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sábado, 1 de enero de 2022

CAYO MARIO EN PÉRGAMO

Pérgamo era seguramente la ciudad mejor planificada y construida del mundo, había oído decir Mario, y ahora lo veía con sus propios ojos. Incluso en la ciudad baja, dispersa a los pies de la acrópolis, no había callejuelas ni bloques ruinosos de pisos, todo estaba sujeto a un rígido reglamento de construcción y conservación. Vastos sumideros y cloacas discurrían por las zonas habitadas y por todas partes había canalizaciones y fuentes. El mármol era el material más abundante, y las columnatas eran numerosas y magníficas, el ágora era inmensa, surtida de magníficas estatuas, y a media ladera había un gran teatro. No obstante, flotaba un aire de dilapidación en la ciudadela y en la ciudad; las cosas no estaban conservadas como durante el reinado de los atálidas, proyectistas y cuidadores de la capital. Y la gente no parecía contenta. Mario advirtió que algunos tenían aspecto de hambrientos, cosa extraña en un país rico.







domingo, 26 de julio de 2020

LOS JUEGOS DEL EDIL CURUL CAYO JULIO CÉSAR



Los ludi megalenses eran los primeros juegos del año y los más solemnes desde el punto de vista religioso, quizás porque anunciaban la llegada de la primavera -en aquellos años en que el calendario coincidía con las estaciones- y tenían su origen en la segunda guerra que Roma había librado contra Cartago, cuando Aníbal recorrió Italia de arriba abajo. Fue entonces cuando el culto de Magna Mater, la gran Madre Tierra asiática, se introdujo en Roma, y se erigió en el Palatino un templo orientado directamente hacia el Vallis Murcia, en el cual se extendía el Circo Máximo. En muchos aspectos era un culto inapropiado para la conservadora Roma; los romanos aborrecían a los eunucos, los ritos flagelatorios, y todo lo que se consideraba un barbarismo religioso. No obstante, el hecho se había llevado a cabo en el momento en que Claudia, la virgen vestal, tiró milagrosamente de la barcaza que transportaba la piedra del ombligo de Magna Mater y consiguió llevarla río Tíber arriba, y ahora Roma tenía que sufrir las consecuencias y contemplar cómo unos sacerdotes castrados que sangraban por las heridas que ellos mismos se habían infligido recorrían, el cuarto día de abril, todo aquel camino sin dejar de gritar y de pregonar su paso por las calles al son de trompetas, mientras remolcaban la efigie de la Gran Madre y suplicaban limosnas a todos aquellos que acudían a mirar aquella presentación de los juegos.



Los juegos propiamente dichos eran más típicamente romanos, y duraban seis días, desde el cuarto hasta el décimo día de abril. El primer día se hacía la procesión, luego se celebraba una ceremonia en el templo de Magna Mater y, finalmente, algunos actos en el Circo Máximo. Los cuatro días siguientes se dedicaban a representaciones teatrales en distintas construcciones provisionales de madera que se instalaban con ese fin, mientras que el último día tenía lugar la procesión de los dioses desde el Capitolio hasta el circo, y muchas horas de carreras de carros en el circo.



Como edil curul senior, era César quien oficiaba en los actos del primer día y quien le ofrecía a la Gran Madre un sacrificio extrañamente incruento, considerando que Kubaba Cibeles era una señora sedienta de sangre; la ofrenda era un plato de hierbas.



Algunos los llamaban los juegos patricios, porque la primera noche las familias patricias se agasajaban unas a otras y en sus listas de invitados figuraban patricios exclusivamente. Siempre se consideraba un buen augurio para el patriciado que el edil curul que hacía el sacrificio fuera patricio, como lo era César. Bíbulo, desde luego, era plebeyo, y el día de la inauguración se sintió completamente ignorado; César había llenado de patricios los asientos especiales en las enormes y anchas gradas del templo, haciendo honor en particular a los Claudios Pulcher, tan íntimamente conectados con la presencia de Magna Mater en Roma.



Aunque aquel primer día los ediles celebrantes y la comitiva oficial no descendían al Circo Máximo, sino que más bien miraban desde los escalones del templo de Magna Mater, César había preferido poner un espectáculo brillante en el circo en lugar de tratar de entretener a la multitud que había seguido la sangrienta procesión de la diosa con la acostumbrada ración de peleas de boxeo y carreras pedestres. El tiempo de que se disponía no hacía imposibles las carreras de carros. César había instalado un sistema de conducción del agua desde el Tíber y había canalizado el agua, que atravesaba el Forum Boarium y creaba así un río dentro del circo, con la spina haciendo el papel de isla del Tíber y separando esta astuta corriente de agua. Mientras la extensa multitud lanzaba exclamaciones de admiración, César representó la proeza de fuerza de la vestal Claudia. Ésta llevó a rastras la barcaza desde el extremo del Forum Boarium, donde el último día instalarían las puertas de salida para las carreras de carros, dio una vuelta completa a la spina y luego la dejó descansando en el extremo de la puerta de Capena del estadio. La barcaza relucía engalanada con adornos dorados y tenía velas ondeantes bordadas de color púrpura; todos los sacerdotes eunucos iban reunidos en la cubierta alrededor de una bola negra y lustrosa que representaba la piedra ombligo, mientras en lo alto de la popa se alzaba la estatua de Magna Mater en una carroza tirada por un par de leones de apariencia absolutamente realista. César no utilizó un forzudo vestido de vestal para representar a Claudia, sino que usó una esbelta y hermosa mujer del tipo de Claudia, y disimuló la presencia de los hombres que tiraban de la barcaza sumergiéndolos en el agua hasta la cintura, con los hombros agachados y metidos bajo un falso casco de nave dorado que los ocultaba a la vista.



