Aunque
debieras vivir tres mil años y aun diez veces otros tantos, acuérdate siempre
que no se pierde otra vida que la que se vive y que sólo se vive la que se
pierde. Así, la más larga vida y la más corta vienen a reducirse a lo mismo.
Continuación del blog "APASIONADOS DEL IMPERIO ROMANO", de Xavier Valderas. Se crea porque ya no se pueden subir más etiquetas debido al extenso blog anterior, con más de 10.500 entradas.
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domingo, 5 de diciembre de 2021
MARCO AURELIO DICE SOBRE LA BREVEDAD DE LA VIDA
sábado, 5 de septiembre de 2020
martes, 1 de septiembre de 2020
domingo, 23 de agosto de 2020
jueves, 23 de abril de 2020
MARCO AURELIO DICE DE LA BREVEDAD DE LA VIDA
La vida
del hombre es una simple duración, un punto en el tiempo, su contenido una
corriente de distancia, la composición del cuerpo propensa a la descomposición,
el alma un vórtice, la fortuna incalculable y la fama incierta. Las cosas del
cuerpo son como un río y las cosas del alma como un sueño de vapor, la vida es
una guerra y la fama después de la muerte, solo olvido.
Todo lo
existente se desintegra y todo lo creado por la naturaleza está destinado a
morir.
La
duración de la vida de cada uno es irrelevante, un paso para ver el enorme
abismo de tiempo detrás de ti y antes de ti en otro infinito por venir. En esta
eternidad de la vida de un bebé de tres días y la vida de un Néstor de tres
siglos se funden como uno solo.
Los
deseos conducen a la permanente preocupación y decepción, ya que todo lo que se
desea de este mundo es miserable y corrupto.
jueves, 16 de abril de 2020
MARCO AURELIO DICE SOBRE SU MAESTRO MARCO CORNELIO FRONTÓN
De Frontón, el haberme puesto a considerar cómo
es envidioso, voluble e hipócrita el poder del tirano, y que por lo general los
que entre nosotros son llamados «eupátridas» están en cierto sentido carentes
de sentimientos.
sábado, 11 de abril de 2020
DISPOSICIONES DEL EX CENTURIÓN LUCIO CECILIO OPTATO
Lucio Cecilio Optato, hijo de Lucio, de la
tribu Papiria, centurión de la Legión VII Gemina Feliz y centurión igualmente
de la legión XIV Apolinar, licenciado por los emperadores Marco Aurelio
Antonino y Aurelio Vero Augusto, con todos los honores, añadido por los
habitantes de Barcino a sus conciudadanos inmunes, elevado a los honores de
edil, duunviro por tres veces (cursus honorum romano), flamen en Roma de los
divinizados y de los Augustos, que donó a la comunidad de Barcino un legado en
los siguientes términos: Doy, lego y quiero que se entreguen siete mil
quinientos denarios, de cuyo interés al seis por ciento quiero que todos los
años se de un espectáculo de pugilato el diez de junio, por la suma de
doscientos cincuenta denarios, y ese mismo día se suministre en las termas
públicas, aceite por importe de doscientos denarios, para el pueblo. Esa
donación quiero que se emplee de la forma indicada con la siguiente condición:
que mis libertos y los libertos de mis libertos y libertas, a quienes correspondiese
el honor de sevirato, sean dispensados de todas las cargas del sevirato, y si
alguno de ellos fuese requerido para su cumplimiento, que, al punto, dichos
siete mil quinientos denarios pasen a la comunidad de los tarraconenses bajo la
misma forma en que consta anteriormente de espectáculos a celebrar en Tarraco.
En el lugar dado por el decreto de los decuriones.
lunes, 6 de abril de 2020
EL CÓNSUL MARCO CORNELIO FRONTÓN
Marco Cornelio Frontón (en latín,
Marcus Cornelius Fronto; c. 95-c. 167) fue un senador romano, gramático,
retórico y abogado romano de la etapa altoimperial. Aunque también llegó al
consulado, se le conoce principalmente por haber sido maestro y amigo personal
del emperador Marco Aurelio. La correspondencia que mantuvo con él y con
otros personajes próximos a la familia imperial es una de las fuentes
principales que se conservan del final del periodo de los Antoninos.
