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lunes, 23 de marzo de 2020

JORDANES



Jornandes o Jordanes, también conocido como Iornandes, Iordanis o Iordannes, fue un funcionario e historiador del Imperio romano de Oriente durante el siglo VI d. C.​

 

Aunque escribió una Historia de Roma (Romana), su obra de mayor interés es De origine actibusque Getarum (El origen y las hazañas de los Godos), o Getica, escrita en latín (probablemente la tercera lengua de Jordanes) en Constantinopla, sobre el 551.

 

Justiniano había llegado al poder como emperador asociado en 527, tomando poco más tarde el control en solitario tras la muerte de su predecesor. En aquella época, Italia se encontraba bajo el dominio de los reyes ostrogodos, descendientes de Teodorico, el Grande, quienes gobernaban nominalmente el territorio por concesión tácita del Emperador. A su vez, como soberanos del pueblo ostrogodo regían a las poblaciones de origen germánico que habían invadido la península. La convivencia entre romanos y godos se fundaba en la separación de ambos grupos, facilitada por la división religiosa; en efecto, siendo ambos cristianos, los romanos eran católicos (seguían el Credo Niceno) mientras que los ostrogodos eran arrianos.

 

Justiniano pretendía restaurar el Imperio romano recuperando las provincias occidentales bajo dominio bárbaro, pero de derecho todavía parte del imperio.

 

Como astuto estadista que era, comprendió la necesidad de vencer a sus enemigos haciendo ciertas concesiones. Continuó la política de reconocer a la sede papal como suprema autoridad eclesiástica. A pesar de ello, confiaba en controlar ese poder gracias a su influencia personal. En 536, su esposa llegó a un acuerdo con el representante papal, Vigilio, un nativo romano. En el quid pro quo subsiguiente (expresión que aún hoy es la base de los acuerdos legales), el quid era la concesión del papado y 700 libras de oro. El quo era la cooperación de Vigilio con Justiniano.

 

Tras este acuerdo, el general de los ejércitos de Justiniano, Belisario, estableció su guarnición en la ciudad de Roma. El Papa Silverio (un guerrero godo) fue expulsado del papado mediante falsas acusaciones. Belisario se aseguró de la elección del nuevo Papa favoreciera a Vigilio. Justiniano, sin embargo, que había actuado bajo la motivación de la razón de estado, no contaba con que Vigilio, más pendiente de su propia conciencia, terminaría actuando en contra de la política imperial.

 

La controversia de los Tres Capítulos fue un asunto complejo dentro de los círculos de las iglesias cristianas. Se pidió a Justiniano que tomara parte (como ya hiciera Constantino I al entrar en los debates sobre temas religiosos), cosa que hizo en 543 o 544, con un edicto que condenaba los Tres Capítulos. Justiniano esperaba que el edicto facilitara la reconciliación con los monofisistas. Patriarcas y obispos fueron entonces conminados a firmar el edicto.

 

Vigilio se negó a firmar. Se le sacó a la fuerza en medio de un servicio religioso que celebraba la festividad de Santa Cecilia y fue escoltado hasta un barco que, en el río Tíber, esperaba para transportarlo a Constantinopla. Tras una estancia en Sicilia, llegó a Constantinopla en 547, pasando en la capital los siguientes ocho años, aunque no solo por su testaruda negativa a firmar el edicto, sino también porque Justiniano prefería mantenerle alejado de las guerras con los godos y de los violentos conflictos políticos que devoraban Italia. En 555, tras la derrota de los godos, Vigilio accedió a los deseos del soberano y se le permitió abandonar la capital, solo para morir en el viaje de regreso a Roma, donde fue enterrado a su llegada.

 

Cómo y dónde llegó Jordanes a unirse a Vigilio en Constantinopla sigue siendo un enigma. Como obispo de Crotona, no debía hallarse en Roma en el momento del arresto de Vigilio. Tras haberse unido a él, podría no haber sido autorizado a marcharse, ya que éste compartía la política conciliatoria de Vigilio que concernía a los restos de los hunos y a los godos. La última cosa que Justiniano quería era la reconciliación, ya que había enviado a Belisario a Italia para derrotar a estos pueblos.

