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jueves, 29 de octubre de 2020

CURIOSIDAD SOBRE EL NACIMIENTO DE JESUCRISTO

Unos cinco siglos después de la época de Herodes, un monje sirio llamado Dionisio Exiguo, después de hacer un cuidadoso estudio de la Biblia y de los testimonios históricos romanos, decidió que el nacimiento de Jesús había tenido lugar en 753 A. U. C. Esto fue aceptado, en general, por el pueblo europeo, por lo que el 753 A. U. C. se convirtió en el año de la Era Cristiana, y la fundación de Roma fue ubicada en el 753 a. C.



Pero Dionisio debe de haber cometido un error, porque es totalmente seguro que Herodes murió en el 749 A. U. C., que es, según el cálculo de Dionisio, el 4 a. C. Si Herodes se hubiese inquietado por las noticias del nacimiento de Jesús, entonces Jesús no puede haber nacido después del 4 a, C., y posiblemente hasta algunos años antes. (Es extraño pensar que Jesús nació cuatro años «antes de Cristo», pero el cálculo de Dionisio está tan firmemente insertado en los libros y documentos históricos que es totalmente imposible e indeseable cambiarlo.)




lunes, 12 de octubre de 2020

PRINCIPALES RELIGIONES EN EL IMPERIO ROMANO

Los misterios griegos llevaban la marca de la razón y la moderación griegas. Pero a medida que la influencia romana penetró cada vez más al este, entró en contacto con religiones orientales aún más emocionales y coloridas, muchas de las cuáles también incluían el motivo de la muerte y renacimiento inspirado por el ciclo estacional de la vegetación. En Asia Menor existía un antiguo culto de Cibeles, la Gran Madre de los Dioses, que en algunos aspectos era similar a la Deméter griega. Sus ritos se difundieron por Grecia en época temprana y, en 204 a. C., cuando los romanos estaban cerca del fin de su larga batalla contra el general cartaginés Aníbal, también ellos empezaron a rendir culto a Cibeles. Una piedra consagrada a ella que había caído del cielo (indudablemente, un meteorito), fue llevada con gran pompa de Asia Menor a Roma. Al principio, los romanos se sentían un tanto confusos en las ceremonias, y ante los extraños sacerdotes que habían sido importados junto con la piedra, pero en la época del Imperio temprano el culto de Cibeles llegó a ser uno de los más importantes en Roma.


Las deidades egipcias también se hicieron populares. En tiempos griegos, el dios y la  diosa egipcios más importantes eran Osiris e Isis. Osiris pasaba por la muerte y la resurrección. Se suponía que sufría una reencarnación física en el toro sagrado Apis. Para los griegos, Osiris Apis se convirtió en «Serapis», y el culto de Serapis e Iris se hizo popular en Grecia alrededor del 200 a. C. Un siglo más tarde, estos ritos empezaron a invadir Roma. Augusto, que era un hombre anticuado, los desaprobaba, pero Calígula les dio la sanción oficial.


Las diosas como Deméter, Cibeles e Isis eran particularmente atractivas para las mujeres y, en verdad, para todos los que valorasen la compasión y el amor. Los dioses masculinos a menudo eran dioses de la cólera y la guerra, de modo que también los soldados podían tener el consuelo de la religión.


De las tierras situadas al este del Imperio Romano, de Partia o de Persia, llegó Mitra, figura divina que representaba el Sol. Siempre era pintado como un joven que apuñalaba un toro, y los ritos de iniciación incluían el sacrificio ritual de un toro. Las mujeres estaban excluidas de estos ritos, por lo que el mitraísmo era una religión esencialmente masculina, y particularmente de soldados. Empezó a hacer sus primeras intrusiones en Roma por la época de Tiberio.




EL CRISTIANISMO.- Quedan por mencionar las religiones que surgieron en Judea. La primera de ellas fue el mismo judaísmo, que se expandió desde Judea hacia el exterior con los judíos que se asentaban en las diversas ciudades del Imperio, particularmente en el Este, aunque también había una colonia bastante considerable en la misma Roma. En verdad, con el tiempo, los judíos que vivían fuera de Judea superaron en número a los que habían permanecido en la tierra tradicional. Y aunque aprendiesen a hablar griego y olvidasen el hebreo, no olvidaron su religión. Su libro sagrado, la Biblia, fue traducida al griego para los judíos que ya no podían leer el original hebreo en fecha tan temprana como el 270 a. C.