Frontón nació entre los años 90 y
110 el seno de una familia de colonos romanos de Cirta (después Constantina),
en Numidia, por lo que se llamaba a sí mismo el «africano». Es probable que
pasase algún tiempo en Alejandría, importante centro de estudios en la época,
antes de que su padre, Tito Cornelio, lo enviara a Roma, seguramente en
compañía de su hermano pequeño Quinto Cornelio Quadrato, durante el
reinado de Adriano. Su familia debía ser influyente, porque en la década
de 120 ambos hermanos eran ya miembros del Senado, y Frontón además primero
cuestor de Sicilia y después pretor. Quinto Cornelio Cuadrato a su vez llegó a
ser nombrado gobernador de Numidia sobre el año 142 y cónsul sufecto (consul
suffectus o sustituto) en 147. Frontón comenzó a ejercer la abogacía ya antes
de la muerte de Adriano, como refleja Dion Casio en un pasaje que se refiere
probablemente al año 136.
Pronto creció su prestigio como
abogado y orador, hasta ser considerado solo inferior a Cicerón. Reunió una
gran fortuna, erigió magníficas edificaciones y compró los famosos jardines de
Mecenas.
Es posible que, ya en esta época,
la reputación que había adquirido hiciera que se fijaran en él los tutores de Marco
Aurelio, pero tras la adopción formal y ser este designado como heredero
por Antonino Pío en 138, las primeras cartas de Frontón (que se datan
con gran probabilidad en el año 139) ya recogen los consejos y felicitaciones
de Frontón por los progresos de Marco en sus estudios.
El método de Frontón
consistía en encargar a sus alumnos ejercicios literarios consistentes en
comentarios sobre temas variados, normalmente históricos, mezclados con
discusiones sobre cuestiones filosóficas o, siguiendo a Cicerón, con ensayos
sobre la política y la legislación romana. Instruía también en el empleo de un
latín lo más estilizado posible siguiendo unos gustos que, en el caso de
Frontón, se remiten a los grandes autores de la época republicana, en una
reacción consciente contra el «purismo» de autores como Cicerón o Séneca.
Marco compartía las preferencias de Frontón, una tendencia al arcaísmo
extendida en el siglo II, y así prefería los poemas de Nevio, Plauto o Ennio
a los del mismo Horacio.
Esta relación maestro-discípulo
continuó por lo menos con la misma intensidad hasta el año 145, cuando Marco
Aurelio contrajo matrimonio con Faustina la Menor. Al final de su
vida, el emperador dejó constancia en las Meditaciones de la deuda contraída
con su maestro:
"De Frontón, el haberme puesto
a considerar cómo es envidioso, voluble e hipócrita el poder del tirano, y que
por lo general los que entre nosotros son llamados «eupátridas» están en cierto
sentido carentes de sentimientos".
( Marco Aurelio en "Meditaciones" )
A pesar de que no ambicionaba
cargos oficiales, fue nombrado cónsul sufecto durante los meses de julio y
agosto de 142,1213ab un año antes de que Herodes Ático fuera cónsul
epónimo.116 Herodes Ático, también maestro y amigo de Marco Aurelio y de
Vero, por entonces sostenía un litigio testamentario con los atenienses,
quienes eligieron a Frontón para que los representara ante los tribunales
romanos, por lo que Frontón tuvo que atender los insistentes ruegos del
entonces césar de no ser excesivamente duro con él.17 Más tarde, a finales de
la década del 150 rechazó el proconsulado de Asia por problemas de salud.