 

El libro sobre la historia de Roma, Romana, empezó como una forma de aligerar la carga del arresto y para llenar las largas horas del mismo. Esta obra sobrevivió bajo varios títulos descriptivos: De summa temporum vel origine actibusque gentis romanorum, De regnorum et temporum successione, e incluso Liber de origine mundi et actibus romanorum ceterarumque gentium o De gestis romanorum. Se trata de una apresurada compilación, iniciada antes, pero publicada después de la Historia de los Godos de 551, cubriendo la historia del mundo desde la Creación, basada en San Jerónimo y otros escritores, pero que tiene su mayor valor en cuando trata los acontecimientos entre 450 y 550, cuando Jordanes aborda la historia reciente de su época.

 

No se sabe mucho sobre la carrera de Jordanes en la Iglesia. El Papa Pelagio menciona a un «Jordanes, defensor Ecclesiae Romanae» («Jordanes, defensor de la Iglesia romana»), que podría referirse al historiador bizantino. La enfatización en el término «Iglesia romana», como opuesto a alguna otra iglesia, parece implicar el conocido conflicto entre el credo niceno y el credo arriano, entonces aún en conflicto. Sobre el año 551, al Papa Vigilio, detenido en Constantinopla, se le unió el obispo Jordanes de Crotona (Bruttium, Italia), comúnmente identificado como Jordanes el historiador. Algunas fuentes le identifican como el obispo de Rávena, si bien otras niegan que lo fuera.​

 

Los avatares del tiempo han hecho que la Getica sea la única fuente superviviente sobre el origen de los pueblos godos que ocuparon las orillas del mar Báltico, alrededor de la actual Polonia, y que se extendieron al sur hasta el mar Negro, formando un imperio diferenciado con una lengua propia y sobre cómo los godos fueron derrotados por los hunos y gradualmente se dispersaron por Europa hasta desaparecer por asimilación con otros pueblos.

 

Esta obra fue escrita por Jordanes a petición de un amigo, quien le pidió escribirlo para la iglesia, como resumen de una obra de varios volúmenes (hoy desaparecida) sobre la historia de los godos, compilada por el político y escritor Casiodoro. Los factores más importantes en la selección de Jordanes para este trabajo fueron su interés por la historia (ya estaba trabajando en una historia de Roma), su habilidad para escribir de forma sucinta, y sus propias relaciones con los godos. Jordanes había sido funcionario de alto nivel, notario o secretario, de un pequeño estado cliente de Constantinopla en la frontera de Moesia, al norte de la actual Bulgaria.

 

Otros escritores como Procopio escribieron obras aún existentes sobre la historia posterior de los godos. Como único trabajo superviviente sobre el origen de los godos, la Getica de Jordanes ha sido objeto de una extensa revisión crítica. Jordanes lo escribió en latín tardío, denigrado por los clasicistas por no respetar las reglas del latín clásico de Cicerón. Según su propia introducción, solo tuvo tres días para revisar el trabajo de Casiodoro, y por lo tanto, debía confiar en su propio conocimiento. Algunas de sus exposiciones son muy escuetas.
 

Sin embargo, parte de esa consideración de escritor en latín decadente de Jordanes se han visto recientemente cambiada, al haberse descubierto nuevos manuscritos —el Panornitanus Arch. Stato. cod. Basile— pareciendo que los abundantes errores atribuidos a la pluma de Jordanes corresponden a los copistas nórdicos posteriores, desconocedores del latín.



domingo, 2 de febrero de 2020

ANASTASIO I



Anastasio I (latín: Flavius Anastasius; c. 430-9 de julio de 518) fue emperador de Bizancio desde el 11 de abril de 491 hasta su muerte.

 

Nació en Dirraquio, no más tarde del año 430. A la muerte de Zenón, Anastasio, por entonces un oficial palatino (silentiarius), fue elegido sucesor por la viuda del emperador fallecido, Ariadna, con la que contrajo matrimonio poco más de un mes después de ser coronado emperador. El matrimonio no tuvo descendencia. Cuando subió al trono, Anastasio contaba ya más de sesenta años.

 

Se le adjudicó el sobrenombre de Dicorus («dos pupilas»), ya que tenía los ojos de dos colores diferentes, negro y azul.