La multitud se fue a sus casas extasiada después de aquel espectáculo de tres horas. César se quedó allí, rodeado de patricios encantados, y aceptó los obsequiosos cumplidos que le dedicaron tanto por el buen gusto que había demostrado como por su imaginación. Bíbulo captó la indirecta y se marchó, muy ofendido porque nadie le había hecho caso.



Nada menos que diez teatros de madera habían sido levantados desde el Campo de Marte hasta la puerta de Capena, el mayor de los cuales tenía capacidad para diez mil personas y el más pequeño para quinientas. Y en lugar de contentarse con que parecieran lo que realmente eran, provisionales, César había insistido en que se pintaran, se decoraran y se dorasen. Farsas y mimos se pusieron en escena en los teatros mayores, Terencio, Plauto y Ennio en los medianos, y Sófocles y Esquilo en el auditorio más pequeño, que tenía un aspecto muy griego; se tuvieron en cuenta todos y cada uno de los gustos teatrales. Desde primera hora de la mañana hasta casi el crepúsculo, los diez teatros dieron representaciones durante los cuatro días, todo un festín. Y fue literalmente un festín, pues César sirvió refrigerios gratis en los entreactos.



El último día la procesión se reunió en el Capitolio y dirigió sus pasos a través del Foro Romano y la vía Triunfal hasta el Circo Máximo; desfilaron estatuas doradas de algunos dioses, como Marte y Apolo... y Cástor y Pólux. Como fue César quien había pagado para que las dorasen, a nadie le extrañó que Pólux fuera de un tamaño mucho menor que su gemelo Cástor. ¡Qué risa!.



Aunque se suponía que los juegos eran financiados con dinero público y lo que todos los espectadores preferían eran las carreras de carros, el hecho era que nunca había dinero del Estado para los entretenimientos propiamente dichos. Ello no había detenido a César, quien organizó más carreras de carros el último día de los ludi megalenses de lo que Roma había visto nunca. Era su deber como edil curul senior dar la salida a las carreras, en cada una de las cuales intervenían cuatro carros: uno rojo, otro azul, otro verde y otro blanco. La primera era de cuadrigas, carros tirados por cuatro caballos, pero otras carreras eran de carros tirados por dos caballos, o de dos o tres caballos dispuestos uno detrás de otro; César organizó incluso carreras de caballos desuncidos, que fueron montados sin ensillar por postillones.



La longitud de cada carrera era de cinco millas, distancia que se conseguía dando siete vueltas alrededor de la división central de la spina, un promontorio estrecho y alto adornado con muchas estatuas que exhibía siete delfines en uno de los extremos, y en el otro siete huevos dorados colocados en lo alto de grandes cálices; a medida que acababa cada una de las vueltas se tiraba del morro de un delfín y la cola se alzaba, y se quitaba un huevo dorado de un cáliz. Si las doce horas del día y las doce horas de la noche eran de igual longitud, entonces cada carrera tardaba en su recorrido un cuarto de hora, lo que significaba que el ritmo era veloz y furioso, un galope enloquecido. Cuando se producían vuelcos solían ocurrir al dar la vuelta a las metae, donde cada conductor, con las riendas enrolladas con muchas vueltas a la cintura y una daga metida entre las mismas para poder liberarse si chocaba, luchaba con destreza y valor por mantenerse en el lado interior, de manera que así el recorrido fuera más corto.



La multitud quedó encantada aquel día, pues en lugar de largos descansos después de cada carrera, César las hizo sucederse una detrás de otra sin apenas interrupción; los corredores de apuestas se apresuraban entre los excitados espectadores para recoger las apuestas en un continuo frenesí, pues no daban abasto. Ni un solo sitio en las gradas estaba vacío, y las mujeres se sentaban en las rodillas de sus maridos para ganar espacio. No se permitía la entrada a los niños, a los esclavos ni a los esclavos libertos, pero las mujeres se sentaban con los hombres. En los juegos de César más de doscientos mil romanos libres se apretujaron en el Circo Máximo, mientras que otros cuantos miles más los contemplaron desde puntos estratégicos en lo alto del Palatino y el Aventino.