Hasta había judíos que recibían una educación griega y podían defender las creencias judaicas en términos comprensibles para los griegos y los romanos de la época. El más destacado de ellos fue Philo Judaeus (Filón el Judío), quien nació en Alejandría por el 20 a. C. y, en su vejez, encabezó la delegación a Roma que iba a defender la causa de los judíos ante Calígula.


En los últimos días de la República y los primeros del Imperio, el judaísmo hizo conversos entre los romanos, incluidos algunos que estaban en elevada posición. Se hubiera difundido más aún si hubiese estado dispuesto a transigir. Otras religiones tenían sus ritos especiales, pero no impedían a sus miembros participar en el culto imperial. El judaísmo, en cambio, quería que sus prosélitos abandonasen hasta las formas más inocuas de sus antiguos cultos. Esto significaba que los romanos que deseaban hacerse judíos debían abandonar la religión del Estado, apartarse de la sociedad y aun correr el riesgo de que se levantase contra ellos la seria acusación de traición. Además, el ritual judío era bastante complicado y difícil para cualquiera que no hubiese nacido y sido educado en él. Partes de ese ritual parecían irracionales y confusas para los educados en la filosofía griega. Por añadidura, todo el que quisiese ser judío tenía que someterse a la penosa operación de la circuncisión. Por último, el judaísmo en sentido estricto estaba centrado en Judea, y el Templo de Jerusalén era el único lugar donde alguien podía realmente acercarse a Dios.


El último golpe que dio fin a toda posibilidad de que los judíos lograsen prosélitos fue la sangrienta revuelta de Judea. Los judíos se convirtieron entonces en peligrosos enemigos de Roma y se hicieron más impopulares que nunca en todo el Imperio. Sin embargo, el judaísmo no era una religión monolítica; había sectas dentro de él, y algunas de ellas eran más afines a los diversos no-judíos («gentiles») del Imperio que otras. Una de esas sectas fue la creada por los discípulos de Jesús. Después de la crucifixión de Jesús, podía haberse pensado que sus seguidores se dispersarían, puesto que su muerte parecía reducir al ridículo sus pretensiones mesiánicas. Pero se difundió la historia de que fue visto nuevamente tres días después de la crucifixión, y que había vuelto de la muerte. No era meramente un Mesías humano, un rey que restauraría la monarquía judía; era un Mesías divino, el Hijo de Dios, cuyo Reino estaba en el Cielo y que retornaría pronto (aunque nadie sabía exactamente cuándo) para juzgar a todos los hombres e instaurar la ciudad de Dios.


Los cristianos (como fueron llamados luego los discípulos de Jesús y sus seguidores), al principio siguieron siendo judíos en sus creencias y rituales, y obtuvieron sus conversos principalmente entre los judíos. Pero muchos judíos siguieron siendo férreamente nacionalistas. No querían un Mesías que había muerto y dejado la nación esclavizada; querían un Mesías que se manifestase gloriosamente liberándolos de Roma. Este fue uno de los factores que llevó a la desastrosa rebelión contra Roma.


En esa rebelión, los cristianos no tomaron parte alguna. Ya tenían su Mesías; Roma no iba a durar eternamente, y era un error anticipar los planes de Dios para la culminación de la historia secular. La no violencia predicada por los cristianos, el deber de ofrecer la otra mejilla, de amar a los propios enemigos y de dar al César lo que era del César, también les impidió tomar parte en la rebelión.


Esta renuncia de los judíos cristianos a unirse a sus compatriotas judíos en la guerra contra Roma hizo impopular el cristianismo entre los judíos que sobrevivieron, y ya no hizo progresos entre ellos. Tampoco los judíos, en general, han aceptado a Jesús como el Mesías hasta el día de hoy, pese a las mayores presiones posibles. Pero si el cristianismo fracasó entre los judíos, no ocurrió lo mismo con otros pueblos. Esto fue el resultado en gran medida de un judío llamado Saulo, quien en su trato con el mundo de los gentiles era conocido por el nombre similar, pero de resonancias más romanas, de Pablo.


Pablo nació en la ciudad de Tarso, en la costa meridional de Asia Menor, al parecer en el seno de una familia acomodada, pues su padre (y por tanto él mismo) era ciudadano romano. Recibió una educación judía estricta en Jerusalén y fue ortodoxo en sus creencias, tan ortodoxo que en su primer encuentro con las enseñanzas de los cristianos quedó horrorizado por su blasfemia y tuvo un papel de primera línea en los movimientos de persecución contra ellos. Se ofreció para viajar a Damasco a fin de dirigir allí el movimiento anticristiano, pero, según el relato de la Biblia, Jesús se le apareció en el camino, y desde ese momento fue un ardiente cristiano.