 Su reinado comenzó bajo los mejores auspicios, aunque posteriormente se vería alterado por las guerras y las disensiones religiosas. Obtuvo el favor popular cuando abolió el impuesto del chrysargiron y desplegó gran energía en la administración del Imperio. En 498 abolió también la collatio lustralis, impuesto que gravaba a los artesanos. Con el tiempo, sin embargo, su restrictiva política económica le hizo impopular y le granjeó fama de avaro, aunque consiguió acrecentar el tesoro imperial en 320000 libras de oro.​ Prohibió que se celebrasen combates de animales salvajes y banquetes nocturnos en la capital del Imperio.

 

Se vio envuelto en dos grandes guerras: la guerra isáurica y la guerra persa. La primera se desarrolló entre 492 y 496 y se originó por la revuelta de los seguidores del hermano de Zenón, Longino, cuando este fue desterrado por el emperador a la Tebaida, en Egipto. Aunque el ejército principal de Longino fue derrotado en la batalla de Cotyaeum, en Frigia, la resistencia de sus seguidores pervivió en las montañas isaurias hasta 496 o 498. La guerra contra Persia tuvo lugar entre 502 y 505, y en ella las ciudades de Teodosiópolis y Amida fueron tomadas por el enemigo; sin embargo, también los persas sufrieron pérdidas severas, y los romanos recuperaron Amida. En 506, ambos contendientes, exhaustos por el esfuerzo bélico, firmaron la paz, respetando el statu quo. Poco después Anastasio ordenó la construcción de la fortaleza de Daras, para poder vigilar Nísibis.

 

Durante su reinado, las provincias de los Balcanes fueron devastadas por las invasiones de los eslavos y los búlgaros. Para proteger Constantinopla y sus cercanías construyó, en 512, la Muralla de Anastasio, que se extendía desde la Propóntide hasta el mar Negro, y renovó las fortificaciones del Danubio.

 

Reconoció a Teodorico como rey de Italia en 497, y en 508 le confirió a Clodoveo los títulos honoríficos de patricius y cónsul, legitimando su dominio en territorio galo. Esto último disgustó a Teodorico, enfrentado en aquel entonces con el rey franco. Pero para Anastasio era más preferible tener de aliado a un católico como Clodoveo, antes que a un arriano como Teodorico.

 

Anastasio fue un monofisita convencido, pero su política religiosa fue moderada. Se esforzó por mantener el principio del Henotikon de Zenón y la paz de la iglesia, para lo cual firmó, a instancias del patriarca Eufemio, una declaración escrita de ortodoxia. En 512, sin embargo, a causa de la presión del pueblo —sobre todo del partido de los Verdes—, se vio arrastrado a adoptar la posición monofisita. Aunque esto le granjeó el apoyo de la población de Constantinopla, en la parte europea del Imperio produjo bastante descontento, que fue aprovechado por Vitaliano,​ magister militum per Thracias, para organizar una rebelión, en la cual contó con el auxilio de una horda de hunos. La revuelta, que se prolongó durante los años 514 y 515, fue sofocada por una victoria naval del general Marino.

 

Acerca de la elección de su sucesor, la leyenda según el Anónimo Valesiano, dice que invitó a comer a sus tres sobrinos, y les hizo preparar tres lechos para descansar después del convite. Bajo la almohada de uno de ellos había colocado un pergamino con la palabra latina REGNUM ("reino"); había decidido que el que lo encontrase fuese su sucesor al frente del Imperio. Sin embargo, dos de los sobrinos, cuyo afecto mutuo parece haber ido algo más allá de los lazos familiares, compartieron una cama, y el que ocultaba el pergamino quedó intacto. Tras este fracaso, Anastasio determinó que heredaría el Imperio el primero que entrara en su habitación al día siguiente. La suerte le fue propicia a Justino, comandante de su guardia. Es poco probable que esta historia sea cierta. Lo más verosímil es que no fuese Anastasio quien eligiese a Justino como sucesor, sino que este se alzase con el poder una vez fallecido el emperador.