( Colleen McCullough )



martes, 17 de marzo de 2020

CAYO OCTAVIO TURINO DICE SOBRE SU TÍO-ABUELO CAYO JULIO CÉSAR



Yo carezco de talento militar, pero creo que tengo ciertas dotes para el gobierno, y colaborar tan estrechamente con César es muy educativo a ese respecto. Me habla de todo lo que hace, y yo..., en fin, escucho con mucha atención.







jueves, 20 de febrero de 2020

miércoles, 22 de enero de 2020

CÉSAR FIJA SU PRECIO DE RESCATE A LOS PIRATAS QUE LO TIENEN RETENIDO


 

El jefe pirata hizo caso omiso de la segunda pregunta y meneó enérgicamente la cabeza.

-No, ya cobramos el último rescate de Mileto. Los cobros se distribuyen, porque a veces los cautivos tardan en pagar, y ahora les toca a Xantos y a Patara en Licia. Así que dejaremos que tus sirvientes se marchen cuando lleguemos a Patara. En cuanto a la suma -añadió Polígono, meneando la cabeza y haciendo flotar sus rizos-, será de veinte talentos de plata.

-¿Veinte talentos de plata? -exclamó César, ofendido, dando un paso atrás-. ¿Es eso cuanto valgo?

-Es la tarifa actual de los senadores, según lo acordado por todos los piratas. Eres demasiado joven para ser magistrado.

-¡Soy Cayo Julio César! -replicó altanero el cautivo-. Ya se nota que no sabes nada. No sólo soy patricio, sino un Juliano. ¿Y qué significa ser un Juliano, dirás?. Significa que desciendo de la diosa Afrodita a través de su hijo Eneas. Soy de familia consular y seré cónsul cuando tenga la edad precisa. ¡No soy un simple senador!. Poseo una corona cívica, hablo en la Cámara, me siento en las gradas del medio, y cuando entro en el Senado, todos -incluidos los consulares y los censores- tienen que ponerse en pie y aplaudirme. ¿Veinte talentos de plata?. ¡Yo valgo cincuenta talentos!.

Polígono escuchaba fascinado. Sí que era un cautivo excepcional. ¡Aquellas cosas no las decía nadie!. ¡Tan seguro de sí mismo, tan impávido, tan arrogante!. Y había algo en aquel rostro bien parecido que al pirata le gustaba... ¿Sería el centelleo de la mirada?. ¿No se estaría aquel Cayo Julio César burlando de él?. Pero ¿por qué se iba a burlar de un modo en virtud del cual iba a pagar más del doble de lo que él pedía? No, tenía que hablar en serio. No obstante... ¡ Sí era aquel brillo en la mirada!.

-De acuerdo, vuestra majestad, cincuenta talentos de plata -dijo Polígono, también con ojos chispeantes.

-Eso está mejor -dijo César, volviéndole la espalda.

( Relato de Colleen McCullough )



sábado, 11 de enero de 2020

POMPEYO A SUS LEGADOS TRAS OBTENER DEL SENADO EL MANDO EN LA LUCHA CONTRA LA PIRATERÍA EN EL MEDITERRÁNEO



No puede ocurrir lo mismo que en Arausio. Si a uno de vosotros se le ocurre siquiera tirarse un pedo en una dirección que previamente no haya establecido yo en persona como la dirección correcta para tirarse pedos, le cortaré las pelotas y lo enviaré a los mercados de eunucos de Alejandría. Y lo digo muy en serio. Mi imperio es maius, y eso significa que puedo hacer lo que me plazca. Desde el primero hasta el último de vosotros recibirá órdenes escritas tan detalladas y completas que ni siquiera tendréis que decidir por vosotros mismos qué cenaréis pasado mañana. Vosotros haréis lo que se os diga. Si alguno no está dispuesto a obedecer, que hable ahora. De lo contrario cantará como una soprano en la corte del rey Ptolomeo. ¿Entendido?.





miércoles, 1 de enero de 2020

QUINTO CECILIO METELO PÍO DICE SOBRE LOS LEGIONARIOS DE ROMA


Roma no puede ser derrotada. Puede perder batallas, pero no guerras. Quizá nuestras gallardas tropas sean la causa de ello, si tenemos en cuenta su lealtad, su buen comportamiento y su absoluta decisión a servir con denuedo. Nosotros, generales y gobernadores, hacemos mucho, pero, en definitiva, yo creo que el mérito es de los soldados de Roma.







ESPARTACO A SUS ESCLAVOS LIBERADOS



 

De momento, somos libres, pero no debemos olvidar que seguimos siendo esclavos según la ley. Hemos matado a nuestros guardianes y al propietario y cuando las autoridades lo descubran nos perseguirán. Nunca habíamos podido reunirnos como personas para hablar de lo que queremos hacer y de nuestro porvenir -lanzó un profundo suspiro-. Antes que nada, quiero decir que no voy a retener a ningún hombre ni mujer contra su voluntad. Los que prefieran seguir por su cuenta pueden marcharse cuando deseen. No os pido promesas, juramentos ni ceremonias de lealtad a mi persona. Hemos sido prisioneros, sabemos lo que son las cadenas, no hemos gozado de los privilegios de las personas libres y a las mujeres las han obligado a prostituirse. Yo no quiero obligaros a nada.