Pablo empezó a predicar el cristianismo a los gentiles y, al hacerlo, llegó a la creencia de que el intrincado ritual del judaísmo no era esencial para la religión verdadera y que hasta podía llevar a alejarse de ella al concentrar la atención en detalles insignificantes y oscurecer la esencia interior («pues la letra mata, pero el espíritu da vida»). Para ser cristiano, pues, un gentil no necesitaba circuncidarse, ni tenía que observar todo el rigor del ritual judío ni asumir el nacionalismo judío y venerar el Templo de Jerusalén. Casi inmediatamente el cristianismo empezó a difundirse por las ciudades de Asia Menor y Grecia, y más tarde en la misma Italia. La crucifixión y resurrección de Jesús, y los ritos con que se conmemoraban estos sucesos, recordaban las religiones mistéricas. La figura de María, la madre de Jesús, brindaba un suavizante toque femenino. Sus costumbres austeras eran como las de los estoicos. El cristianismo parecía tener algo que agradaba a todo el mundo.


En verdad, el cristianismo tenía una flexibilidad que el judaísmo nunca tuvo. Cuando el cristianismo se difundió entre personas que no sabían nada del judaísmo pero mucho sobre sus propias costumbres paganas, el nuevo credo adaptó a sus propios fines la filosofía griega y las costumbres paganas. El mitraísmo, por ejemplo, que fue el principal competidor del cristianismo durante un par de siglos, celebraba el 25 de diciembre como su principal festividad. El mitraísmo era una forma de culto del sol, y el 25 de diciembre estaba cerca del momento del solsticio de invierno, cuando el sol de mediodía desciende a su punto máximo al Sur y comienza su lento retorno hacia el Norte. Este es, en cierto sentido, el nacimiento del Sol, la garantía de que el invierno terminará algún día y de que la primavera volverá, y con ella una nueva vida. Esta época del año era celebrada también por otras religiones. Los antiguos romanos consagraban ese período a su dios de la agricultura, Saturno, y las celebraciones recibían el nombre de saturnales. Las saturnales eran momentos de buena voluntad entre los hombres (hasta a los esclavos se les permitía participar en la festividad en un temporal rango de igualdad), de festejos y de regalos.


Los cristianos, al hallar irresistibles las emociones de la estación del renacimiento del Sol, las adaptaron a sus creencias, en vez de luchar contra ellas. Dieron a las emociones un nuevo uso. Puesto que la Biblia no dice exactamente cuándo se produjo el nacimiento de Jesús, se lo podía ubicar en el 25 de diciembre tanto como en cualquier otra fecha; esta fecha se convirtió en la Navidad y su celebración subsiste hasta hoy. Y aún hoy la fiesta de Navidad tiene algo de las características de las viejas saturnales.

 

Para los romanos, en general, al menos durante el medio siglo posterior a la muerte de Jesús, los cristianos eran meramente otra secta judía. En verdad, parecían más fastidiosos que otras sectas judías, pues se esforzaban duramente por lograr conversos. Puesto que los cristianos no adoraban a los dioses romanos oficiales, eran considerados ateos. Y puesto que no participaban del culto imperial, eran considerados radicales peligrosos y posibles traidores. De hecho, los romanos juzgaban a los primeros cristianos de manera muy similar a como la mayoría de los norteamericanos de hoy juzgan a los comunistas.


domingo, 26 de julio de 2020

CAIFÁS DICE SOBRE JESUCRISTO



En 29 (782 A. U. C.), quizá, Jesús fue llevado a juicio ante Poncio Pilato, el sexto procurador que gobernó Judea desde la deposición de Arquelao. Había sido nombrado para ese cargo tres años antes. 


Según el relato bíblico, se mostró renuente a condenar a Jesús y sólo lo hizo bajo la presión de las autoridades religiosas judías, quienes pensaban que liberar a Jesús provocaría una rebelión nacionalista, seguida inevitablemente por una represión romana.

