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martes, 21 de abril de 2020

POEMA DEL EMPERADOR ADRIANO EN SU LECHO DE MUERTE


Pequeña alma, blanda, errante
Huésped y amiga del cuerpo
¿Dónde morarás ahora
Pálida, rígida, desnuda
Incapaz de jugar como antes...?

( Historia Augusta)










lunes, 13 de abril de 2020

AB URBE CONDITA




 Ab Urbe condita (AUC) es una expresión latina que significa «desde la fundación de la Ciudad» (de Roma), que se sitúa conforme al cálculo de Marco Terencio Varrón en el tercer año de la sexta olimpiada, 753 a. C., aunque se manejaban también otras fechas, como el primer año de la séptima olimpiada según Catón el Viejo.​ Por lo tanto, el año 1 de la era cristiana equivale al año 754 ab Urbe condita.


Desde el imperio de Claudio ( 41 a 54), este cálculo fue aceptado como el más correcto, dado que lo utilizó este emperador para celebrar, en 48, los ochocientos años desde la fundación de Roma. Un siglo después, también lo emplearon Adriano y Antonino Pío. En 248, por último, el emperador Filipo, el árabe, conmemoró el Milenio de la Urbe, con los Ludi saeculares que indicaban expresamente la fecha, al mismo tiempo su rival, Pacatiano, hacía acuñar monedas con la inscripción: "año mil y uno".


No obstante, esta expresión era utilizada raramente en la Antigua Roma para contar los años, y de hecho existían dataciones rivales respecto del comienzo de la era. Otra manera de computar los años era "desde la expulsión de los reyes" (post reges exactos) es decir, desde la creación de la república en 509 a. C.​ Sin embargo, a efectos prácticos, los romanos nombraban los años según el cónsul epónimo e incluso por el nombre de cualquier otro magistrado.​ Así, para designar el año 216 a. C. solía decirse el año del consulado de Lucio Emilio Paulo y Cayo Terencio Varrón; o para indicar el 44 a. C., el quinto consulado de Julio César. Más tarde se empleó el sistema de contar los años de los emperadores o, en ocasiones, tomar como inicio de la era el comienzo de alguna dinastía (Era Seleúcida) o un evento (Era Hispánica, Era de los Mártires)


En el siglo VI, el monje Dionisio el Exiguo calculó las fechas del ciclo pascual a partir de la fecha de la encarnación de Cristo, fijada por él en el 754 de la fundación de Roma, pero el nuevo sistema de cómputo no se generalizó hasta el reinado de Carlomagno, cuando fue introducido por Alcuino según la práctica anglosajona. Incluso siglos después, se mantuvieron en uso las eras antiguas.


El uso de la era ab urbe condita se hizo común a partir del Renacimiento, impulsado por la costumbre de los primeros editores de los clásicos de colocar en los márgenes la datación AUC. Esto ha dado la falsa impresión de que esta era se utilizaba habitualmente en la Antigüedad.


Imagen de una de las primeras
 monedas romanas datadas 
ab Urbe condita

lunes, 6 de abril de 2020

EL CÓNSUL MARCO CORNELIO FRONTÓN



Marco Cornelio Frontón (en latín, Marcus Cornelius Fronto; c. 95-c. 167) fue un senador romano, gramático, retórico y abogado romano de la etapa altoimperial. Aunque también llegó al consulado, se le conoce principalmente por haber sido maestro y amigo personal del emperador Marco Aurelio. La correspondencia que mantuvo con él y con otros personajes próximos a la familia imperial es una de las fuentes principales que se conservan del final del periodo de los Antoninos.

