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viernes, 24 de abril de 2020

CARTA DE PLINIO EL JOVEN A CORNELIO TÁCITO DESCRIBIENDO LA ERUPCIÓN DEL VESUBIO




El 24 de agosto, alrededor de la una de la tarde, mi madre le llamó la atención a Plinio el Viejo sobre una nube que tenía un tamaño y una forma muy inusuales. Acababa de tomar el sol y, tras haberse bañado en agua fría y haber tomado una comida ligera, se había retirado a su estudio a leer. Ante la noticia, se levantó inmediatamente y salió fuera; al ver la nube, se dirigió a un montículo desde donde podría tener una mejor visión de este fenómeno tan poco común. Una nube, procedente de qué montaña no estaba claro desde aquél lugar (aunque luego se dijo que venía del monte Vesubio), estaba ascendiendo; de su aspecto no puedo darte una descripción más exacta que se parecía a un pino, pues se iba acortando con la altura en la forma de un tronco muy alto, extendiéndose a su través en la copa a modo de ramas; estaría ocasionada, me imagino, bien por alguna corriente repentina de viento que la impulsaba hacia arriba pero cuya fuerza decreciera con la altura, o bien porque la propia nube se presionaba a sí misma debido a su propio peso, expandiéndola del modo que te he descrito arriba. Parecía ora clara y brillante, ora oscura y moteada, según estuviera más o menos impregnada de tierra y ceniza. Este fenómeno le pareció extraordinario a un hombre de la educación y cultura de mi tío, por lo que decidió acercarse más para poder examinarlo mejor.








lunes, 6 de abril de 2020

CARTA DE PLINIO EL JOVEN A UN AMIGO POR EL FALLECIMIENTO DE UN HIJA DE FUNDANO (AMIGO COMÚN DE AMBOS)



Te escribo muy afligido, pues la hija más joven de nuestro amigo Fundano ha muerto. Nunca vi nada más alegre que esta criatura, nadie más digna de ser amada o que mereciera, no sólo una larga vida, sino incluso la inmortalidad. No había cumplido todavía trece años y ya manifestaba el buen sentido de una mujer de edad, la dignidad de una madre, la tímida inocencia de la virginidad y la dulzura de una niña. ¡Cómo sé estrechaba contra su padre cuando éste la abrazaba y con qué timidez y ternura rodeaba con sus brazos el cuello de sus amigos!.  Quería a sus niñeras, a sus preceptores y a sus tutores, agradeciéndoles lo que habían hecho por ella. ¡Cuán inteligente y ansiosa en sus lecturas, cuán discreta y circunspecta en sus juegos!. ¡Y pensar en el dominio sobre sí misma, en la paciencia y en el valor con que soportó su última enfermedad!. Hacía todo lo que los médicos le ordenaban; trataba de animar a su hermana y a su padre, y a fuerza de voluntad mantuvo activo su débil cuerpo cuando su energía se iba agotando. Su entereza persistió hasta el último momento sin que la alterasen la enfermedad ni el miedo a la muerte, la muerte que nos la iba a arrebatar. Su pérdida ha sido, desde luego, un amargo dolor y el golpe más cruel por el momento en que ha llegado. Estaba comprometida con un excelente muchacho. Ya se había fijado el día de la boda y se habían enviado las invitaciones. Toda esta alegría se trocó en dolor. No puedes imaginarte mi angustia al oír a Fundano —el dolor tiene detalles desgarradores— dando órdenes para que el dinero que había de gastarse en galas nupciales y perlas y joyas se empleara en incienso, ungüentos y perfumes para el funeral. Fundano es un hombre culto y reflexivo, el tipo del hombre que ha consagrado su vida a estudios y ocupaciones serias. Ahora rechaza con aversión todos los consejos que tan a menudo ha dado y oído dar, y, desterrando de su mente todos los demás intereses, está totalmente entregado a los afectos familiares. Tú lo comprenderás y, desde luego, lo admirarás si piensas en lo que ha perdido. Ha perdido una hija que reflejaba tanto su carácter como sus facciones y expresión. Con una notable semejanza, ella encarnaba de nuevo la personalidad de su padre. Si le escribes acerca de esta gran pena, procura no instarle a recobrar calma, y no te expreses con excesiva energía; escríbele una carta dulce y afectuosa. Un intervalo de tiempo contribuirá mucho a que se encuentre en disposición de aceptar tus consuelos. Una herida en carne viva huye del contacto de la mano del médico; después puede soportarlo y más tarde lo necesita: de la misma manera el dolor, cuando está reciente rechaza y rehuye cualquier intento de consuelo, pero pronto se desea y finalmente se acepta si se hace con dulzura.





FANS DE LAS CARRERAS DE CABALLOS



Es un color lo que ellos aplauden, es un color lo que ellos aman, y si en plena carrera y en medio de la competición se intercambiasen los colores, éste para allí y aquél para aquí, el favor y el entusiasmo de la gente cambiarían igualmente, y abandonarían repentinamente a aquellos famosos aurigas, a aquellos famosos caballos, a los que reconocen a lo lejos, y cuyos nombres aclaman .

( Plinio el Joven )

















domingo, 22 de marzo de 2020

viernes, 20 de marzo de 2020

CARTA APASIONADA DE PLINIO EL JOVEN A SU ESPOSA CALPURNIA



Nunca he estado más contrariado por los compromisos que me han impedido acompañarte en tu viaje a Campania para convalecer, o salir inmediatamente a reunirme contigo. En este momento especialmente necesito estar contigo; necesito ver con mis propios ojos lo que haces para recobrar la salud, si en realidad disfrutas plenamente de la tranquilidad, los placeres y la abundancia de ese lugar. Aun cuando te encontrases fuerte, tu ausencia seguiría inquietándome, pues, cuando se ama a alguien con pasión, es una tortura pasar, aunque sólo sea un momento, sin saber nada del ser querido. Pero, tal como están las cosas, la idea de tu ausencia, junto con tu mala salud, me aterroriza con vagas y confusas ansiedades. Me imagino todo lo imaginable: mis imaginaciones me hacen tener miedo de todo, y, como pasa siempre que se tiene miedo, veo las mismas cosas que más imploro que no sucedan. Por tanto, te ruego encarecidamente que tengas compasión de mis temores y me envíes una carta, o mejor dos, cada día. Mientras las esté leyendo me preocuparé menos: cuando termine de leerlas volverán de nuevo mis temores. Escribe cuanto puedas, aunque la delicia de recibir tus cartas es un puro tormento.