Continuación del blog "APASIONADOS DEL IMPERIO ROMANO", de Xavier Valderas. Se crea porque ya no se pueden subir más etiquetas debido al extenso blog anterior, con más de 10.500 entradas.
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miércoles, 8 de diciembre de 2021
ADRIANO. LA BIOGRAFÍA DE UN EMPERADOR QUE CAMBIÓ EL CURSO DE LA HISTORIA, por ANTHONY BIRLEY
miércoles, 22 de abril de 2020
martes, 21 de abril de 2020
POEMA DEL EMPERADOR ADRIANO EN SU LECHO DE MUERTE
Pequeña alma, blanda,
errante
( Historia Augusta)
lunes, 13 de abril de 2020
AB URBE CONDITA
Ab Urbe condita (AUC) es una expresión latina que significa «desde la fundación de la Ciudad» (de Roma), que se sitúa conforme al cálculo de Marco Terencio Varrón en el tercer año de la sexta olimpiada, 753 a. C., aunque se manejaban también otras fechas, como el primer año de la séptima olimpiada según Catón el Viejo. Por lo tanto, el año 1 de la era cristiana equivale al año 754 ab Urbe condita.
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| Imagen de una de las primeras monedas romanas datadas ab Urbe condita |
lunes, 6 de abril de 2020
EL CÓNSUL MARCO CORNELIO FRONTÓN
Marco Cornelio Frontón (en latín,
Marcus Cornelius Fronto; c. 95-c. 167) fue un senador romano, gramático,
retórico y abogado romano de la etapa altoimperial. Aunque también llegó al
consulado, se le conoce principalmente por haber sido maestro y amigo personal
del emperador Marco Aurelio. La correspondencia que mantuvo con él y con
otros personajes próximos a la familia imperial es una de las fuentes
principales que se conservan del final del periodo de los Antoninos.
Frontón nació entre los años 90 y
110 el seno de una familia de colonos romanos de Cirta (después Constantina),
en Numidia, por lo que se llamaba a sí mismo el «africano». Es probable que
pasase algún tiempo en Alejandría, importante centro de estudios en la época,
antes de que su padre, Tito Cornelio, lo enviara a Roma, seguramente en
compañía de su hermano pequeño Quinto Cornelio Quadrato, durante el
reinado de Adriano. Su familia debía ser influyente, porque en la década
de 120 ambos hermanos eran ya miembros del Senado, y Frontón además primero
cuestor de Sicilia y después pretor. Quinto Cornelio Cuadrato a su vez llegó a
ser nombrado gobernador de Numidia sobre el año 142 y cónsul sufecto (consul
suffectus o sustituto) en 147. Frontón comenzó a ejercer la abogacía ya antes
de la muerte de Adriano, como refleja Dion Casio en un pasaje que se refiere
probablemente al año 136.
Pronto creció su prestigio como
abogado y orador, hasta ser considerado solo inferior a Cicerón. Reunió una
gran fortuna, erigió magníficas edificaciones y compró los famosos jardines de
Mecenas.
Es posible que, ya en esta época,
la reputación que había adquirido hiciera que se fijaran en él los tutores de Marco
Aurelio, pero tras la adopción formal y ser este designado como heredero
por Antonino Pío en 138, las primeras cartas de Frontón (que se datan
con gran probabilidad en el año 139) ya recogen los consejos y felicitaciones
de Frontón por los progresos de Marco en sus estudios.
El método de Frontón
consistía en encargar a sus alumnos ejercicios literarios consistentes en
comentarios sobre temas variados, normalmente históricos, mezclados con
discusiones sobre cuestiones filosóficas o, siguiendo a Cicerón, con ensayos
sobre la política y la legislación romana. Instruía también en el empleo de un
latín lo más estilizado posible siguiendo unos gustos que, en el caso de
Frontón, se remiten a los grandes autores de la época republicana, en una
reacción consciente contra el «purismo» de autores como Cicerón o Séneca.
Marco compartía las preferencias de Frontón, una tendencia al arcaísmo
extendida en el siglo II, y así prefería los poemas de Nevio, Plauto o Ennio
a los del mismo Horacio.
Esta relación maestro-discípulo
continuó por lo menos con la misma intensidad hasta el año 145, cuando Marco
Aurelio contrajo matrimonio con Faustina la Menor. Al final de su
vida, el emperador dejó constancia en las Meditaciones de la deuda contraída
con su maestro:
"De Frontón, el haberme puesto
a considerar cómo es envidioso, voluble e hipócrita el poder del tirano, y que
por lo general los que entre nosotros son llamados «eupátridas» están en cierto
sentido carentes de sentimientos".