 

Frontón nació entre los años 90 y 110 el seno de una familia de colonos romanos de Cirta (después Constantina),​ en Numidia, por lo que se llamaba a sí mismo el «africano».​ Es probable que pasase algún tiempo en Alejandría, importante centro de estudios en la época,​ antes de que su padre, Tito Cornelio, lo enviara a Roma, seguramente en compañía de su hermano pequeño Quinto Cornelio Quadrato, durante el reinado de Adriano. Su familia debía ser influyente, porque en la década de 120 ambos hermanos eran ya miembros del Senado, y Frontón además primero cuestor de Sicilia y después pretor.​ Quinto Cornelio Cuadrato a su vez llegó a ser nombrado gobernador de Numidia sobre el año 142 y cónsul sufecto (consul suffectus o sustituto) en 147.​ Frontón comenzó a ejercer la abogacía ya antes de la muerte de Adriano, como refleja Dion Casio en un pasaje que se refiere probablemente al año 136.​

 

Pronto creció su prestigio como abogado y orador, hasta ser considerado solo inferior a Cicerón.​ Reunió una gran fortuna, erigió magníficas edificaciones y compró los famosos jardines de Mecenas.

 

Es posible que, ya en esta época, la reputación que había adquirido hiciera que se fijaran en él los tutores de Marco Aurelio,​ pero tras la adopción formal y ser este designado como heredero por Antonino Pío en 138, las primeras cartas de Frontón (que se datan con gran probabilidad en el año 139) ya recogen los consejos y felicitaciones de Frontón por los progresos de Marco en sus estudios.​ 
El método de Frontón consistía en encargar a sus alumnos ejercicios literarios consistentes en comentarios sobre temas variados, normalmente históricos, mezclados con discusiones sobre cuestiones filosóficas o, siguiendo a Cicerón, con ensayos sobre la política y la legislación romana. Instruía también en el empleo de un latín lo más estilizado posible siguiendo unos gustos que, en el caso de Frontón, se remiten a los grandes autores de la época republicana, en una reacción consciente contra el «purismo» de autores como Cicerón o Séneca. Marco compartía las preferencias de Frontón, una tendencia al arcaísmo extendida en el siglo II, y así prefería los poemas de Nevio, Plauto o Ennio a los del mismo Horacio.​

 

Esta relación maestro-discípulo continuó por lo menos con la misma intensidad hasta el año 145, cuando Marco Aurelio contrajo matrimonio con Faustina la Menor.​ Al final de su vida, el emperador dejó constancia en las Meditaciones de la deuda contraída con su maestro:

 

"De Frontón, el haberme puesto a considerar cómo es envidioso, voluble e hipócrita el poder del tirano, y que por lo general los que entre nosotros son llamados «eupátridas» están en cierto sentido carentes de sentimientos".

( Marco Aurelio en  "Meditaciones" )

 

A pesar de que no ambicionaba cargos oficiales, fue nombrado cónsul sufecto durante los meses de julio y agosto de 142,12​13​a​b​ un año antes de que Herodes Ático fuera cónsul epónimo.1​16​ Herodes Ático, también maestro y amigo de Marco Aurelio y de Vero, por entonces sostenía un litigio testamentario con los atenienses, quienes eligieron a Frontón para que los representara ante los tribunales romanos, por lo que Frontón tuvo que atender los insistentes ruegos del entonces césar de no ser excesivamente duro con él.17​ Más tarde, a finales de la década del 150 rechazó el proconsulado de Asia por problemas de salud.​

 

La esposa de Frontón, Cratia,​ era probablemente de origen griego,​ y con ella tuvo cinco hijas de las que solo sobrevivió la primera, también llamada Cratia, que nació hacia el año 142 y vivió hasta cerca de los sesenta años. Cratia, al igual que Frontón, mantenía íntima amistad con la madre de Marco Aurelio, Domicia Lucila, además de una afinidad intelectual que les llevaba a intercambiarse alusiones a autores clásicos como Homero, Eurípides o Hesíodo. En sus cartas, como la que le envío en 142 con motivo de su aniversario, Frontón se dirigía a Domicia en griego. ​ Cratia murió en 165 o 166 poco antes de cumplir cincuenta años. Cratia minor se casó con Cayo Aufidio Victorino, también compañero de Marco Aurelio como discípulo de Frontón y cónsul sufecto el año 155. Nada más llegar al poder el emperador confió a Aufidio la vigilancia de la frontera de Recia y el gobierno de Germania Superior, cargo que conservó hasta el año 165 o 166 en que asumió el cargo en la provincia de África. Bajo Cómodo ocupó el consulado en 183 y el cargo de prefecto de Roma, pero se suicidó poco después debido a la persecución a que lo sometieron los partidarios del nuevo emperador.​ De los hijos de Cratia y Aufidio solo dos llegaron a la edad adulta: Marco Aufidio Frontón, nacido c. 160 y cónsul en 199, y Cayo Aufidio Victorino, un año menor que su hermano y cónsul en 200. ​ Frontón deja de Aufidio un retrato muy favorable y se conserva su reflexión por la pena que sobrellevó ante el fallecimiento de uno de sus hijos pequeños, «Decimanus» alrededor del año 165, cuando debía tener unos tres años. ​

