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miércoles, 8 de diciembre de 2021

CIMÓN DICE SOBRE LA UNIÓN

 

Atenas y Esparta son como un excelente tronco de caballos. Si corren juntas, ganarán todas las carreras.




sábado, 17 de octubre de 2020

domingo, 11 de octubre de 2020

EFIALTES DE ATENAS

Efialtes (en griego antiguo: Ἐφιάλτης; ¿?-461 a. C.), fue un antiguo político ateniense del siglo V a. C., que se convirtió en el jefe del partido democrático de Atenas, a partir de 465 a. C., y que se opuso al aristócrata Cimón, cabeza del partido aristocrático. Junto con Pericles, emprendió una serie de reformas políticas y sociales.

 

Efialtes es considerado por muchos historiadores modernos, como el político que marcó el inicio de la "democracia radical", por la que Atenas sería famosa en adelante. Efialtes, sin embargo, no viviría durante mucho tiempo para participar de esta nueva forma de gobierno. En 461 a. C., fue asesinado a instigación de oligarcas resentidos, y el mando político de Atenas pasó a su adjunto: Pericles.

 

Efialtes aparece en la historia primero como estratego al mando de una flota ateniense en el mar Egeo, en 465 a. C.​ Sostenía que Esparta rivalizaba con Atenas por la hegemonía, y dirigió en vano la campaña contra el envío de refuerzos a los espartanos durante la rebelión de los hilotas (462 a. C.). Después, en agosto del 463 a. C., de rechazo a la petición de ayuda militar de Esparta para acabar con una revuelta de los hilotas.​ Cimón, el político ateniense más destacado de la época, era pro-espartano y abogó por enviar ayuda​ argumentando que Grecia no debía permitirse cojear, ni Atenas verse privada de su compañera de yunta. Efialtes, mientras tanto, argumentó que Esparta y Atenas eran enemigas por naturaleza, y que Atenas debía alegrarse de la desgracia de Esparta mejor que ayudarla a recuperarse. Cimón, sin embargo, venció en el debate, y fue enviado a Esparta con 4.000 hoplitas.​

 

En 462 a. C., Efialtes y sus aliados políticos empezaron a atacar al Areópago, un consejo compuesto de antiguos arcontes que era una fuerza tradicionalmente conservadora. Según Aristóteles y algunos historiadores modernos, Atenas había sido gobernada, desde aproximadamente el 478 a. C., bajo una informal «Constitución Areopagita», bajo el liderazgo de Cimón. Las atribuciones del Areópago no estaban muy definidas. En la época de las Guerras Médicas alcanzó un prestigio considerable y un influyente papel político. El Areópago era el bastión tradicional del conservadurismo y el principal apoyo de Cimón y del partido aristocrático.

 

Efialtes empezó su campaña contra este cuerpo enjuiciando a ciertos miembros por mala administración.​ Habiendo quitado fuerza al prestigio del consejo, Efialtes persuadió a la Asamblea para reformar el Areópago, limitó su poder y le dejó únicamente jurisdicción para los casos de homicidio y crímenes religiosos; y la administración de las propiedades sagradas. Efialtes propuso a la Ecclesia, o la asamblea popular, una serie radical de las reformas que dividió los poderes, tradicionalmente ejercidos por el Areópago, entre el consejo democrático de la Boulé, la propia ecclesia, y los tribunales populares.

 

Algunos historiadores han argumentado que Cimon y sus hoplitas estaban todavía en el Peloponeso en la época de esta propuesta,​ mientras que otros han argumentado que la propuesta fue después de su regreso.​ Aquellos que sitúan las propuestas durante la ausencia de Cimón, sugieren que intentaron derrocarle a su regreso, mientras que aquellos que creen que estaba presente durante las propuestas, creen que se opuso a ellas en el debate inicial. Todos están de acuerdo en que su resistencia fue condenada al fracaso, debido al hecho de que su ejército de hoplitas fue despedido por los espartanos groseramente, acción que demolió el prestigio político de Cimón y de otros atenienses pro-espartanos.