( Marco Aurelio en "Meditaciones" )
A pesar de que no ambicionaba
cargos oficiales, fue nombrado cónsul sufecto durante los meses de julio y
agosto de 142,1213ab un año antes de que Herodes Ático fuera cónsul
epónimo.116 Herodes Ático, también maestro y amigo de Marco Aurelio y de
Vero, por entonces sostenía un litigio testamentario con los atenienses,
quienes eligieron a Frontón para que los representara ante los tribunales
romanos, por lo que Frontón tuvo que atender los insistentes ruegos del
entonces césar de no ser excesivamente duro con él.17 Más tarde, a finales de
la década del 150 rechazó el proconsulado de Asia por problemas de salud.
La esposa de Frontón, Cratia,
era probablemente de origen griego, y con ella tuvo cinco hijas de las que
solo sobrevivió la primera, también llamada Cratia, que nació hacia el año 142
y vivió hasta cerca de los sesenta años. Cratia, al igual que Frontón, mantenía
íntima amistad con la madre de Marco Aurelio, Domicia Lucila, además de
una afinidad intelectual que les llevaba a intercambiarse alusiones a autores
clásicos como Homero, Eurípides o Hesíodo. En sus cartas, como la que le
envío en 142 con motivo de su aniversario, Frontón se dirigía a Domicia en
griego. Cratia murió en 165 o 166 poco antes de cumplir cincuenta años. Cratia
minor se casó con Cayo Aufidio Victorino, también compañero de Marco
Aurelio como discípulo de Frontón y cónsul sufecto el año 155. Nada más llegar
al poder el emperador confió a Aufidio la vigilancia de la frontera de Recia y
el gobierno de Germania Superior, cargo que conservó hasta el año 165 o 166 en
que asumió el cargo en la provincia de África. Bajo Cómodo ocupó el
consulado en 183 y el cargo de prefecto de Roma, pero se suicidó poco después
debido a la persecución a que lo sometieron los partidarios del nuevo
emperador. De los hijos de Cratia y Aufidio solo dos llegaron a la edad
adulta: Marco Aufidio Frontón, nacido c. 160 y cónsul en 199, y Cayo
Aufidio Victorino, un año menor que su hermano y cónsul en 200. Frontón
deja de Aufidio un retrato muy favorable y se conserva su reflexión por la pena
que sobrellevó ante el fallecimiento de uno de sus hijos pequeños, «Decimanus»
alrededor del año 165, cuando debía tener unos tres años.
A finales del año 166 se tiene
noticia de Frontón recibiendo afectuosamente en Roma a Lucio Vero, que
regresaba de su campaña en Media por la que durante un tiempo tanto él como
Marco Aurelio recibieron el cognomen de «Médico». Se desconoce la fecha exacta
de su muerte aunque, enfermo y amargado por la muerte de su esposa y cuatro de
sus hijas, debió fallecer no mucho después del año 167.
Sus talentos como orador y retórico
fueron muy admirados por sus contemporáneos, algunos de los cuales formaron una
escuela llamada en su honor Frontoniani, cuyo propósito era restaurar la
antigua pureza y simplicidad de la lengua latina en lugar de las exageraciones
de la escuela sofista griega, o de las artificialidades de los autores del
siglo I, como Séneca.
Los autores de la era Julio-Claudia
(s. I d. C. ) fueron muy menospreciados, mientras que a Catón el Viejo,
Ennio, Lucrecio Plauto, Laberio o Salustio se les tuvo como modelos a ser
imitados.
A Frontón, citado por Aulo Gelio
en sus Noches Áticas, se debe el primer ejemplo conservado de la utilización
del término «clásico» para referirse a los mejores autores del pasado (Aulo Gelio,
Noches Áticas).
Hasta 1815, los únicos trabajos
existentes atribuidos erróneamente a Frontón eran dos tratados gramaticales, De
nominum verborumque differentiis y Exempla elocutionum (este último
perteneciente a Arusiano Mesio).