miércoles, 22 de enero de 2020

LA EXCERPTA VALESIANA ( ANÓNIMO VALESIANO ) DICE SOBRE EL REY GODO TEODORICO



Teodorico era un hombre ilustre y de buena voluntad para con todos, que reinó durante treinta y tres años. En sus tiempos la felicidad estuvo asegurada en Italia durante treinta años, de tal manera que incluso sus sucesores disfrutaron esta paz. En efecto, no hizo nada mal. Así gobernó dos pueblos al mismo tiempo, el de los romanos y el de los godos: mientras él mismo era sin duda de la secta arriana, no atacó, sin embargo, en nada a la religión católica; organizó juegos en el circo y en el anfiteatro, de modo que incluso fue llamado por los romanos Trajano o Valentiniano, cuyos tiempos tomó como modelo; y por los godos, debido al edicto en el que se estableció el derecho, fue juzgado como su mejor rey en todos los aspectos. Se preocupó de que la milicia fuera para los romanos igual que en la época de los príncipes. Fue generoso con los regalos y los repartos de grano, a pesar de que había encontrado el erario público lleno únicamente de heno, pero él lo restableció con su esfuerzo y lo hizo rico.



domingo, 29 de diciembre de 2019

FLAVIO MAGNO AURELIO CASIODORO


Escritor, estadista y monje romano, nació hacia 490 y murió hacia 583. Su nombre completo era Flavio Magno Aurelio Casiodoro Senador, éste último, un sobrenombre. Aunque era de ascendencia siria, su familia había sido por más de tres generaciones una de las más importantes de Bruttium (sur de Italia). Su bisabuelo había defendido con éxito a Bruttium durante la invasión de los vándalos de 455; su abuelo fue notablemente favorecido por Valentiniano III y Accio, pero se retiró pronto de su honorable carrera. Su padre pasó por todos los niveles de la magistratura y por fin fue nombrado prefecto pretoriano y patricio por Teodorico.
 
Casiodoro, o más apropiadamente, Senador, nació en la finca paterna de Scyllaceum (Squillace) y en 490 o un poco antes hizo su primera aparición como consejero del prefecto pretoriano cerca del año 501. Un panegírico sobre Teodorico atrajo la atención de este príncipe y entre 507 y 511 nombró a Casiodoro cuestor (N. del T. Cuestor era un magistrado que en la ciudad y en los ejércitos tenía funciones de carácter fiscal principalmente). Teodorico prescindió de la regla que prohibía a un magistrado de aquel tiempo gobernar su propia provincia a favor del padre de Casiodoro y una segunda vez cuando Casiodoro fue nombrado corrector, es decir, gobernador de Lucania y Bruttium. Fue cónsul en el 514 y ministro en 526 cuando Teodorico murió. Desde el tiempo de su cuestura permaneció como consejero regular del rey y mantuvo su influencia a lo largo de la regencia de Amalaswinta, que le nombró prefecto pretoriano. Pero el poder de los godos estaba en crisis. Atalarico, el hijo de Amalaswinta, murió en 534 y ella fue asesinada en 536 por Theodahadus, a quien había hecho rey y que a su vez cayó víctima de Witiges, apresado en 540 por Belisario, el general bizantino. Casiodoro decidió retirarse. Muchos años antes San Benito de Nursia, había fundado entre las ruinas del templo de Apolo en Montecasino, un monasterio que iba a servir de modelo para todo Occidente y la institución que Casiodoro erigió en sus tierras, el monasterio de Virium, era sin duda una imitación de la de Benito. Allí permaneció el resto de sus días, que deben haber sido muchos, pues se dice que a la edad de noventa y tres años todavía estaba escribiendo. Si nació en 490, no debe haber muerto antes de 583.
 
Los escritos de Casiodoro se pueden clasificar según las dos grandes divisiones de su vida, es decir su carrera pública y su retiro religioso. Mientras estaba en lo público su obra trata de política y asuntos públicos. Aun quedan fragmentos de dos de sus panegíricos que, según una antigua tradición entre los funcionarios romanos, dedicó a los reyes y reinas góticos. Uno estaba dirigido a Eutarico, el yerno de Teodorico (518 ó 519), el otro fue pronunciado en Rávena en la ocasión del matrimonio de Witiges y Mateswinta (536). Una gran riqueza de ejemplos sacados de la historia romana e ilustraciones de la mitología sirven al propósito de resaltar los hechos heroicos presentados en una maraña de frases vacías. En 519 Casiodoro publicó una crónica dedicada a Eutarico, el cónsul del año. Ésta es en sustancia una lista de cónsules, precedida por una tabla de reyes de Asiria, Lacio y Roma, acompañada de unas pocas notas. Casiodoro usa sucesivamente un resumen de Livy, las historias de Aufidio Baso, San Jerónimo y Próspero y la “Crónica de Rávena”. Los comentarios históricos añadidos a los nombres de los cónsules son tomados al azar de esas fuentes sin especial habilidad o precisión.
 