 

Se dice en la Biblia que el Sumo Sacerdote Caifás afirmó: «Es conveniente para nosotros que un hombre muera por el pueblo, y que no perezca toda la nación».




jueves, 9 de abril de 2020

ABGARO V DE EDESA, EL REY QUE ESCRIBIÓ A JESUCRISTO



Abgar o Abgaro V de Edesa (árabe: أبجر الخامس أوكاما, transcrito como ʾAḇgar al-kḤəmiš ʾUkkāmā; siríaco: ܐܒܓܪ ܚܡܝܫܝܐ ܐܘܟܡܐ, transcrito como ʾAḇgar Ḥəmišāyā ʾUkkāmā; armenio: Աբգար Ե Եդեսացի, transcrito como Abgar Hingerord Yedesatsi; griego: Ἄβγαρος, transcrito como Abgaros) fue un gobernante del Reino de Osroena, que tuvo su capital en Edesa. Reinó entre los años 4 y el 7 a. C. y, posteriormente, volvió a reinar desde el año 13 hasta hacia el 40 d. C. Era de origen nabateo​ o, según Moisés de Corene, parto de la dinastía arsácida.

 

Según Eusebio de Cesárea, del siglo IV, Abgaro mandó a un mensajero a Jesús para pedirle que le curase de una enfermedad y este le respondió que le sanaría posteriormente. Según esa historia, tras la Ascensión, el apóstol Tomás mandó al discípulo Tadeo de Edesa, que lo sanó y lo convirtió al cristianismo. Según el texto titulado Doctrina de Addai, del siglo V, el mensajero se llamaba Hannán y este le entregó al rey un retrato de Jesús, conocido como el Mandylion.

 

Abgaro V llegó al poder en el año 4 a.C. . La familia real de Osroena era de origen nabateo (árabe)​ y él fue llamado "rey de los árabes" por Tácito.​ Se convirtió en vasallo de Roma. Perdió el trono en el año 7 d.C. y lo recuperó cinco años después.

 

El historiador armenio Moisés de Corene (ca. 410–490s d.C.) dijo que la esposa principal de Abgaro V había sido Helena de Adiabene, que anteriormente había sido esposa de Monobaz I de Adiabene, y que los reinos de Adiabene y de Edesa estaban vinculados de algún modo.

 

La primera esposa de Abgaro, que se llamaba Helena fue a Jerusalén en tiempos de Claudio, durante la hambruna que Agabus había predicho; con todos sus tesoros ella compró en Egipto una gran cantidad de grano, que distribuyó entre los pobres, un hecho que Josefo testifica. La tumba de Helena, una verdaderamente notable, todavía se ve frente a la puerta de Jerusalén.​

 

Flavio Josefo dice que Helena fue esposa y hermana de Monobaz I. ​ Posteriormente, se habría casado en segundas nupcias con Abgaro V.

 

No obstante, el historiador Robert Eisenman sugirió que Helena fue hermana y esposa de Abgaro V y que este le entregó tierras en Adiabene.​ El profesor Eisenman dice que el rey Abgaro V es también la persona llamada Ágabo que aparece en los Hechos de los Apóstoles 11:27-30, donde se menciona la hambruna donde estuvo Helena. Eisenman también dice que la Antioquía de Orontes bíblica es Antioquía de Edesa y que san Pablo y Bernabé fueron a Edesa.​

 

Eusebio de Cesárea, en su obra Historia de la Iglesia, realizada en el siglo IV, informó de que en los archivos de Edesa había una copia de una carta de Abgar a Jesús y otra con la respuesta.​ Según esta historia, fue convertido al cristianismo por Tadeo de Edesa, uno de los setenta discípulos nombrados por Jesús. ​

 

Según el texto fechado en el siglo V y titulado Doctrina de Addai, siendo Addai el equivalente sirio de Tadeo, el rey Abgaro envió como mensajero a su archivero y pintor Hannán (o Ananías).​ Según la Doctrina de Addai Jesús no escribió ninguna carta, sino que Hannán se encargó de trasmitir la respuesta, probablemente por escrito, al rey en el año 32.​

 

La carta del rey Abgaro V dice:

Abgaro Ukkâmâ, príncipe de Edesa, a Jesús el Salvador bueno que ha aparecido en Jerusalén. Salud.
He tenido noticia de actividades tuyas y de las curaciones que realizas sin medicinas ni hierbas. Pues, según cuentan, devuelves la vista a los ciegos, haces andar a los cojos, limpias a los leprosos, expulsas a los espíritus inmundos y a los demonios, sanas a los atormentados por largas enfermedades y resucitas a los muertos.
Después de escuchar todas estas noticias acerca de ti, se me ha ocurrido que es por una de estas dos cosas: o porque tú eres Dios, que has bajado del Cielo y realizas estas cosas, o eres Hijo de Dios y por eso las haces. Por esa razón, pues, te he escrito rogándote que te tomes la molestia de venir hasta mí para curarme de la enfermedad que me aflije.
Pues yo también he oído decir que los judíos murmuran contra ti y pretenden hacerte mal. Yo tengo una ciudad muy pequeña, pero digna, que es suficiente para los dos.

