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domingo, 26 de julio de 2020

LOS JUEGOS DEL EDIL CURUL CAYO JULIO CÉSAR



Los ludi megalenses eran los primeros juegos del año y los más solemnes desde el punto de vista religioso, quizás porque anunciaban la llegada de la primavera -en aquellos años en que el calendario coincidía con las estaciones- y tenían su origen en la segunda guerra que Roma había librado contra Cartago, cuando Aníbal recorrió Italia de arriba abajo. Fue entonces cuando el culto de Magna Mater, la gran Madre Tierra asiática, se introdujo en Roma, y se erigió en el Palatino un templo orientado directamente hacia el Vallis Murcia, en el cual se extendía el Circo Máximo. En muchos aspectos era un culto inapropiado para la conservadora Roma; los romanos aborrecían a los eunucos, los ritos flagelatorios, y todo lo que se consideraba un barbarismo religioso. No obstante, el hecho se había llevado a cabo en el momento en que Claudia, la virgen vestal, tiró milagrosamente de la barcaza que transportaba la piedra del ombligo de Magna Mater y consiguió llevarla río Tíber arriba, y ahora Roma tenía que sufrir las consecuencias y contemplar cómo unos sacerdotes castrados que sangraban por las heridas que ellos mismos se habían infligido recorrían, el cuarto día de abril, todo aquel camino sin dejar de gritar y de pregonar su paso por las calles al son de trompetas, mientras remolcaban la efigie de la Gran Madre y suplicaban limosnas a todos aquellos que acudían a mirar aquella presentación de los juegos.



Los juegos propiamente dichos eran más típicamente romanos, y duraban seis días, desde el cuarto hasta el décimo día de abril. El primer día se hacía la procesión, luego se celebraba una ceremonia en el templo de Magna Mater y, finalmente, algunos actos en el Circo Máximo. Los cuatro días siguientes se dedicaban a representaciones teatrales en distintas construcciones provisionales de madera que se instalaban con ese fin, mientras que el último día tenía lugar la procesión de los dioses desde el Capitolio hasta el circo, y muchas horas de carreras de carros en el circo.



Como edil curul senior, era César quien oficiaba en los actos del primer día y quien le ofrecía a la Gran Madre un sacrificio extrañamente incruento, considerando que Kubaba Cibeles era una señora sedienta de sangre; la ofrenda era un plato de hierbas.



Algunos los llamaban los juegos patricios, porque la primera noche las familias patricias se agasajaban unas a otras y en sus listas de invitados figuraban patricios exclusivamente. Siempre se consideraba un buen augurio para el patriciado que el edil curul que hacía el sacrificio fuera patricio, como lo era César. Bíbulo, desde luego, era plebeyo, y el día de la inauguración se sintió completamente ignorado; César había llenado de patricios los asientos especiales en las enormes y anchas gradas del templo, haciendo honor en particular a los Claudios Pulcher, tan íntimamente conectados con la presencia de Magna Mater en Roma.



Aunque aquel primer día los ediles celebrantes y la comitiva oficial no descendían al Circo Máximo, sino que más bien miraban desde los escalones del templo de Magna Mater, César había preferido poner un espectáculo brillante en el circo en lugar de tratar de entretener a la multitud que había seguido la sangrienta procesión de la diosa con la acostumbrada ración de peleas de boxeo y carreras pedestres. El tiempo de que se disponía no hacía imposibles las carreras de carros. César había instalado un sistema de conducción del agua desde el Tíber y había canalizado el agua, que atravesaba el Forum Boarium y creaba así un río dentro del circo, con la spina haciendo el papel de isla del Tíber y separando esta astuta corriente de agua. Mientras la extensa multitud lanzaba exclamaciones de admiración, César representó la proeza de fuerza de la vestal Claudia. Ésta llevó a rastras la barcaza desde el extremo del Forum Boarium, donde el último día instalarían las puertas de salida para las carreras de carros, dio una vuelta completa a la spina y luego la dejó descansando en el extremo de la puerta de Capena del estadio. La barcaza relucía engalanada con adornos dorados y tenía velas ondeantes bordadas de color púrpura; todos los sacerdotes eunucos iban reunidos en la cubierta alrededor de una bola negra y lustrosa que representaba la piedra ombligo, mientras en lo alto de la popa se alzaba la estatua de Magna Mater en una carroza tirada por un par de leones de apariencia absolutamente realista. César no utilizó un forzudo vestido de vestal para representar a Claudia, sino que usó una esbelta y hermosa mujer del tipo de Claudia, y disimuló la presencia de los hombres que tiraban de la barcaza sumergiéndolos en el agua hasta la cintura, con los hombros agachados y metidos bajo un falso casco de nave dorado que los ocultaba a la vista.



La multitud se fue a sus casas extasiada después de aquel espectáculo de tres horas. César se quedó allí, rodeado de patricios encantados, y aceptó los obsequiosos cumplidos que le dedicaron tanto por el buen gusto que había demostrado como por su imaginación. Bíbulo captó la indirecta y se marchó, muy ofendido porque nadie le había hecho caso.