La esposa de Frontón, Cratia,
era probablemente de origen griego, y con ella tuvo cinco hijas de las que
solo sobrevivió la primera, también llamada Cratia, que nació hacia el año 142
y vivió hasta cerca de los sesenta años. Cratia, al igual que Frontón, mantenía
íntima amistad con la madre de Marco Aurelio, Domicia Lucila, además de
una afinidad intelectual que les llevaba a intercambiarse alusiones a autores
clásicos como Homero, Eurípides o Hesíodo. En sus cartas, como la que le
envío en 142 con motivo de su aniversario, Frontón se dirigía a Domicia en
griego. Cratia murió en 165 o 166 poco antes de cumplir cincuenta años. Cratia
minor se casó con Cayo Aufidio Victorino, también compañero de Marco
Aurelio como discípulo de Frontón y cónsul sufecto el año 155. Nada más llegar
al poder el emperador confió a Aufidio la vigilancia de la frontera de Recia y
el gobierno de Germania Superior, cargo que conservó hasta el año 165 o 166 en
que asumió el cargo en la provincia de África. Bajo Cómodo ocupó el
consulado en 183 y el cargo de prefecto de Roma, pero se suicidó poco después
debido a la persecución a que lo sometieron los partidarios del nuevo
emperador. De los hijos de Cratia y Aufidio solo dos llegaron a la edad
adulta: Marco Aufidio Frontón, nacido c. 160 y cónsul en 199, y Cayo
Aufidio Victorino, un año menor que su hermano y cónsul en 200. Frontón
deja de Aufidio un retrato muy favorable y se conserva su reflexión por la pena
que sobrellevó ante el fallecimiento de uno de sus hijos pequeños, «Decimanus»
alrededor del año 165, cuando debía tener unos tres años.
A finales del año 166 se tiene
noticia de Frontón recibiendo afectuosamente en Roma a Lucio Vero, que
regresaba de su campaña en Media por la que durante un tiempo tanto él como
Marco Aurelio recibieron el cognomen de «Médico». Se desconoce la fecha exacta
de su muerte aunque, enfermo y amargado por la muerte de su esposa y cuatro de
sus hijas, debió fallecer no mucho después del año 167.
Sus talentos como orador y retórico
fueron muy admirados por sus contemporáneos, algunos de los cuales formaron una
escuela llamada en su honor Frontoniani, cuyo propósito era restaurar la
antigua pureza y simplicidad de la lengua latina en lugar de las exageraciones
de la escuela sofista griega, o de las artificialidades de los autores del
siglo I, como Séneca.
Los autores de la era Julio-Claudia
(s. I d. C. ) fueron muy menospreciados, mientras que a Catón el Viejo,
Ennio, Lucrecio Plauto, Laberio o Salustio se les tuvo como modelos a ser
imitados.
A Frontón, citado por Aulo Gelio
en sus Noches Áticas, se debe el primer ejemplo conservado de la utilización
del término «clásico» para referirse a los mejores autores del pasado (Aulo Gelio,
Noches Áticas).
Hasta 1815, los únicos trabajos
existentes atribuidos erróneamente a Frontón eran dos tratados gramaticales, De
nominum verborumque differentiis y Exempla elocutionum (este último
perteneciente a Arusiano Mesio).
Fragmento del códice Vaticanus
Latinus, encontrado por Angelo Mai en 1819, que contiene, entre otros textos,
algunas de las cartas de Frontón. Las cartas de Frontón fueron
compiladas ya en la Antigüedad por lo menos en un manuscrito sobre pergamino
que data de finales del siglo v. Posteriormente, alrededor del año 700, el
códice fue reutilizado para la copia de las actas del primer Concilio de
Calcedonia de 451 y se conservó durante varios siglos en la abadía de San
Columbano de Bobbio. Por razones que se desconocen, el palimpsesto fue
desmembrado alrededor del año 1600 sin que se tuviera conocimiento de su
contenido hasta que, en 1815, el futuro cardenal Angelo Mai descubrió en la
biblioteca Ambrosiana de Milán las primeras 282 páginas (Ambrosianus E 147).e
Mai descifró el texto subyacente de las cartas de Frontón y publicó
inmediatamente una primera edición un tanto apresurada, que completó en 1823
después de localizar en 1819 otras 106 páginas en la Biblioteca Vaticana
(Vaticanus Latinus ).
En 1867 el filólogo alemán S. A. Naber publicó una nueva
edición que se consideró la más autorizada hasta la de Michael P.J. van den
Hout de 1954. Bernhard Bischoff publicó además en 1958 fragmentos de una carta
dirigida a Lucio Vero contenidas en el códice Parisinus Latinus de la Biblioteca Nacional de París. Se calcula que el manuscrito original tenía
680 páginas, de las cuales solo se han recuperado 388 entre Milán y Roma, lo
que significa que se han perdido cerca de la mitad de las cartas que contenía.