 

La carta de Jesús dice:

Abgaro, eres dichoso por haber creído en mí sin haberme visto. Pues de mí está escrito que los que me hayan visto no creerán en mi, para que aquellos que no me hayan visto crean y vivan.
Y sobre lo que me has escrito pidiéndome que vaya hasta ti, es preciso que cumpla aquí todas aquellas cosas por las que fui enviado. Entonces subiré de nuevo al lado del que me envió.
Pero cuando sea elevado al Cielo, te enviaré a uno de mis discípulos para que cure tu enfermedad y os otorgue la vida a ti y a los tuyos.

 

Eusebio de Cesarea dice que, tras la ascensión, el apóstol Tomás envió a Tadeo a Edesa para curar al rey Abgaro. En la ciudad, habitó en casa de Tobías, hijo de Tobías, y realizó varias sanaciones. Cuando el rey escuchó hablar de Tadeo supo que se trataba de la persona que le había enviado Jesús. Abgaro se encontró con Tobías y le dijo que le enviase a su casa a aquel discípulo, a lo que Tadeo respondió había venido realizando sanaciones por él y acudió a encontrarse con el monarca. Tras encontrarse con el rey, le dio un discurso sobre la fe cristiana y, posteriormente, le sanó de su enfermedad. Tras esto, Tadeo sanó a otros ciudadanos.​

 

Egeria, del siglo IV, habló de esta carta en sus escritos sobre su peregrinación a Edesa. Ella leyó la carta durante su estancia y dijo que las copias que había en la ciudad eran más completas que las que había en su lugar de procedencia.

 

El académico Bart D. Ehrman, sin embargo, menciona evidencias de Han Drijvers y otros autores según las cuales toda esta correspondencia habría sido realizada en el siglo III por los cristianos ortodoxos "para una polémica antimaniquea", y argumenta que es totalmente falsa.

 

Además de la importancia que ha tenido como texto apócrifo, la correspondencia del rey Abgar se ha utilizado en algunas liturgias en ocasiones. Esta correspondencia se conmemora en la liturgia siríacas durante la Cuaresma. La liturgia celta parece haberle dado cierta importancia; el Liber Hymnorum, un manuscrito conservado en el Trinity College de Dublín (E. 4, 2), tiene dos peticiones con líneas de la carta a Abgar. Incluso es posible que esta carta, seguida de varias oraciones, haya sido parte de alguna liturgia menor en algunas iglesias católicas.​

 

En la Doctrina de Addai, fechada en el siglo V, se dice que Hannán (o Ananías), pintor y archivero del rey, hizo de mensajero y trajo de regreso a Edesa un retrato de Jesús, a quien había encontrado en la casa de Gamaliel. Este retrato se conservó en el palacio real.

 

La tradición cristiana también ha dicho que esta era una imagen realizada milagrosamente (aquiropoetas, "αχειροποίητα") y se ha vinculado con el Paño de la Verónica, que se habría hecho cuando una mujer le limpió el rostro a Jesús cuando iba camino del Calvario.​

 

También se ha argumentado que la imagen que llegó a Edesa desde Jerusalén era la Sábana Santa, que se encontraba doblada en cuatro, por lo que era conocida como tetradiplon.

 

El 15 de agosto del 944 la iglesia de Santa María de las Blanquernas de Constantinopla recibió las cartas y el Mandylion. Estas reliquias fueron llevadas posteriormente a la iglesia de la Virgen del Faro de la ciudad.​

 

El 24 de agosto de 2009 el Banco Central de Armenia introdujo un nuevo billete con un valor de 100.000 drames armenios. El billete tiene un retrato del rey Abgaro V y le describe como rey de la Mesopotamia Armenia. Aparece con un estandarte real con una imagen de Jesús, conocido como Mandylion. El reverso del billete presenta al discípulo cristiano Tadeo de Edesa entregando la imagen de Jesús al rey Abgar V.


lunes, 30 de marzo de 2020