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domingo, 25 de octubre de 2020

JULIANO EL APÓSTATA DICE SOBRE LA POMPA IMPERIAL ANTE LA PLEBE

 

Fue el emperador Diocleciano quien decidió que deberíamos convertimos en reyes asiáticos —de hecho ya que no de título— para ser exhibidos en raras ocasiones como brillantes efigies de dioses. La razón de Diocleciano era comprensible, quizá ineludible, ya que en el último siglo los emperadores fueron puestos y sacados con toda facilidad según el capricho del ejército. Diocleciano pensó que si éramos apartados, santificados ante los ojos del pueblo y rodeados por un ritual imponente, el ejército tendría menos oportunidades de tratarnos con tan fácil desdén. En cierta medida esta política logró sus objetivos. Sin embargo, todavía cuando cabalgo con gran ceremonia y veo el temor en el rostro del pueblo, un temor no inspirado por mí sino por la teatralidad de la pompa, me siento un perfecto impostor y me entran ganas de sacarme todo el oro de encima y de gritar: «¿Deseáis una estatua o un hombre?» Por supuesto, no lo hago porque me responderían: «¡Una estatua!.






miércoles, 15 de abril de 2020

INSCRIPCIÓN DE UNA COLUMNATA EN EL NORTE DE ÁFRICA



A esta afortunada época de nuestros señores C. Aurelio Valerio Diocleciano Felix, invicto, augusto, y Marco Aurelio Valerio Maximiano Pío Felix, invicto augusto, y M. Flavio Constantino y C. Galerio Valerio Maximiano, muy nobles cesares y cónsules, gracias a cuya virtud y previsión todo se está reformando para bien…




miércoles, 8 de abril de 2020

EL EX EMPERADOR DIOCLECIANO DICE SOBRE LA PLACIDEZ DE SU RETIRO DE LA VIDA PÚBLICA



Si pudieras mostrar la col que yo planté con mis propias manos a tu emperador, él probablemente no se atrevería a sugerir que yo reemplace la paz y felicidad de este lugar con las tormentas de la avaricia nunca satisfecha.
 ( Aurelio Víctor )

lunes, 30 de marzo de 2020

JUSTINA DE PADUA


Santa Justina de Padua (en italiano, Giustina di Padova) es una santa cristiana de la que se dice que fue martirizada en el año 304. Se dice que era una joven que tomó votos privados de castidad y fue asesinada durante las persecuciones de Diocleciano. Es la santa patrona de Padua.
 
La Historia medieval la describe como discípula de San Pedro. Así, San Prosdócimo, el primer obispo de Padua, se dice que fue el padre espiritual de Justina; su historia afirma que él fue enviado desde Antioquía por Pedro.
 
La abadía de Santa Justina, en Padua, está dedicada a la santa. Allí se conserva una pintura de Paolo Veronese titulada Martirio de santa Justina.
 
El complejo fue fundado en el siglo V sobre la tumba de Justina, y en el siglo XV se convirtió en una de los más importantes monasterios de la zona, hasta que fue suprimido por Napoleón en 1810. En 1919 fue reabierto. Se conservan allí las tumbas de varios santos: santa Justina, San Prosdócimo, San Máximo, San Urio, Santa Felicitas, San Juliano, así como reliquias del apóstol San Matías y el evangelista San Lucas.
 
San Carlos Borromeo le dedicó la capilla del Collegio Borromeo (construido en 1561) en Pavía.

domingo, 9 de febrero de 2020

LEOCADIA DE TOLEDO


 
Leocadia de Toledo o Santa Leocadia fue una mujer venerada por la Iglesia como santa, que murió virgen y mártir.
 
Aunque Aurelio Clemente Prudencio (384-410), que dedicó parte de su obra a himnos de los mártires no menciona a Leocadia, ya desde antiguo había una iglesia dedicada a la santa. Leocadia es uno de los santos de culto más antiguos de España, apareciendo citado ya, por ejemplo, en los calendarios mozárabes6 La prisión y muerte de Leocadia fue narrada en un relato del siglo VII.
 
Las primeras fuentes hagiográficas datan, probablemente, del siglo V. Narran que Leocadia pertenecía a una familia noble.
 
Según la tradición fue Publio Daciano, prefecto romano de Hispania y gobernador de la Bética aplicó en Hispania del decreto de Diocleciano que ordenaba la persecución de los cristianos y el responsable directo de su encierro y, en última instancia, muerte por martirio incruento. 
Al llegar a Toledo, el prétor Daciano manda encarcelar a Leocadia por la confesión pública de su fe y rechazo a la apostasía. Leocadia fue encerrada con amarras y en una mazmorra oscura para que reflexionara sobre los tormentos que la esperaban si no rectificaba. Enterada del martirio de Eulalia de Mérida y de otros mártires como, entre otros, Vicente, Sabina y Cristeta de Talavera, con los tremendos tormentos que les fueron aplicados con gran crueldad, Leocadia muere, tal vez también de agotamiento, en prisión.
 