Fragmento del códice Vaticanus
Latinus, encontrado por Angelo Mai en 1819, que contiene, entre otros textos,
algunas de las cartas de Frontón. Las cartas de Frontón fueron
compiladas ya en la Antigüedad por lo menos en un manuscrito sobre pergamino
que data de finales del siglo v. Posteriormente, alrededor del año 700, el
códice fue reutilizado para la copia de las actas del primer Concilio de
Calcedonia de 451 y se conservó durante varios siglos en la abadía de San
Columbano de Bobbio. Por razones que se desconocen, el palimpsesto fue
desmembrado alrededor del año 1600 sin que se tuviera conocimiento de su
contenido hasta que, en 1815, el futuro cardenal Angelo Mai descubrió en la
biblioteca Ambrosiana de Milán las primeras 282 páginas (Ambrosianus E 147).e
Mai descifró el texto subyacente de las cartas de Frontón y publicó
inmediatamente una primera edición un tanto apresurada, que completó en 1823
después de localizar en 1819 otras 106 páginas en la Biblioteca Vaticana
(Vaticanus Latinus ).
En 1867 el filólogo alemán S. A. Naber publicó una nueva
edición que se consideró la más autorizada hasta la de Michael P.J. van den
Hout de 1954. Bernhard Bischoff publicó además en 1958 fragmentos de una carta
dirigida a Lucio Vero contenidas en el códice Parisinus Latinus de la Biblioteca Nacional de París. Se calcula que el manuscrito original tenía
680 páginas, de las cuales solo se han recuperado 388 entre Milán y Roma, lo
que significa que se han perdido cerca de la mitad de las cartas que contenía.
Además, y como era corriente en la época, Mai utilizó reactivos químicos para
hacer resaltar el texto y poderlo leer, lo que acaba deteriorando o destruyendo
las partes afectadas de los manuscritos; en consecuencia, los editores
posteriores han tenido que recurrir a conjeturas más o menos razonables, o bien
simplemente fiarse de las interpretaciones originales de Mai para fijar el
texto de los pasajes hoy destruidos. Como resultado de todo este proceso
sobreviven, aunque no todas completas, unas doscientas cartas enviadas o
recibidas por Frontón.
Las cartas, que probablemente
pasaron al patrimonio de Cratia y Aufidio Victorino, no estaban pensadas para
ser publicadas y, aunque algunas tuvieron cierta difusión y fueron leídas por
más personas además de sus destinatarios, no fueron copiadas hasta el siglo IV,
cuando se tiene constancia del primer autor que parece haberlas leído: el
retórico latino Nazario. El conjunto contiene la correspondencia entre Frontón
y Antonino Pío, Marco Aurelio, Lucio Vero, Domicia Lucila, su yerno Aufidio
Victorino, además de otros amigos y personajes importantes de la época. La
mayoría de las cartas están escritas en latín, con excepción de unos pocos
ejemplos en que se emplea el griego.
En las cartas el carácter de los
alumnos de Frontón aparece bajo una luz muy favorable, especialmente en el
afecto que ambos parecen conservar por su antiguo maestro. También subsisten
cartas a amigos, especialmente cartas de recomendación, y tratados sobre la
elocuencia, algunos fragmentos históricos y bagatelas sobre temas como la
alabanza al humo y el polvo, la negligencia, y una disertación sobre Arión
de Lesbos. Su principal mérito consiste en haber preservado extractos de
escritores antiguos que de otra manera se hubieran perdido.
domingo, 5 de abril de 2020
ANTONINO PÍO, EL EMPERADOR BUENO
Unos
meses tras la muerte de Adriano, emperador que había sido acogido con gran
entusiasmo por el pueblo romano, el cual no decepcionó sus expectativas,
Antonino Pío ascendió al trono con amable disposición, amplia experiencia,
buena formación. gran inteligencia y sincero deseo de lograr el bienestar de
sus súbditos. En lugar de saquear el tesoro en su propio beneficio, Antonino
Pío lo vació, sí, pero para apoyar económicamente a los ciudadanos de
provincias y ciudades, ejerciendo en todas las provincias una rígida economía.
Rechazó con destreza las conspiraciones que se urdieron en su contra haciendo
gala después de su clemencia. En lugar de perseguir a los cristianos, los
protegió con firmeza a lo largo del Imperio.