Además, y como era corriente en la época, Mai utilizó reactivos químicos para
hacer resaltar el texto y poderlo leer, lo que acaba deteriorando o destruyendo
las partes afectadas de los manuscritos; en consecuencia, los editores
posteriores han tenido que recurrir a conjeturas más o menos razonables, o bien
simplemente fiarse de las interpretaciones originales de Mai para fijar el
texto de los pasajes hoy destruidos. Como resultado de todo este proceso
sobreviven, aunque no todas completas, unas doscientas cartas enviadas o
recibidas por Frontón.
Las cartas, que probablemente
pasaron al patrimonio de Cratia y Aufidio Victorino, no estaban pensadas para
ser publicadas y, aunque algunas tuvieron cierta difusión y fueron leídas por
más personas además de sus destinatarios, no fueron copiadas hasta el siglo IV,
cuando se tiene constancia del primer autor que parece haberlas leído: el
retórico latino Nazario. El conjunto contiene la correspondencia entre Frontón
y Antonino Pío, Marco Aurelio, Lucio Vero, Domicia Lucila, su yerno Aufidio
Victorino, además de otros amigos y personajes importantes de la época. La
mayoría de las cartas están escritas en latín, con excepción de unos pocos
ejemplos en que se emplea el griego.
En las cartas el carácter de los
alumnos de Frontón aparece bajo una luz muy favorable, especialmente en el
afecto que ambos parecen conservar por su antiguo maestro. También subsisten
cartas a amigos, especialmente cartas de recomendación, y tratados sobre la
elocuencia, algunos fragmentos históricos y bagatelas sobre temas como la
alabanza al humo y el polvo, la negligencia, y una disertación sobre Arión
de Lesbos. Su principal mérito consiste en haber preservado extractos de
escritores antiguos que de otra manera se hubieran perdido.
domingo, 29 de marzo de 2020
REFLEXIONES DEL EMPERADOR FILÓSOFO MARCO AURELIO
Nada
contribuye tanto a fomentar la grandeza de ánimo como examinar con método y
honradez todas las cosas que acontecen en la vida y examinarlas a medida que
ocurren, de tal manera que se forme una apreciación de la clase de universo a
que pertenecen, del fin que en éste cumplen, de su valor en relación con el
todo y en relación con el hombre, que es ciudadano de la más alta república,
del cual todas las otras repúblicas, por decirlo así, son parientes; lo que
cada uno es realmente y de qué está compuesto y cuánto tiempo, juzgando por su
propia naturaleza, es probable que dure.
Quiero
decir, que debo formar este juicio de lo que ahora, en este mismo momento, se
revela a mi conciencia. Y debo preguntarme qué virtud podría emplear para
enfrentarme con ello, como, por ejemplo, la amabilidad, el valor, la
sinceridad, la confianza, la simple ingenuidad, la independencia.
¿De
qué os quejáis?. ¿De la maldad del hombre?. Considerad las proposiciones
siguientes: las criaturas racionales han sido creadas las unas para las otras,
y la clemencia es parte de la justicia; el hombre peca contra su voluntad;
pensad cuántas personas después de una vida de amarga hostilidad, de sospechas,
de odios y de peleas entre sí han muerto y se han convertido en ceniza —pensad
en esto y entonces dejad
al menos de lamentaros—. ¿Os quejáis de la parte asignada a vosotros de la suma
total de las cosas?. Recordad otra vez la alternativa “la Providencia o los
Átomos”, y todas las pruebas de que el universo es una especie de república.
domingo, 22 de marzo de 2020
SEXTO TIGIDIO PERENIO
Sexto
Tigidio Perenio (en latín, Sextus Tigidius Perennis; ¿? - 185), más conocido
como Tigidio Perenio, fue prefecto del cuerpo de guardaespaldas
imperial, conocido como la Guardia Pretoriana, durante los reinados de Marco
Aurelio y Cómodo.
Bajo
el gobierno de Cómodo, Perenio llevó a cabo las acciones administrativas
que delegaba el emperador. Herodiano describe cómo Perenio capitalizó la
desconfianza de Cómodo hacia el Senado, acabando con muchos poderosos
senadores, y reclamando sus riquezas para sí. También se pensó que Perenio
ambicionaba poder militar, ya que entregó lujosos regalos a los soldados para
atraerlos a su causa, y sus hijos fueron colocados en puestos de mando. La
Historia Augusta sugiere que Perenio persuadió a Cómodo de seguir su política
de control, liberando al emperador para que se entregara a sus aficiones
hedonistas.