Inicialmente fue enterrada en el cementerio de Toledo, en la zona occidental, junto al Tajo, donde estuvieron hasta el siglo VIII. La persecución de Abderramán I contra los cristianos provocó que muchos mozárabes huyeran de la ciudad y se llevaran las reliquias de Leocadia, junto con las de otros santos toledanos. Las de Leocadia fueron llevadas a Oviedo, donde Alfonso el Casto erigió un templo en su honor. De Oviedo, las reliquias fueron llevadas a Flandes en el s. XII. Por mediación de Felipe II los monjes del cenobio de Saint-Ghislain (diócesis de Cambrai), donde estaban entonces depositadas, acceden a entregarlo al padre jesuita Miguel Hernández y en 1587 llegan a la catedral de Toledo. En la ceremonia de recepción asisten entre otros, el rey Felipe II.
 
Los restos de la santa reposan en el Ochavo de la catedral, en una arqueta de plata, la cual tiene textos sobre su vida. La arqueta fue diseñada por Nicolás de Vergara y confeccionada por el platero Merino. Se saca en procesión en carroza el día 9 de diciembre.
 
Se la representa con una cruz por la que dibujó en prisión en la roca y con la palma del martirio. También ante el pretor, azotada y en prisión. En otras ocasiones se la representa en su aparición a San Ildefonso de Toledo. Por último, se la representa con una torre, por haber muerto en prisión. Tiene el título de confesora.
 
La tradición toledana sostiene que la iglesia de Santa Leocadia en Toledo (España) está edificada sobre el solar de la casa donde nació la santa, a la que pertenecería una pequeña habitación subterránea, donde se afirma que hacía oración.
 
La parroquia aparece citada en documentos desde mediados del siglo XII, con la denominación de Santa Leocadia de dentro de Toledo, para diferenciarla de otra iglesia, con la misma advocación, junto al alcázar, edificada en el lugar donde la santa estuvo en prisión. También se llamó a la basílica extramuros la de fuera, antes de "Santa Leocadia" y actualmente del "Cristo de la Vega", donde fue enterrada.










domingo, 12 de enero de 2020

HISTORIA AUGUSTA



La Historia Augusta es una colección de biografías escrita en latín de los emperadores romanos y usurpadores del trono que abarca el periodo comprendido entre 117 y 284. Se presenta como la unión de las obras de seis autores diferentes, escritas durante los reinados de Diocleciano y Constantino I. No obstante, la verdadera autoría del texto, la fecha en que se escribió y su propósito han sido durante largo tiempo motivo de debate.
 
Los mayores problemas están relacionados con las fuentes utilizadas y con determinar cuánto del contenido de la obra es pura ficción. Obviando estos interrogantes, no exentos de importancia, el escrito ha sido revisado en incontables ocasiones por los historiadores modernos, que se muestran reacios a desechar el único texto que ofrece información acerca de esta época, a pesar de tener la certeza de que contiene información falsa.
 
El título, Historia Augusta, procede de una edición crítica realizada por Isaac Casaubon (1603) a partir de diversas variantes de textos manuscritos. No se conoce la difusión que tuvo esta obra en la Antigüedad tardía, pero se han hallado numerosas y extensas citas a la misma en autores de los siglos VI y IX, y los manuscritos utilizados por Casaubon también pertenecían a los siglos IX y X(la editio princeps fue publicada en Milán en 1475). Los seis autores a los que la tradición atribuye la obra son Flavio Vopisco, Elio Esparciano, Julio Capitolino, Volcacio Galicano, Trebelio Polión y Elio Lampridio, y dedicaron sus biografías a Diocleciano, Constantino y otros emperadores, pero está bastante claro que todas ellas fueron escritas sobre el principio del siglo IV muy posiblemente por un único autor. El contenido abarca una treintena de vitae o biografías de emperadores, tiranos y usurpadores desde Adriano hasta Carino y Numeriano. Una sección trata sobre el reinado de Filipo el Árabe, Decio, Treboniano Galo y Emiliano. Excepto el final del reinado de Valeriano, el resto de la parte referente a este emperador se ha perdido en todos los manuscritos. Se afirma que las biografías de Nerva y Trajano se encontraban al principio de esta obra, aunque también se han perdido. Esta parte podría enlazar la obra como una continuación de la de Suetonio.
 
Asimismo se ha especulado con la posibilidad de que las lagunas sobre el periodo de mediados del siglo III sean un recurso deliberado del autor o autores para ahorrarse el trabajo de escribir sobre emperadores acerca de los que había muy poco material de referencia disponible.
 