 

A finales del año 166 se tiene noticia de Frontón recibiendo afectuosamente en Roma a Lucio Vero, que regresaba de su campaña en Media por la que durante un tiempo tanto él como Marco Aurelio recibieron el cognomen de «Médico».​ Se desconoce la fecha exacta de su muerte aunque, enfermo y amargado por la muerte de su esposa y cuatro de sus hijas, debió fallecer no mucho después del año 167.​

 

Sus talentos como orador y retórico fueron muy admirados por sus contemporáneos, algunos de los cuales formaron una escuela llamada en su honor Frontoniani, cuyo propósito era restaurar la antigua pureza y simplicidad de la lengua latina en lugar de las exageraciones de la escuela sofista griega, o de las artificialidades de los autores del siglo I, como Séneca.

 

Los autores de la era Julio-Claudia (s. I d. C. ) fueron muy menospreciados, mientras que a Catón el Viejo, Ennio, Lucrecio Plauto, Laberio o Salustio se les tuvo como modelos a ser imitados.​

 

A Frontón, citado por Aulo Gelio en sus Noches Áticas, se debe el primer ejemplo conservado de la utilización del término «clásico» para referirse a los mejores autores del pasado (Aulo Gelio, Noches Áticas).​

 

Hasta 1815, los únicos trabajos existentes atribuidos erróneamente a Frontón eran dos tratados gramaticales, De nominum verborumque differentiis y Exempla elocutionum (este último perteneciente a Arusiano Mesio).

 

Fragmento del códice Vaticanus Latinus, encontrado por Angelo Mai en 1819, que contiene, entre otros textos, algunas de las cartas de Frontón. Las cartas de Frontón fueron compiladas ya en la Antigüedad por lo menos en un manuscrito sobre pergamino que data de finales del siglo v. Posteriormente, alrededor del año 700, el códice fue reutilizado para la copia de las actas del primer Concilio de Calcedonia de 451 y se conservó durante varios siglos en la abadía de San Columbano de Bobbio. Por razones que se desconocen, el palimpsesto fue desmembrado alrededor del año 1600 sin que se tuviera conocimiento de su contenido hasta que, en 1815, el futuro cardenal Angelo Mai descubrió en la biblioteca Ambrosiana de Milán las primeras 282 páginas (Ambrosianus E 147).e​ Mai descifró el texto subyacente de las cartas de Frontón y publicó inmediatamente una primera edición un tanto apresurada, que completó en 1823 después de localizar en 1819 otras 106 páginas en la Biblioteca Vaticana (Vaticanus Latinus ). 



En 1867 el filólogo alemán S. A. Naber publicó una nueva edición que se consideró la más autorizada hasta la de Michael P.J. van den Hout de 1954. Bernhard Bischoff publicó además en 1958 fragmentos de una carta dirigida a Lucio Vero contenidas en el códice Parisinus Latinus  de la Biblioteca Nacional de París.  ​ Se calcula que el manuscrito original tenía 680 páginas, de las cuales solo se han recuperado 388 entre Milán y Roma, lo que significa que se han perdido cerca de la mitad de las cartas que contenía.​ Además, y como era corriente en la época, Mai utilizó reactivos químicos para hacer resaltar el texto y poderlo leer, lo que acaba deteriorando o destruyendo las partes afectadas de los manuscritos; en consecuencia, los editores posteriores han tenido que recurrir a conjeturas más o menos razonables, o bien simplemente fiarse de las interpretaciones originales de Mai para fijar el texto de los pasajes hoy destruidos. Como resultado de todo este proceso sobreviven, aunque no todas completas, unas doscientas cartas enviadas o recibidas por Frontón.​