En el
año 185 se vio implicado en un complot para acabar con la vida de Cómodo al ser
acusado por su rival político, el chambelán Marco Aurelio Cleandro. Tras
descubrirse su implicación, Cómodo ordenó su ejecución.
DOMICIA LUCILA, MADRE DE MARCO AURELIO
Domicia
Lucila (en latín, Domitia Lucilla;a c.
105-c. 155/161) fue una noble romana que vivió durante el siglo II, madre del
emperador Marco
Aurelio.
Domicia,
nacida entre los años 103 y 107,12 era hija de Publio Calvisio Tulo Rusón, cónsul en el año 109 y por segunda vez en fecha
desconocida, y de Domicia
Lucila la Mayor,
cuya ascendencia paterna se remontaba a Domicio Afer, un famoso orador que llegó a Roma durante el reinado de Tiberio procedente de Nemauso (Nimes), en la
Galia Narbonense, y terminó reuniendo una gran fortuna. Domicio adoptó a dos
hijos de un ciudadano al que había llevado a la ruina, Sexto Curvio, que recibieron los nombres de Domicio Lucano y Domicio Tulo, padre y tío respectivamente de Domicia la Mayor. Lucano y Tulo fueron elevados al patriciado, junto con otros
muchos notables procedentes de provincias, como los Trajanos y los Annio Vero, en tiempos de Vespasiano y Tito . Por
parte materna, el abuelo de Domicia la Mayor era Tito Curtilio Mancia, cónsul sufecto en el año 55.
Desde
el gran incendio de Roma del año 64 comenzó con Nerón una gran reconstrucción de la ciudad
que tuvo continuidad durante el siguiente medio siglo con los sucesivos
emperadores. Así, Vespasiano
y Tito erigieron el
Foro de la Paz, nuevas termas y, sobre todo, el Coliseo; Domiciano amplió las residencias imperiales
del Palatino y tanto
Trajano como Adriano no
dejaron de patrocinar grandes proyectos constructivos. Algunos de los grandes
beneficiarios de este proceso fueron los propietarios de fábricas de ladrillos
y otros materiales de obra, entre los que se encontraban los Domicio, que
amasaron enormes fortunas en este periodo. La
riqueza iba acompañada de honores y Tulo consiguió entrar a formar parte del
colegio sacerdotal senatorial de los Septemviri Epulones, en el que también
ingresó a finales del siglo i el mismo emperador Adriano.
Domicia
la Mayor era hija de Lucano, pero fue adoptada por Tulo como condición para que
este recibiera la fortuna de su hermano, y debía además nombrarla heredera, por
lo que a la muerte de Tulo, a finales del año 108 o principios de 109, Domicia
se había convertido en una mujer inmensamente rica, que ya contaba además con el patrimonio recibido de su
abuelo Curtilio
Mancia. Corrían rumores en Roma sobre tan importante testamento y
hasta el mismo Plinio escribió a un amigo: «no se habla de
otra cosa en la ciudad». También era beneficiario, junto a Trajano y en un
codicilo final, P.
Calvisio Rusón,
marido en segundas nupcias de Domicia, con quien se casó probablemente entre
los años 103 y 105,102 y
que también adoptó el nombre de su tío, quien lo trata de amicus rarissimus en
el testamento, por lo que ya con motivo de su
consulado de 109 aparece en los Fasti Ostienses como «P. Calvisius Tullus».
Debido
entre otras cosas al estado de conservación del testamento, la interpretación
de los nombres que en el aparecen, además de la identidad misma del testador,
ha sido objeto de múltiples especulaciones.
Así se ha sugerido que el primer marido de Domicia la Mayor podría haber
sido Publio Elio
Adriano Afer, el
padre del emperador Adriano, e
incluso que Domicia
Longina, la esposa
de Domiciano, habría estado también casada con Domicio Tulo.