A pesar de dedicarse libros enteros a usurpadores efímeros, o en algunos casos inexistentes, no hay biografías independientes de los emperadores Quintilo y Floriano, cuyos reinados se encuentran señalados como breves anotaciones al final de las biografías de sus respectivos predecesores, Claudio Gótico y Tácito. Durante casi trescientos años después de la edición de Casaubon, gran parte de la Historia Augusta se consideraba con bastante escepticismo y fue usada por los historiadores como una fuente auténtica; por ejemplo, en el primer volumen de la Historia sobre la decadencia y caída del Imperio Romano de Edward Gibbon.
 
En 1889, Hermann Dessau, quien se había preocupado de forma creciente por la enorme cantidad de términos anacrónicos, vocabulario del latín vulgar y, especialmente, de la existencia de nombres propios obviamente falsos en la obra, propuso que los seis autores eran todos ellos personajes ficticios y que la obra había sido escrita por un solo autor a finales del siglo IV, probablemente durante el reinado de Teodosio I.
 
Entre las pruebas que apoyaban esta tesis estaba que el relato de la vida de Septimio Severo hacía uso de un pasaje del historiador Aurelio Víctor, de mediados del siglo IV, y que en el relato de la vida de Marco Aurelio se usaba asimismo material escrito por Eutropio. En las décadas siguientes a los trabajos de Dessau, muchos académicos trataron de invalidar estas tesis para preservar al menos a algunos de los seis escritores como autores reales del texto, así como para validar la autenticidad del contenido como fuente. Ya en 1890, Mommsen postuló que el trabajo previamente redactado de estos escritores podría haberse editado durante el reinado de Teodosio, una idea que ha resurgido en muchas ocasiones desde entonces. Otros, como Norman H. Baynes, descartaron la datación de principios del siglo IV, aunque adelantándola tan sólo hasta el reinado de Juliano (lo cual resultaba de utilidad para argüir que la obra había sido creada como propaganda pagana). En las décadas de 1960 y 1970, sin embargo, los argumentos originales de Dessau fueron reafirmados y ampliados por Sir Ronald Syme, quien relacionó tres libros con un solo autor y dató la obra cerca del año 395.
 
Otros estudios recientes también muestran mucha consistencia en el estilo, y muchos estudiosos aceptan ya la teoría de un único autor de identidad desconocida. Sin embargo, el análisis estilístico de la obra asistido por ordenador ofrece resultados ambiguos, ya que algunos elementos del estilo son completamente uniformes a lo largo del texto, mientras que otros varían de forma que sugieren una autoría múltiple. Esto podría explicarse por la compilación de porciones del texto a partir de múltiples fuentes.
 
Una característica única de la Historia Augusta es que pretende proporcionar la biografía no sólo de los emperadores reinantes, sino también de sus herederos designados o emperadores asociados, así como de los usurpadores que reclamaron sin éxito el poder supremo. De ese modo, entre las biografías del siglo II y principios del siglo III están incluidos el heredero de Adriano, Lucio Aelio Vero, y los usurpadores Avidio Casio, Pescenio Níger y Clodio Albino, el hermano de Caracalla, Geta y el hijo de Macrino, Diadumeniano. Ninguna de estas partes contiene mucha información sólida: todas ellas están repletas de relleno retórico y obvias ficciones. La biografía del colega de Marco Aurelio, Lucio Vero, que Mommsen tildó de «secundaria», es rica, sin embargo, en información aparentemente fidedigna y ha sido confirmada por Syme como perteneciente a la serie «primaria».
 
Las biografías «secundarias» permiten al autor ejercitarse en la invención libre, sin tener que ceñirse a los meros hechos, y al tiempo que el trabajo se envuelve en estas invenciones, se hace cada vez más elaborado, culminando en hazañas tan virtuosas como la de los Treinta Tiranos, de los que se cuentan que usurparon el trono durante el reinado de Galieno. Además, tras la biografía de Caracalla, las mismas biografías «primarias» de los propios emperadores empezaron a incorporar características retóricas y ficticias que anteriormente se limitaban a las biografías «secundarias». La biografía de Macrino es claramente poco fidedigna, y tras una vuelta parcial a la fiabilidad en Heliogábalo, la vida de Alejandro Severo, una de las biografías más largas de la obra, se desarrolla dentro de una especie de fabulación ejemplar y retórica sobre el rey filósofo. Claramente, las anteriores fuentes del autor habían desaparecido, pero al tiempo se desarrollaba su inventiva. Aun así, hace uso de algunas fuentes reconocibles (Herodiano hasta el 238 y probablemente Dexipo en los últimos libros, y para todo el periodo imperial, la Enmannsche Kaisergeschichte) pero las biografías son cada vez más meras invenciones con ocasionales trozos de hechos reales incrustados en el texto.