El éxito de las reformas de Efialtes fue seguido por el ostracismo de Cimón, que dejó a Efialtes y su facción el control del estado, aunque la democracia ateniense bien establecida de los años posteriores no se había asentado aún completamente; las reformas de Efialtes  parecen haber sido solamente el primer paso del programa del partido democrático.​ Efialtes, sin embargo, no viviría para ver el desarrollo adicional de esta nueva forma de gobierno. En el 461 a. C., fue asesinado por un tal Aristódico de Tanagra, como parte de un complot oligárquico. Pericles, su aliado político se encargaría de terminar la transformación gubernamental y dirigir a Atenas durante varias décadas.​

 

La tragedia Las Euménides, de Esquilo, testimonia en cierta medida las ideas y sentimientos despertados en el pueblo ateniense por estas nuevas medidas.



sábado, 10 de octubre de 2020

ANAXÁGORAS RELATA A CIMÓN

Cimón era hijo del vencedor de Maratón, de aquel Milcíades a quien Jantipo había acusado más de diez años antes, y que, incapaz entonces de pagar la enorme multa que se le había impuesto, murió en la cárcel, después del juicio, cuando Cimón era un muchacho de unos dieciocho años. Durante algún tiempo había vivido en la mayor miseria con su hermana Elpinice. La gente decía que su relación con ella era incestuosa, pero no estoy en condiciones de afirmar la verdad de este rumor, si bien Cimón era en extremo aficionado a las mujeres y lo cierto es que Elpinice le fue muy devota durante toda su vida. Aunque carecía de dote, se casó con el hombre más rico de Atenas, quien no sólo saldó la deuda del padre de Cimón, sino que proveyó a éste de dinero. Desde entonces, durante muchos años tuvo una carrera brillante y de ininterrumpidos éxitos. La gente suele compararlo con su padre por su arte como estratega y con Temístocles por sus condiciones de mando. Y si la última comparación resulta excesiva, no deja de ser cierto que era un comandante al par intrépido y prudente. Era muy popular. Su generosidad, sus maneras llanas, el modo en que protegía a sus hombres, su valor y su fuerza lo convirtieron en héroe para el ejército y la flota. Su aspecto era también fascinante.




sábado, 4 de abril de 2020

EFIALTES DE ATENAS



 

Efialtes (en griego antiguo: Ἐφιάλτης; ¿?-461 a. C.), fue un antiguo político ateniense del siglo V a. C., que se convirtió en el jefe del partido democrático de Atenas, a partir de 465 a. C., y que se opuso al aristócrata Cimón, cabeza del partido aristocrático. Junto con Pericles, emprendió una serie de reformas políticas y sociales.

 

Efialtes es considerado por muchos historiadores modernos, como el político que marcó el inicio de la "democracia radical", por la que Atenas sería famosa en adelante. Efialtes, sin embargo, no viviría durante mucho tiempo para participar de esta nueva forma de gobierno. En 461 a. C., fue asesinado a instigación de oligarcas resentidos, y el mando político de Atenas pasó a su adjunto: Pericles.

 


Efialtes aparece en la historia primero como estratego al mando de una flota ateniense en el mar Egeo, en 465 a. C.​ Sostenía que Esparta rivalizaba con Atenas por la hegemonía, y dirigió en vano la campaña contra el envío de refuerzos a los espartanos durante la rebelión de los hilotas (462 a. C.) Después, en agosto del 463 a. C., de rechazo a la petición de ayuda militar de Esparta para acabar con una revuelta de los hilotas.​ Cimón, el político ateniense más destacado de la época, era pro-espartano y abogó por enviar ayuda​ argumentando que Grecia no debía permitirse cojear, ni Atenas verse privada de su compañera de yunta. Efialtes, mientras tanto, argumentó que Esparta y Atenas eran enemigas por naturaleza, y que Atenas debía alegrarse de la desgracia de Esparta mejor que ayudarla a recuperarse. Cimón, sin embargo, venció en el debate, y fue enviado a Esparta con 4.000 hoplitas.​

 

En 462 a. C., Efialtes y sus aliados políticos empezaron a atacar al Areópago, un consejo compuesto de antiguos arcontes que era una fuerza tradicionalmente conservadora. Según Aristóteles y algunos historiadores modernos, Atenas había sido gobernada, desde aproximadamente el 478 a. C., bajo una informal «Constitución Areopagita», bajo el liderazgo de Cimón.​ Las atribuciones del Areópago no estaban muy definidas. En la época de las Guerras Médicas alcanzó un prestigio considerable y un influyente papel político. El Areópago era el bastión tradicional del conservadurismo y el principal apoyo de Cimón y del partido aristocrático.