Sin
embargo, hasta la muerte de Adriano al frente de la familia estuvo Lucio Catilio Severo,
procedente de Apamea, en Bitinia, casado al parecer con Dasumia Pola, la viuda de Domicio Tulo, y colega
de este y del emperador como Septimio Severo fue
cónsul primero bajo Trajano y una segunda vez en 120 en compañía
de Antonio Pío, gobernador de Asia y de Siria, y
prefecto de Roma, cargo que ostentaba todavía en el año 138. Severo se hizo
cargo de la educación de Marco Aurelio,
lo que recuerda este en el primer libro de las Meditaciones, donde le agradece
haberle proporcionado los mejores y más caros maestros, que acudían a su «casa»
del Celio a darle clases. El joven
incluso adoptó el nombre de Catilio Severo en
adición al suyo propio, Marco Annio Vero.
Domicia
Lucila contrajo matrimonio alrededor del año 118 con Marco Annio Vero, pretor que procedía de una rica
familia senatorial de origen hispano. Su abuelo, un «hombre nuevo» llamado
Annio Vero, procedía de Ucubi, en la provincia
hispana de la Bética, y también consiguió la pretura una vez accedió al rango
senatorial. El hijo de este, también llamado Marco Annio Vero, fue cónsul en tres ocasiones, una en tiempos de Domiciano (sufecto en 97)25 y dos bajo Adriano (en 121 y 126), emperador que lo tuvo como uno de sus más importantes
defensores en el Senado durante el complicado comienzo de su reinado, cuando
ocupó también, durante siete años y hasta 124, el cargo de prefecto de Roma.
M.
Annio Vero se casó
con Rupilia Faustina, matrimonio del que nacieron, además
del esposo de Lucila otros dos hermanos: Marco Annio Libón y Faustina la Mayor, posteriormente emperatriz romana
por su enlace con Antonino
Pío. Poseía también
una residencia en el monte Celio, cerca de la de los Laterani, donde vivió Marco Aurelio durante un tiempo después de la
muerte de su padre. Vero era sobrino de la emperatriz romana Vibia Sabina, y su abuela materna era Matidia la Mayor, la sobrina del emperador Trajano.
Es
muy probable que hubiera pertenecido a Domicio Tulo la residencia de los jardines del monte Celio, donde nació y
pasó sus primeros años el futuro emperador Marco Aurelio. Marco siempre consideró esos jardines como su hogar y
sintió gran pena cuando tuvo que abandonarlos el año 138, al ser adoptado por Antonino Pío y verse obligado a trasladarse a la
residencia de Adriano en el Palatino, el antiguo palacio de Tiberio.
Domicia,
como era relativamente habitual en la clase alta romana de su época, dominaba el griego y es muy posible que la familiaridad que
alcanzó Marco Aurelio con ese idioma se debiera en primer lugar a ella. Fue
también muy amiga del maestro de su hijo, Marco Cornelio Frontón, y de su esposa Cratia, con quienes se intercambiaba
también correspondencia en griego en la que quedaba de manifiesto su
familiaridad con autores como Homero, Hesíodo o Eurípides. Se conserva una carta de verano del año 142,
mientras la familia imperial se encontraba en las cercanías de Nápoles, en la
que Frontón se lamenta por no poder asistir a su cumpleaños debido a que las
obligaciones del consulado lo tenían retenido en Roma.
El
apoyo de Domicia a las pretensiones al trono de su hijo, además de un indicio
sobre su pietas, se ven reflejadas en un pasaje de la Historia Augusta que
relata el malicioso comentario, dirigido a Antonino Pío, del excónsul Valerio Hómulo después de que viera a Domicia rezando ante una estatua de
Apolo: «Esa mujer ora para que llegue tu último día y su hijo reciba el
imperio» .
En
sus Meditaciones, Marco Aurelio la describe como una mujer piadosa, generosa e
incapaz no solo de hacer mal a nadie, sino simplemente de concebirlo (Medit.,
1.3). Domicia Lucila murió tras una prolongada enfermedad en el año 155 o poco
después,cuando tendría unos cuarenta y ocho o cuarenta y nueve años, «aún
joven» según Marco Aurelio, que estuvo muy preocupado por su salud,i pero se alegra de haber podido pasar con ella sus últimos
años (Medit., 1.17.15).
La
fortuna de Domicia, incluido el lucrativo negocio de fabricación de ladrillos,
fue heredada por Marco
Aurelio y Faustina para
terminar finalmente en manos de Cómodo, que acaparó todo el patrimonio familiar.
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