Nada menos que diez teatros de madera habían sido levantados desde el Campo de Marte hasta la puerta de Capena, el mayor de los cuales tenía capacidad para diez mil personas y el más pequeño para quinientas. Y en lugar de contentarse con que parecieran lo que realmente eran, provisionales, César había insistido en que se pintaran, se decoraran y se dorasen. Farsas y mimos se pusieron en escena en los teatros mayores, Terencio, Plauto y Ennio en los medianos, y Sófocles y Esquilo en el auditorio más pequeño, que tenía un aspecto muy griego; se tuvieron en cuenta todos y cada uno de los gustos teatrales. Desde primera hora de la mañana hasta casi el crepúsculo, los diez teatros dieron representaciones durante los cuatro días, todo un festín. Y fue literalmente un festín, pues César sirvió refrigerios gratis en los entreactos.



El último día la procesión se reunió en el Capitolio y dirigió sus pasos a través del Foro Romano y la vía Triunfal hasta el Circo Máximo; desfilaron estatuas doradas de algunos dioses, como Marte y Apolo... y Cástor y Pólux. Como fue César quien había pagado para que las dorasen, a nadie le extrañó que Pólux fuera de un tamaño mucho menor que su gemelo Cástor. ¡Qué risa!.



Aunque se suponía que los juegos eran financiados con dinero público y lo que todos los espectadores preferían eran las carreras de carros, el hecho era que nunca había dinero del Estado para los entretenimientos propiamente dichos. Ello no había detenido a César, quien organizó más carreras de carros el último día de los ludi megalenses de lo que Roma había visto nunca. Era su deber como edil curul senior dar la salida a las carreras, en cada una de las cuales intervenían cuatro carros: uno rojo, otro azul, otro verde y otro blanco. La primera era de cuadrigas, carros tirados por cuatro caballos, pero otras carreras eran de carros tirados por dos caballos, o de dos o tres caballos dispuestos uno detrás de otro; César organizó incluso carreras de caballos desuncidos, que fueron montados sin ensillar por postillones.



La longitud de cada carrera era de cinco millas, distancia que se conseguía dando siete vueltas alrededor de la división central de la spina, un promontorio estrecho y alto adornado con muchas estatuas que exhibía siete delfines en uno de los extremos, y en el otro siete huevos dorados colocados en lo alto de grandes cálices; a medida que acababa cada una de las vueltas se tiraba del morro de un delfín y la cola se alzaba, y se quitaba un huevo dorado de un cáliz. Si las doce horas del día y las doce horas de la noche eran de igual longitud, entonces cada carrera tardaba en su recorrido un cuarto de hora, lo que significaba que el ritmo era veloz y furioso, un galope enloquecido. Cuando se producían vuelcos solían ocurrir al dar la vuelta a las metae, donde cada conductor, con las riendas enrolladas con muchas vueltas a la cintura y una daga metida entre las mismas para poder liberarse si chocaba, luchaba con destreza y valor por mantenerse en el lado interior, de manera que así el recorrido fuera más corto.



La multitud quedó encantada aquel día, pues en lugar de largos descansos después de cada carrera, César las hizo sucederse una detrás de otra sin apenas interrupción; los corredores de apuestas se apresuraban entre los excitados espectadores para recoger las apuestas en un continuo frenesí, pues no daban abasto. Ni un solo sitio en las gradas estaba vacío, y las mujeres se sentaban en las rodillas de sus maridos para ganar espacio. No se permitía la entrada a los niños, a los esclavos ni a los esclavos libertos, pero las mujeres se sentaban con los hombres. En los juegos de César más de doscientos mil romanos libres se apretujaron en el Circo Máximo, mientras que otros cuantos miles más los contemplaron desde puntos estratégicos en lo alto del Palatino y el Aventino.

( Colleen McCullough )



domingo, 12 de abril de 2020

FARSA MEGARIANA



Se llamaba Farsa megariana a una representación escénica que a fines del siglo VII o principios del VI a. C. apareció en Megara, ciudad de Grecia, cuyo desarrollo fue paralelo al de la creciente democracia griega; esta comedia o sátira política estuvo confinada en los pueblos, conservando, por lo tanto, un carácter rústico y no creó una forma duradera ni fue cultivada por ningún gran poeta.

 

Al ser expulsado el tirano Teágenes, probablemente el año 581 a. C., la gran masa de la población que en Grecia y sobre todo en la Megárida, vivía en el campo, debió exteriorizar en sus fiestas rurales, dedicadas a Dioniso, el antiguo odio que dormía en el fondo de su alma, lanzando violentas sátiras y sangrientos epigramas contra sus vencidos enemigos; sátiras y epigramas que dieron origen al género cómico y a la farsa megariana.

 

Nada se sabe de cierto y nada queda de lo que aquellos pobres poetas campesinos compusieron, pero, sin embargo, resulta temerario considerar solo como fábulas lo que la tradición ha conservado de ellas.

 

Según los textos antiguos el más celebre de dichos poetas fue Susarión (570 a. C.), siendo el primero que escribió comedias en verso, claro es que tomando la palabra comedia en el sentido que le estamos dando.