 

Efialtes empezó su campaña contra este cuerpo enjuiciando a ciertos miembros por mala administración.​ Habiendo quitado fuerza al prestigio del consejo, Efialtes persuadió a la Asamblea para reformar el Areópago, limitó su poder y le dejó únicamente jurisdicción para los casos de homicidio y crímenes religiosos; y la administración de las propiedades sagradas. Efialtes propuso a la Ecclesia, o la asamblea popular, una serie radical de las reformas que dividió los poderes, tradicionalmente ejercidos por el Areópago, entre el consejo democrático de la Boulé, la propia ecclesia, y los tribunales populares.

 

Algunos historiadores han argumentado que Cimon y sus hoplitas estaban todavía en el Peloponeso en la época de esta propuesta,​ mientras que otros han argumentado que la propuesta fue después de su regreso.​ Aquellos que sitúan las propuestas durante la ausencia de Cimón, sugieren que intentaron derrocarle a su regreso, mientras que aquellos que creen que estaba presente durante las propuestas, creen que se opuso a ellas en el debate inicial. Todos están de acuerdo en que su resistencia fue condenada al fracaso, debido al hecho de que su ejército de hoplitas fue despedido por los espartanos groseramente, acción que demolió el prestigio político de Cimón y de otros atenienses pro-espartanos.​

 

El éxito de las reformas de Efialtes fue seguido por el ostracismo de Cimón, que dejó a Efialtes y su facción el control del estado, aunque la democracia ateniense bien establecida de los años posteriores no se había asentado aún completamente; las reformas de Efialtes  parecen haber sido solamente el primer paso del programa del partido democrático. Efialtes, sin embargo, no viviría para ver el desarrollo adicional de esta nueva forma de gobierno. En el 461 a. C., fue asesinado por un tal Aristódico de Tanagra, como parte de un complot oligárquico. Pericles, su aliado político se encargaría de terminar la transformación gubernamental y dirigir a Atenas durante varias décadas.​

 

La tragedia Las Euménides, de Esquilo, testimonia en cierta medida las ideas y sentimientos despertados en el pueblo ateniense por estas nuevas medidas.


martes, 31 de marzo de 2020

TEMÍSTOCLES Y EFIALTES


 

Cuando, una vez consumados los hechos, los generales y almirantes griegos se  reunieron  para  decidir quién, entre ellos,  había sido  el  mayor  artífice de la victoria y recompensarle, cada uno dio dos votos: uno a sí mismo y el otro a Temístocles.

 

Éste había continuado, aun después de Salamina, haciendo de las suyas. Después de la batalla naval, había vuelto a mandar el mismo esclavo, de absoluta confianza, a informar a Jerjes que él había logrado disuadir a sus colegas de que persiguiesen a la flota derrotada. ¿Lo había hecho realmente?. ¿Y por qué motivo advertía de ello a su adversario?. Tal vez  porque no se sentía seguro y prefería  que  éste  se  retirase. Pero la continuación de sus vicisitudes nos hace vislumbrar más graves sospechas. Sea como fuere, también esta vez Jerjes le hizo caso. Dejó en Grecia trescientos mil hombres bajo  el  mando  de Mardonio. Y con los demás, entre los que la disentería causaba estragos, se retiró desalentado a Sardes. Hubo un año de tregua porque en  ambas  partes  sentíase  necesidad de recobrar alientos. Después, un  ejército  griego de cien mil hombres conducidos por el rey de Esparta, Pausanias, fue a alinearse  en  Platea  frente  al  persa. El encuentro tuvo lugar en agosto de 479, y  de  nuevo nos hallamos ante cifras poco dignas de crédito. Heródoto dice que Mardonio perdió  doscientos  sesenta mil soldados, y esto puede ser. Pero añade que Pausanias perdió ciento cincuenta y nueve, y esto ya nos parece inverosímil.