( Enciclopedia británica)
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sábado, 28 de marzo de 2020
ARENGA DE ADRIANO A SUS TROPAS DE ÁFRICA
Habéis
hecho todo con el debido orden; habéis recorrido todo el terreno en vuestras
maniobras: habéis ejecutado el lanzamiento de las lanzas gallardamente, aun
cuando el arma corta que habéis utilizado es difícil. Los más de vosotros
habéis sido igualmente diestros con las lanzas largas. Los saltos han sido hoy
rápidos, y ayer fueron veloces. Si en algo hubieseis estado deficientes, os
habría llamado la atención; si en algo os hubieseis destacado especialmente, os
lo habría advertido; pero, en realidad, lo que me ha agradado ha sido el nivel
uniforme de la ejecución. Es indudable que mi legado Catulino no ha escatimado esfuerzos para
cumplir con su deber, no habiendo omitido nada. Vuestro jefe también parece
atenderos a conciencia… Los saltos tendrán lugar en el campo de ejercicios de
la cohorte de Comagene. Gracias a la sobresaliente dirección de Catulino habéis
llegado a ser lo que sois hoy día.
domingo, 22 de marzo de 2020
DOMICIA LUCILA, MADRE DE MARCO AURELIO
Domicia
Lucila (en latín, Domitia Lucilla;a c.
105-c. 155/161) fue una noble romana que vivió durante el siglo II, madre del
emperador Marco
Aurelio.
Domicia,
nacida entre los años 103 y 107,12 era hija de Publio Calvisio Tulo Rusón, cónsul en el año 109 y por segunda vez en fecha
desconocida, y de Domicia
Lucila la Mayor,
cuya ascendencia paterna se remontaba a Domicio Afer, un famoso orador que llegó a Roma durante el reinado de Tiberio procedente de Nemauso (Nimes), en la
Galia Narbonense, y terminó reuniendo una gran fortuna. Domicio adoptó a dos
hijos de un ciudadano al que había llevado a la ruina, Sexto Curvio, que recibieron los nombres de Domicio Lucano y Domicio Tulo, padre y tío respectivamente de Domicia la Mayor. Lucano y Tulo fueron elevados al patriciado, junto con otros
muchos notables procedentes de provincias, como los Trajanos y los Annio Vero, en tiempos de Vespasiano y Tito . Por
parte materna, el abuelo de Domicia la Mayor era Tito Curtilio Mancia, cónsul sufecto en el año 55.
Desde
el gran incendio de Roma del año 64 comenzó con Nerón una gran reconstrucción de la ciudad
que tuvo continuidad durante el siguiente medio siglo con los sucesivos
emperadores. Así, Vespasiano
y Tito erigieron el
Foro de la Paz, nuevas termas y, sobre todo, el Coliseo; Domiciano amplió las residencias imperiales
del Palatino y tanto
Trajano como Adriano no
dejaron de patrocinar grandes proyectos constructivos. Algunos de los grandes
beneficiarios de este proceso fueron los propietarios de fábricas de ladrillos
y otros materiales de obra, entre los que se encontraban los Domicio, que
amasaron enormes fortunas en este periodo. La
riqueza iba acompañada de honores y Tulo consiguió entrar a formar parte del
colegio sacerdotal senatorial de los Septemviri Epulones, en el que también
ingresó a finales del siglo i el mismo emperador Adriano.
Domicia
la Mayor era hija de Lucano, pero fue adoptada por Tulo como condición para que
este recibiera la fortuna de su hermano, y debía además nombrarla heredera, por
lo que a la muerte de Tulo, a finales del año 108 o principios de 109, Domicia
se había convertido en una mujer inmensamente rica, que ya contaba además con el patrimonio recibido de su
abuelo Curtilio
Mancia. Corrían rumores en Roma sobre tan importante testamento y
hasta el mismo Plinio escribió a un amigo: «no se habla de
otra cosa en la ciudad». También era beneficiario, junto a Trajano y en un
codicilo final, P.
Calvisio Rusón,
marido en segundas nupcias de Domicia, con quien se casó probablemente entre
los años 103 y 105,102 y
que también adoptó el nombre de su tío, quien lo trata de amicus rarissimus en
el testamento, por lo que ya con motivo de su
consulado de 109 aparece en los Fasti Ostienses como «P. Calvisius Tullus».
Debido
entre otras cosas al estado de conservación del testamento, la interpretación
de los nombres que en el aparecen, además de la identidad misma del testador,
ha sido objeto de múltiples especulaciones.
Así se ha sugerido que el primer marido de Domicia la Mayor podría haber
sido Publio Elio
Adriano Afer, el
padre del emperador Adriano, e
incluso que Domicia
Longina, la esposa
de Domiciano, habría estado también casada con Domicio Tulo.