 

Las cartas, que probablemente pasaron al patrimonio de Cratia y Aufidio Victorino, no estaban pensadas para ser publicadas y, aunque algunas tuvieron cierta difusión y fueron leídas por más personas además de sus destinatarios,​ no fueron copiadas hasta el siglo IV, cuando se tiene constancia del primer autor que parece haberlas leído: el retórico latino Nazario.​ El conjunto contiene la correspondencia entre Frontón y Antonino Pío, Marco Aurelio, Lucio Vero, Domicia Lucila, su yerno Aufidio Victorino, además de otros amigos y personajes importantes de la época.​ La mayoría de las cartas están escritas en latín, con excepción de unos pocos ejemplos en que se emplea el griego.

 

En las cartas el carácter de los alumnos de Frontón aparece bajo una luz muy favorable, especialmente en el afecto que ambos parecen conservar por su antiguo maestro. También subsisten cartas a amigos, especialmente cartas de recomendación, y tratados sobre la elocuencia, algunos fragmentos históricos y bagatelas sobre temas como la alabanza al humo y el polvo, la negligencia, y una disertación sobre Arión de Lesbos. Su principal mérito consiste en haber preservado extractos de escritores antiguos que de otra manera se hubieran perdido.


domingo, 5 de abril de 2020

ANTONINO PÍO, EL EMPERADOR BUENO




Unos meses tras la muerte de Adriano, emperador que había sido acogido con gran entusiasmo por el pueblo romano, el cual no decepcionó sus expectativas, Antonino Pío ascendió al trono con amable disposición, amplia experiencia, buena formación. gran inteligencia y sincero deseo de lograr el bienestar de sus súbditos. En lugar de saquear el tesoro en su propio beneficio, Antonino Pío lo vació, sí, pero para apoyar económicamente a los ciudadanos de provincias y ciudades, ejerciendo en todas las provincias una rígida economía. Rechazó con destreza las conspiraciones que se urdieron en su contra haciendo gala después de su clemencia. En lugar de perseguir a los cristianos, los protegió con firmeza a lo largo del Imperio.

 ( Enciclopedia británica)




sábado, 28 de marzo de 2020

ARENGA DE ADRIANO A SUS TROPAS DE ÁFRICA


Habéis hecho todo con el debido orden; habéis recorrido todo el terreno en vuestras maniobras: habéis ejecutado el lanzamiento de las lanzas gallardamente, aun cuando el arma corta que habéis utilizado es difícil. Los más de vosotros habéis sido igualmente diestros con las lanzas largas. Los saltos han sido hoy rápidos, y ayer fueron veloces. Si en algo hubieseis estado deficientes, os habría llamado la atención; si en algo os hubieseis destacado especialmente, os lo habría advertido; pero, en realidad, lo que me ha agradado ha sido el nivel uniforme de la ejecución. Es indudable que mi legado Catulino no ha escatimado esfuerzos para cumplir con su deber, no habiendo omitido nada. Vuestro jefe también parece atenderos a conciencia… Los saltos tendrán lugar en el campo de ejercicios de la cohorte de Comagene. Gracias a la sobresaliente dirección de Catulino habéis llegado a ser lo que sois hoy día.






domingo, 22 de marzo de 2020

DOMICIA LUCILA, MADRE DE MARCO AURELIO


 

Domicia Lucila (en latín, Domitia Lucilla;a c. 105-c. 155/161) fue una noble romana que vivió durante el siglo II, madre del emperador Marco Aurelio.
 
