.17​ Más tarde, a finales de la década del 150 rechazó el proconsulado de Asia por problemas de salud.​

 

La esposa de Frontón, Cratia,​ era probablemente de origen griego,​ y con ella tuvo cinco hijas de las que solo sobrevivió la primera, también llamada Cratia, que nació hacia el año 142 y vivió hasta cerca de los sesenta años. Cratia, al igual que Frontón, mantenía íntima amistad con la madre de Marco Aurelio, Domicia Lucila, además de una afinidad intelectual que les llevaba a intercambiarse alusiones a autores clásicos como Homero, Eurípides o Hesíodo. En sus cartas, como la que le envío en 142 con motivo de su aniversario, Frontón se dirigía a Domicia en griego. ​ Cratia murió en 165 o 166 poco antes de cumplir cincuenta años. Cratia minor se casó con Cayo Aufidio Victorino, también compañero de Marco Aurelio como discípulo de Frontón y cónsul sufecto el año 155. Nada más llegar al poder el emperador confió a Aufidio la vigilancia de la frontera de Recia y el gobierno de Germania Superior, cargo que conservó hasta el año 165 o 166 en que asumió el cargo en la provincia de África. Bajo Cómodo ocupó el consulado en 183 y el cargo de prefecto de Roma, pero se suicidó poco después debido a la persecución a que lo sometieron los partidarios del nuevo emperador.​ De los hijos de Cratia y Aufidio solo dos llegaron a la edad adulta: Marco Aufidio Frontón, nacido c. 160 y cónsul en 199, y Cayo Aufidio Victorino, un año menor que su hermano y cónsul en 200. ​ Frontón deja de Aufidio un retrato muy favorable y se conserva su reflexión por la pena que sobrellevó ante el fallecimiento de uno de sus hijos pequeños, «Decimanus» alrededor del año 165, cuando debía tener unos tres años. ​

 

A finales del año 166 se tiene noticia de Frontón recibiendo afectuosamente en Roma a Lucio Vero, que regresaba de su campaña en Media por la que durante un tiempo tanto él como Marco Aurelio recibieron el cognomen de «Médico».​ Se desconoce la fecha exacta de su muerte aunque, enfermo y amargado por la muerte de su esposa y cuatro de sus hijas, debió fallecer no mucho después del año 167.​

 

Sus talentos como orador y retórico fueron muy admirados por sus contemporáneos, algunos de los cuales formaron una escuela llamada en su honor Frontoniani, cuyo propósito era restaurar la antigua pureza y simplicidad de la lengua latina en lugar de las exageraciones de la escuela sofista griega, o de las artificialidades de los autores del siglo I, como Séneca.

 

Los autores de la era Julio-Claudia (s. I d. C. ) fueron muy menospreciados, mientras que a Catón el Viejo, Ennio, Lucrecio Plauto, Laberio o Salustio se les tuvo como modelos a ser imitados.​

 

A Frontón, citado por Aulo Gelio en sus Noches Áticas, se debe el primer ejemplo conservado de la utilización del término «clásico» para referirse a los mejores autores del pasado (Aulo Gelio, Noches Áticas).​

 

Hasta 1815, los únicos trabajos existentes atribuidos erróneamente a Frontón eran dos tratados gramaticales, De nominum verborumque differentiis y Exempla elocutionum (este último perteneciente a Arusiano Mesio).

 

Fragmento del códice Vaticanus Latinus, encontrado por Angelo Mai en 1819, que contiene, entre otros textos, algunas de las cartas de Frontón. Las cartas de Frontón fueron compiladas ya en la Antigüedad por lo menos en un manuscrito sobre pergamino que data de finales del siglo v. Posteriormente, alrededor del año 700, el códice fue reutilizado para la copia de las actas del primer Concilio de Calcedonia de 451 y se conservó durante varios siglos en la abadía de San Columbano de Bobbio. Por razones que se desconocen, el palimpsesto fue desmembrado alrededor del año 1600 sin que se tuviera conocimiento de su contenido hasta que, en 1815, el futuro cardenal Angelo Mai descubrió en la biblioteca Ambrosiana de Milán las primeras 282 páginas (Ambrosianus E 147).e​ Mai descifró el texto subyacente de las cartas de Frontón y publicó inmediatamente una primera edición un tanto apresurada, que completó en 1823 después de localizar en 1819 otras 106 páginas en la Biblioteca Vaticana (Vaticanus Latinus ). 



En 1867 el filólogo alemán S. A. Naber publicó una nueva edición que se consideró la más autorizada hasta la de Michael P.J. van den Hout de 1954. Bernhard Bischoff publicó además en 1958 fragmentos de una carta dirigida a Lucio Vero contenidas en el códice Parisinus Latinus  de la Biblioteca Nacional de París.  ​ Se calcula que el manuscrito original tenía 680 páginas, de las cuales solo se han recuperado 388 entre Milán y Roma, lo que significa que se han perdido cerca de la mitad de las cartas que contenía.​ Además, y como era corriente en la época, Mai utilizó reactivos químicos para hacer resaltar el texto y poderlo leer, lo que acaba deteriorando o destruyendo las partes afectadas de los manuscritos; en consecuencia, los editores posteriores han tenido que recurrir a conjeturas más o menos razonables, o bien simplemente fiarse de las interpretaciones originales de Mai para fijar el texto de los pasajes hoy destruidos. Como resultado de todo este proceso sobreviven, aunque no todas completas, unas doscientas cartas enviadas o recibidas por Frontón.​

 

Las cartas, que probablemente pasaron al patrimonio de Cratia y Aufidio Victorino, no estaban pensadas para ser publicadas y, aunque algunas tuvieron cierta difusión y fueron leídas por más personas además de sus destinatarios,​ no fueron copiadas hasta el siglo IV, cuando se tiene constancia del primer autor que parece haberlas leído: el retórico latino Nazario.​ El conjunto contiene la correspondencia entre Frontón y Antonino Pío, Marco Aurelio, Lucio Vero, Domicia Lucila, su yerno Aufidio Victorino, además de otros amigos y personajes importantes de la época.​ La mayoría de las cartas están escritas en latín, con excepción de unos pocos ejemplos en que se emplea el griego.

 

En las cartas el carácter de los alumnos de Frontón aparece bajo una luz muy favorable, especialmente en el afecto que ambos parecen conservar por su antiguo maestro. También subsisten cartas a amigos, especialmente cartas de recomendación, y tratados sobre la elocuencia, algunos fragmentos históricos y bagatelas sobre temas como la alabanza al humo y el polvo, la negligencia, y una disertación sobre Arión de Lesbos. Su principal mérito consiste en haber preservado extractos de escritores antiguos que de otra manera se hubieran perdido.


domingo, 5 de abril de 2020

ANTONINO PÍO, EL EMPERADOR BUENO




Unos meses tras la muerte de Adriano, emperador que había sido acogido con gran entusiasmo por el pueblo romano, el cual no decepcionó sus expectativas, Antonino Pío ascendió al trono con amable disposición, amplia experiencia, buena formación. gran inteligencia y sincero deseo de lograr el bienestar de sus súbditos. En lugar de saquear el tesoro en su propio beneficio, Antonino Pío lo vació, sí, pero para apoyar económicamente a los ciudadanos de provincias y ciudades, ejerciendo en todas las provincias una rígida economía. Rechazó con destreza las conspiraciones que se urdieron en su contra haciendo gala después de su clemencia. En lugar de perseguir a los cristianos, los protegió con firmeza a lo largo del Imperio.

 ( Enciclopedia británica)