Sin
embargo, hasta la muerte de Adriano al frente de la familia estuvo Lucio Catilio Severo,
procedente de Apamea, en Bitinia, casado al parecer con Dasumia Pola, la viuda de Domicio Tulo, y colega
de este y del emperador como Septimio Severo fue
cónsul primero bajo Trajano y una segunda vez en 120 en compañía
de Antonio Pío, gobernador de Asia y de Siria, y
prefecto de Roma, cargo que ostentaba todavía en el año 138. Severo se hizo
cargo de la educación de Marco Aurelio,
lo que recuerda este en el primer libro de las Meditaciones, donde le agradece
haberle proporcionado los mejores y más caros maestros, que acudían a su «casa»
del Celio a darle clases. El joven
incluso adoptó el nombre de Catilio Severo en
adición al suyo propio, Marco Annio Vero.
Domicia
Lucila contrajo matrimonio alrededor del año 118 con Marco Annio Vero, pretor que procedía de una rica
familia senatorial de origen hispano. Su abuelo, un «hombre nuevo» llamado
Annio Vero, procedía de Ucubi, en la provincia
hispana de la Bética, y también consiguió la pretura una vez accedió al rango
senatorial. El hijo de este, también llamado Marco Annio Vero, fue cónsul en tres ocasiones, una en tiempos de Domiciano (sufecto en 97)25 y dos bajo Adriano (en 121 y 126), emperador que lo tuvo como uno de sus más importantes
defensores en el Senado durante el complicado comienzo de su reinado, cuando
ocupó también, durante siete años y hasta 124, el cargo de prefecto de Roma.
M.
Annio Vero se casó
con Rupilia Faustina, matrimonio del que nacieron, además
del esposo de Lucila otros dos hermanos: Marco Annio Libón y Faustina la Mayor, posteriormente emperatriz romana
por su enlace con Antonino
Pío. Poseía también
una residencia en el monte Celio, cerca de la de los Laterani, donde vivió Marco Aurelio durante un tiempo después de la
muerte de su padre. Vero era sobrino de la emperatriz romana Vibia Sabina, y su abuela materna era Matidia la Mayor, la sobrina del emperador Trajano.
Es
muy probable que hubiera pertenecido a Domicio Tulo la residencia de los jardines del monte Celio, donde nació y
pasó sus primeros años el futuro emperador Marco Aurelio. Marco siempre consideró esos jardines como su hogar y
sintió gran pena cuando tuvo que abandonarlos el año 138, al ser adoptado por Antonino Pío y verse obligado a trasladarse a la
residencia de Adriano en el Palatino, el antiguo palacio de Tiberio.
Domicia,
como era relativamente habitual en la clase alta romana de su época, dominaba el griego y es muy posible que la familiaridad que
alcanzó Marco Aurelio con ese idioma se debiera en primer lugar a ella. Fue
también muy amiga del maestro de su hijo, Marco Cornelio Frontón, y de su esposa Cratia, con quienes se intercambiaba
también correspondencia en griego en la que quedaba de manifiesto su
familiaridad con autores como Homero, Hesíodo o Eurípides. Se conserva una carta de verano del año 142,
mientras la familia imperial se encontraba en las cercanías de Nápoles, en la
que Frontón se lamenta por no poder asistir a su cumpleaños debido a que las
obligaciones del consulado lo tenían retenido en Roma.
El
apoyo de Domicia a las pretensiones al trono de su hijo, además de un indicio
sobre su pietas, se ven reflejadas en un pasaje de la Historia Augusta que
relata el malicioso comentario, dirigido a Antonino Pío, del excónsul Valerio Hómulo después de que viera a Domicia rezando ante una estatua de
Apolo: «Esa mujer ora para que llegue tu último día y su hijo reciba el
imperio» .
En
sus Meditaciones, Marco Aurelio la describe como una mujer piadosa, generosa e
incapaz no solo de hacer mal a nadie, sino simplemente de concebirlo (Medit.,
1.3). Domicia Lucila murió tras una prolongada enfermedad en el año 155 o poco
después,cuando tendría unos cuarenta y ocho o cuarenta y nueve años, «aún
joven» según Marco Aurelio, que estuvo muy preocupado por su salud,i pero se alegra de haber podido pasar con ella sus últimos
años (Medit., 1.17.15).
La
fortuna de Domicia, incluido el lucrativo negocio de fabricación de ladrillos,
fue heredada por Marco
Aurelio y Faustina para
terminar finalmente en manos de Cómodo, que acaparó todo el patrimonio familiar.
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