Domicia, nacida entre los años 103 y 107,12 era hija de Publio Calvisio Tulo Rusón, cónsul en el año 109 y por segunda vez en fecha desconocida, y de Domicia Lucila la Mayor, cuya ascendencia paterna se remontaba a Domicio Afer, un famoso orador que llegó a Roma durante el reinado de Tiberio procedente de Nemauso (Nimes), en la Galia Narbonense, y terminó reuniendo una gran fortuna. Domicio adoptó a dos hijos de un ciudadano al que había llevado a la ruina, Sexto Curvio, que recibieron los nombres de Domicio Lucano y Domicio Tulo, padre y tío respectivamente de Domicia la Mayor. Lucano y Tulo fueron elevados al patriciado, junto con otros muchos notables procedentes de provincias, como los Trajanos y los Annio Vero, en tiempos de Vespasiano y Tito . Por parte materna, el abuelo de Domicia la Mayor era Tito Curtilio Mancia, cónsul sufecto en el año 55.
 
Desde el gran incendio de Roma del año 64 comenzó con Nerón una gran reconstrucción de la ciudad que tuvo continuidad durante el siguiente medio siglo con los sucesivos emperadores. Así, Vespasiano y Tito erigieron el Foro de la Paz, nuevas termas y, sobre todo, el Coliseo; Domiciano amplió las residencias imperiales del Palatino y tanto Trajano como Adriano no dejaron de patrocinar grandes proyectos constructivos. Algunos de los grandes beneficiarios de este proceso fueron los propietarios de fábricas de ladrillos y otros materiales de obra, entre los que se encontraban los Domicio, que amasaron enormes fortunas en este periodo. La riqueza iba acompañada de honores y Tulo consiguió entrar a formar parte del colegio sacerdotal senatorial de los Septemviri Epulones, en el que también ingresó a finales del siglo i el mismo emperador Adriano.
 
Domicia la Mayor era hija de Lucano, pero fue adoptada por Tulo como condición para que este recibiera la fortuna de su hermano, y debía además nombrarla heredera, por lo que a la muerte de Tulo, a finales del año 108 o principios de 109, Domicia se había convertido en una mujer inmensamente rica, que ya contaba además con el patrimonio recibido de su abuelo Curtilio Mancia. Corrían rumores en Roma sobre tan importante testamento y hasta el mismo Plinio escribió a un amigo: «no se habla de otra cosa en la ciudad». También era beneficiario, junto a Trajano y en un codicilo final, P. Calvisio Rusón, marido en segundas nupcias de Domicia, con quien se casó probablemente entre los años 103 y 105,102 y que también adoptó el nombre de su tío, quien lo trata de amicus rarissimus en el testamento, por lo que ya con motivo de su consulado de 109 aparece en los Fasti Ostienses como «P. Calvisius Tullus».
 
Debido entre otras cosas al estado de conservación del testamento, la interpretación de los nombres que en el aparecen, además de la identidad misma del testador, ha sido objeto de múltiples especulaciones.  Así se ha sugerido que el primer marido de Domicia la Mayor podría haber sido Publio Elio Adriano Afer, el padre del emperador Adriano, e incluso que Domicia Longina, la esposa de Domiciano, habría estado también casada con Domicio Tulo.
 
Sin embargo, hasta la muerte de Adriano al frente de la familia estuvo Lucio Catilio Severo,​​ procedente de Apamea, en Bitinia, casado al parecer con Dasumia Pola, la viuda de Domicio Tulo, y colega de este y del emperador como Septimio Severo fue cónsul primero bajo Trajano y una segunda vez en 120 en compañía de Antonio Pío, gobernador de Asia y de Siria, y prefecto de Roma, cargo que ostentaba todavía en el año 138. Severo se hizo cargo de la educación de Marco Aurelio, lo que recuerda este en el primer libro de las Meditaciones, donde le agradece haberle proporcionado los mejores y más caros maestros, que acudían a su «casa» del Celio a darle clases.  El joven incluso adoptó el nombre de Catilio Severo en adición al suyo propio, Marco Annio Vero.
 