 

De todos modos,  fue  una gran victoria  terrestre,  a la que pocos días después se añadió otra marítima, en Micala, donde la flota persa quedó destruida. Como después de la guerra de Troya, los griegos fueron de nuevo dueños del Mediterráneo. O mejor dicho, lo fueron los atenienses, que eran los que habían dado la  mayor contribución.  Temístocles,  el  hombre de las «emergencias» y de los «hallazgos», supo aprovechar para aquella posición.  Organizó  una confederación de  ciudades  griegas  de Asia y  del  Egeo,  que se llamó «Delia» porque  se  escogió  como  protector  al  Apolo de Delos, en cuyo templo  se convino  depositar el tesoro común. Pero pidió y obtuvo que Atenas, además de ser su guía, contribuyese no ya con dinero, sino con naves. Así ésta tuvo un pretexto para desarrollar aún más su flota, con la  que  reforzó  el  dominio naval que ya ostentaba.

 

Temístocles leía con claridad el destino de  su  patria. Sabía que de la parte de tierra no había que esperarse nada bueno, y no sosegó hasta que hizo aceptar al Gobierno el proyecto de encerrar la ciudad hasta el puerto de El  Pireo —que  es  un  buen trecho  de camino—, dentro de una enorme valla, y que ésta fuese abierta sólo sobre el  mar,  donde  su fuerza  era ya suprema. Preveía las luchas con Esparta y con los demás Estados del interior, celosos del poderío ateniense. Y al mismo tiempo tomó la iniciativa de los tratados de paz con Jerjes porque quería el mar despejado y abierto al comercio.

 

Mas, al igual que Milcíades, se proponía  hacerse pagar también los servicios  que  prestaba,  y  lo  hizo sin reparar en los medios. La democracia había enviado al exilio a muchos aristócratas conservadores y propietarios, poseedores de conspicuas fortunas. Propuso hacerles  llamar,  se  embolsó  las  gratificaciones y les dejó en el destierro. Un día se  presentó con la flota en las islas  Cicladas  y  les  impuso  una  multa por la ayuda que, obligados con violencia, habían prestado a Jerjes. Con  escrupulosa  exactitud  entregó el total al Gobierno; pero guardó en su bolsillo las sumas que algunas de aquellas ciudades le habían deslizado en él para quedar eximidas del castigo.

 

Si la guerra hubiese continuado, los atenienses  tal vez se lo habrían perdonado. Pero la gran borrasca había pasado ya y todos deseaban volver a la normalidad que significaba, sobre todo, honestidad y orden administrativo. Por lo que la Asamblea  recurrió otra vez el ostracismo para condenar a aquel que, apoyándose en el mismo, había hecho condenar al virtuoso Arístides.

 

Temístocles se retiró a Argos. Era riquísimo. Sabia gozar también de la vida al margen de las ambiciones políticas. Y acaso no  habría vuelto  a  dar que  hablar  si los espartanos no hubiesen mandado a Atenas un legajo de documentos de los que resultaba que Temístocles había negociado  secreta  y  traidoramente con Persia, de acuerdo con su regente Pausanias, que ellos habían condenado ya a muerte.

 

La Historia no ha  puesto  en  claro  si  esta denuncia correspondía a la  verdad. El  «affaire»  Temístocles semeja un  poco  al  de  Tukachevski,  el  mariscal soviético que los alemanes, para librarse de él, denunciaron como traidor a Stalin. Mas el brillante estratega, enterado de lo que estaba a punto de caerle encima, buscó refugio precisamente en la Corte de Artajerjes, el  sucesor  de  Jerjes.  ¿No  había  preparado Temístocles, hombre previsor, el  terreno,  el  día que mandó a los persas la famosa información que permitió su retirada, tras  el  desastre  de  Salamina, con toda tranquilidad?. Artajerjes le recompensó del favor con suntuosa hospitalidad, le aseguró una cuantiosa pensión, y prestó oído complaciente a los consejos que Temístocles le dio de reanudar la  lucha  contra Atenas, y a los criterios que había que seguir para llevarla a buen término.