SAN JUAN CRISÓSTOMO DICE SOBRE LOS ACTORES DE TEATRO



De ahí (del teatro) proceden los que son pestilencia de las ciudades; de ahí, por lo menos, las
sediciones y los tumultos. Porque quienes viven de la escena y venden su voz a su vientre; los que tienen por profesión gritar y cometer cualquier extravagancia, ésos son los que mejor encandilan a la chusma y los que producen los tumultos en las ciudades. Y es así que una juventud entregada a la ociosidad y nutrida de tales males se vuelve más salvaje que todas las fieras.








sábado, 7 de marzo de 2020

FARSA FLÍACA



 

La farsa flíaca, farsa fliácica, farsa fliax o farsa phlyax (del griego φλύαξ), también conocida como hilarotragedia, fue una comedia dramática burlesca que se desarrolló en las colonias dóricas de la Magna Grecia en el período helenístico, entre los siglos IVy III a. C.

 

Su nombre puede derivar del griego antiguo φλύακες, phlyakes, o «chismosos», del verbo φλυαρέω, «charlar», en dialecto dórico, que indicaba los actores o mimos que protagonizaban estas representaciones o del verbo phlein, «hincharse», por las prendas abultadas que vestían mediante relleno. Además, solían levar también máscaras grotescas, medias y túnica corta que les daban un aspecto ridículo u obsceno. Probablemente recitaban sobre el escenario y no en la orchestra.​

 

Era un tipo de teatro muy especial, tal vez originado en el mismo sur de Italia, aunque gracias a las influencias de Grecia. De los títulos que han sobrevivido, parece que son una suerte de farsa burlesca mitológica donde se satirizan y mezclan los personajes del panteón griego como Zeus, Dioniso o Heracles con personajes y situaciones cotidianas de la Nueva Comedia ática.​ Influyó en el nacimiento del teatro latino.​

 


Sólo se conocen cinco autores del género por su nombre: Rintón y Sciras de Tarento, Bleso de Capri, Sópater de Pafos y Heráclida. De las propias obras sólo han sobrevivido algunos títulos y fragmentos.

 

Nossis de Locri ofrece la explicación del género más cercana contemporáneamente en su epitafio para Rintón:

"Pasamos por una carcajada y una palabra amable
Para mí: Rintón de Siracusa soy yo,
Pequeño ruiseñor de las Musas; y todavía
Para la trágica farsa arranqué una corona de hiedra."​

 

Evidencias textuales y arqueológicas dan una imagen parcial de estas parodias de la mitología y la vida cotidiana. No ha sobrevivido ningún texto por lo que se ha conjeturado que serían, en gran medida, improvisaciones. Los vasos griegos pintados indican que las representaciones se realizaban en un escenario de madera elevado con una galería superior, y que los actores llevaban máscaras grotescas y vestimenta similares a las de la comedia ática antigua. Acrobacias y escenas absurdas que permitían exagerar los comportamientos para inducir un efecto cómico, fueron otras características esenciales de la farsa flíaca.

 

Las flíacas parecen desaparecer a finales del siglo III a. C., pero los habitantes oscos de Campania posteriormente desarrollaron una tradición de farsas, parodias y sátiras, influenciados por los modelos griegos tardíos, que se hicieron populares en Roma también durante este siglo. Este género se conoce como farsa atelana, siendo Atella una ciudad de Campania. La farsa atelana introdujo una serie de personajes tipo como Maccus y Bucco en la comedia latina; incluso en la antigüedad, se pensaba que eran los antepasados de los personajes que se encuentran en Plauto, ​ y tal vez distantes de las de la comedia del arte. Aunque una visión más antigua mantenía que la comedia ática era la única fuente de la comedia romana, argumentando que Rintón, especialmente, influenció el Anfitrión de Plauto.

 

Un número importante de vasos griegos de Italia del Sur representan escenas de farsas flíacas que han dado lugar a diversas interpretaciones sobre la tipología del Teatro de la Antigua Grecia. Los llamados vasos flíacos o fliax se ha convertido en la principal fuente de información sobre este género. En 1967, 185 de estos vasos habían sido identificados.​ Puesto que las representaciones teatrales y especialmente las comedias son raras de ver en lugares distintos al sur de Italia, se ha pensado que retratarían la tradición teatral netamente local.​ Los vasos aparecieron por primera vez a finales del siglo V a. C., pero la mayoría son del siglo IV a. C. Representan personajes grotescos, máscaras de la comedia y todo lo que recalca una actuación cómica como escaleras, canastas o ventanas abiertas. Alrededor de una cuarta parte de ellos representan una temporal plataforma baja de madera, aunque si se llegó a utilizar en realidad es cuestión de opiniones.

 

Algunos estudiosos consideran que los vasos representa escenas de la comedia ática antigua.​ El vaso Télefo Travestito de Würzburg (crátera de campana, H5697) fue identificado en 1980 como un vaso flíaco,​ pero Csapo​y Taplin​ de manera independiente, han sugerido que lo que representa son Las Tesmoforiantes de Aristófanes.