Domicia Lucila contrajo matrimonio alrededor del año 118 con Marco Annio Vero, pretor que procedía de una rica familia senatorial de origen hispano. Su abuelo, un «hombre nuevo» llamado Annio Vero, procedía de Ucubi, en la provincia hispana de la Bética, y también consiguió la pretura una vez accedió al rango senatorial. El hijo de este, también llamado Marco Annio Vero, fue cónsul en tres ocasiones, una en tiempos de Domiciano (sufecto en 97)25 y dos bajo Adriano (en 121 y 126), emperador que lo tuvo como uno de sus más importantes defensores en el Senado durante el complicado comienzo de su reinado, cuando ocupó también, durante siete años y hasta 124, el cargo de prefecto de Roma.
 
M. Annio Vero se casó con Rupilia Faustina, matrimonio del que nacieron, además del esposo de Lucila otros dos hermanos: Marco Annio Libón y Faustina la Mayor, posteriormente emperatriz romana por su enlace con Antonino Pío. Poseía también una residencia en el monte Celio, cerca de la de los Laterani, donde vivió Marco Aurelio durante un tiempo después de la muerte de su padre. Vero era sobrino de la emperatriz romana Vibia Sabina, y su abuela materna era Matidia la Mayor, la sobrina del emperador Trajano.
 
 Del matrimonio de Domicia con Annio Vero nacieron dos hijos: el futuro emperador Marco Aurelio, el 26 de abril de 121, y una hija, Annia Cornificia Faustina (122/123-152). Su marido murió en el año 124, dejándola viuda y con dos hijos, a los que crio ella sola junto a su suegro. El futuro emperador romano Didio Juliano se crio en su casa y pudo comenzar la carrera de abogacía gracias a su apoyo y respaldo económico.
 
Es muy probable que hubiera pertenecido a Domicio Tulo la residencia de los jardines del monte Celio, donde nació y pasó sus primeros años el futuro emperador Marco Aurelio. Marco siempre consideró esos jardines como su hogar y sintió gran pena cuando tuvo que abandonarlos el año 138, al ser adoptado por Antonino Pío y verse obligado a trasladarse a la residencia de Adriano en el Palatino, el antiguo palacio de Tiberio.
 
Domicia, como era relativamente habitual en la clase alta romana de su época, dominaba el griego y es muy posible que la familiaridad que alcanzó Marco Aurelio con ese idioma se debiera en primer lugar a ella. Fue también muy amiga del maestro de su hijo, Marco Cornelio Frontón, y de su esposa Cratia, con quienes se intercambiaba también correspondencia en griego en la que quedaba de manifiesto su familiaridad con autores como Homero, Hesíodo o Eurípides. Se conserva una carta de verano del año 142, mientras la familia imperial se encontraba en las cercanías de Nápoles, en la que Frontón se lamenta por no poder asistir a su cumpleaños debido a que las obligaciones del consulado lo tenían retenido en Roma.
 
El apoyo de Domicia a las pretensiones al trono de su hijo, además de un indicio sobre su pietas, se ven reflejadas en un pasaje de la Historia Augusta que relata el malicioso comentario, dirigido a Antonino Pío, del excónsul Valerio Hómulo después de que viera a Domicia rezando ante una estatua de Apolo: «Esa mujer ora para que llegue tu último día y su hijo reciba el imperio» .
 
En sus Meditaciones, Marco Aurelio la describe como una mujer piadosa, generosa e incapaz no solo de hacer mal a nadie, sino simplemente de concebirlo (Medit., 1.3). Domicia Lucila murió tras una prolongada enfermedad en el año 155 o poco después,cuando tendría unos cuarenta y ocho o cuarenta y nueve años, «aún joven» según Marco Aurelio, que estuvo muy preocupado por su salud,i pero se alegra de haber podido pasar con ella sus últimos años (Medit., 1.17.15).
 
La fortuna de Domicia, incluido el lucrativo negocio de fabricación de ladrillos, fue heredada por Marco Aurelio y Faustina para terminar finalmente en manos de Cómodo, que acaparó todo el patrimonio familiar.