 

La muerte, llevándose a  los  sesenta  y  cinco  años, en -459, a aquel  «padre  de  la  patria»  que  se  disponía a convertirse en el  sicario,  puso fin  a  la  carrera de un inquietante personaje, que parecía encarnar todas las cualidades y los vicios del genio griego.

 

Mientras tanto, en Atenas se había creado una situación  nueva.  Los  dos  partidos  —el   oligárquico  y el democrático, dirigido el  primero  por  Cimón,  hijo de Milcíades, y el  segundo  por Efialtes—  no  estaban ya equilibrados como antes, cuando se  alternaban  en  el poder. Por  dos  motivos;  en  primer  lugar  porque la guerra había sido  ganada  por  la  flota,  arma  y feudo de la burguesía mercantil,  a  costas  del  Ejército que, arma y feudo  de  la  aristocracia  terrestre, casi no había tomado parte en ella. Y,  además,  porque la valla dentro de la cual Atenas proyectaba encerrarse y que ya estaba comenzada, acentuaba su vocación, burguesísima, de emporio  marítimo,  Cimón  fue la víctima de  esta  situación.  De  su  padre  no había heredado ninguno de aquellos cínicos  recursos que habían labrado su suerte.  Era un  hombre honesto, de gran carácter y políticamente desmañado.  Pero no fue éste el motivo de su derrota, pues también su adversario era íntegro y esquinado.

 

De ese Efialtes, cuya acción  fue  decisiva,  pues allanó el camino a Pericles é  inauguró  el  período áureo de Atenas, sabemos solamente que era  un hombre pobre, incorruptible, melancólico e idealista. Atacó a la aristocracia en su castillo roquero, el Areópago o Senado, o sea en el plano constitucional, revelando ante la Asamblea todos los manejos que se perpetraban en aquél para convertir prácticamente en inoperante la democracia. Sus acusaciones eran documentadas e incontrovertibles. Ellas  pusieron  a  la luz todos los manejos y todas las intrigas a que se entregaban los senadores, con la colaboración de los sacerdotes, para imprimir un aval religioso a sus decisiones, que tendían solamente a salvaguardar los intereses de casta.

 

El Areópago salió malparado de aquella  campaña. No solamente no logró salvar a varios de sus miembros, condenados unos al destierro y otros a muerte, sino que se  vio  despojado  de  casi  todos  sus  poderes y reducido a  una  posición  subordinada  con  respecto a la Asamblea, o Cámara de diputados. Pero Efialtes pagó cara su victoria. Después de algunas tentativas infructuosas para corromperle, no les quedó a sus adversarios, para desembarazarse de él, más que el puñal de un asesino. Fue muerto el  -461.  Pero,  como  de costumbre, el delito  no  «pagó».  Al  revés,  hizo más aplastante e irrevocable el triunfo de la democracia y costó el ostracismo a Cimón, que probablemente nada tuvo que ver con el atentado.

 

Las perspectivas para Atenas no podían ser más brillantes cuando Pericles, sucesor natural de  Efialtes, hizo su debut político. En el mismo año -480 que Atenas  había  derrotado  a  los  persas  en  Salamina, los griegos de Sicilia habían batido en Himera a los cartagineses. En todo el Mediterráneo oriental el Occidente, representado por la flota  ateniense,  tomaba la delantera al Oriente, representado  por  los  persas y los fenicios. Las victorias  de  Maratón,  de  Platea, de Himera y de Micala no eran definitivas.

 

Contra los persas se siguió combatiendo durante decenios, pero los teatros de la  guerra  se  alejaban cada vez más hacia el Este. El Mediterráneo oriental estaba abierto ya para la flota de Atenas, que podía disfrutarlo a su antojo.

 

La ciudad poseía todas las condiciones para convertirse en una gran capital.  Mercaderías  y  oro afluían a ella. Y sobre todo afluían hombres de diversas civilizaciones para  crear  en  ella  aquel  cruce de culturas del que salió una nueva: la que suele llamarse precisamente «la civilización griega», la civilización del Partenón, de Fidias, de Sófocles, de Eurípides, de Sócrates,  de  Aristóteles  y  de  Platón. Fue un florecimiento rápido y  ágil,  que  en  dos  siglos dio a la  humanidad  lo  que  otras  naciones  no han dado en milenios.

( Indro Montanelli )