Desde el año 496 Casiodoro escribió de su propia experiencia y con una pronunciada parcialidad hacia los ostrogodos, parcialidad que también muestra en la “Historia de los Godos” publicada entre 526 y 533 y de la que sólo tenemos el resumen editado por Jornandes en 551. Finalmente, como legado de su carrera oficial tenemos sus cartas reunidas en doce libros, las "Variæ", al final de 537. La voluminosa correspondencia no contiene tanta información histórica como cabría esperar; se han suprimido con frecuencia fechas, cifras, nombres de personas y lugares como opuestos a la elegancia en el estilo. Por otra parte, las digresiones inútiles y pomposas, lugares comunes sobre ética e historia forman la base de estas composiciones. “El lector”, dice Mommsen, “con frecuencia vacila respecto al significado de lo dicho y busca inútilmente una razón por la que se haya dicho”. Casiodoro evita cuidadosamente todos los detalles concretos respecto a los turbulentos tiempos en los que vivió, todo lo que de una u otra manera pudiera ofender a godos, romanos o bizantinos. Es incluso espléndido en su alabanza a los príncipes que se estaban matando entre sí: Amalaswintha, Theodahadus y Witiges. Los libros VI y VII de los “Variae” son una colección de fórmulas, la primera de una clase muy común en la Edad Media. Estas cartas fueron diseñadas para ser usadas en cualquier ocasión en el nombramiento de un magistrado, y sólo se necesitaba insertar el nuevo nombre. Las cartas en los otros libros apenas son más interesantes. Sin embargo, así era el gusto de su tiempo y la correspondencia del Papa San Símaco es igual de insípida.
 
Casiodoro parece haber comenzado sus escritos eclesiásticos con “De anima”, el cual añadió a “Variae” como libro décimo tercero después de 540. Este pequeño tratado expone la naturaleza y origen del alma, sus vicios y virtudes, siguiendo principalmente las opiniones de Claudiano Mamerto y San Agustín---Casiodoro estaba aún en la vida seglar cuando los escribió. Él da como primer fruto de su conversión un comentario sobre los salmos que le tomó varios años. Las obras compuestas durante su retiro religioso revelan su deseo de hacer que sus investigaciones literarias fueran útiles a sus monjes y también su gusto por los números y sus simbolismo. El comentario a los salmos se basa fundamentalmente en las "Enarrationes" de San Agustín. Las "Complexiones in epistolas et acta apostolorum et apocalypsis" son compilaciones, y son llamadas así porque Casiodoro, en vez de comentar verso a verso, combina varios versos y los parafrasea. Quizás se refiera a esta obra cuando dice que ha purgado de toda herejía una exposición de Pelagio sobre la Epístola a los Romanos. Mandó a traducir las “Antigüedades Judías” de Flavio Josefo así como las historias eclesiásticas de Teodoreto, Sozomeno y Sócrates. Él mismo hizo resúmenes de las traducciones de estos tres historiadores y los combinó en la "Historia Tripartita", una composición algo precipitada, llena de errores y contradicciones, pero, sin embargo, muy utilizada en la Edad Media como manual de historia. En otra compilación unió los tratados gramaticales y sus comentarios atribuidos a Donato con el libro de Sacerdos sobre los números. Hacia el final de su vida Casiodoro le añadió un tratado sobre ortografía, que era meramente otra colección de extractos. El "De computo paschali" de 562 no es suya, sino una obra anónima añadida por un copista a la crónica que Casiodoro.
 
De toda la obra de este autor en su retiro monástico lo que hoy parece más interesante es las “Institutiones divinarum et sæcularium litterarum", escrita entre 543 y 555. Su objetivo era proporcionar a los monjes medios de interpretar la Sagrada Escritura, aunque el plan de estudio que sugiere es mucho más que una simple meditación sobre la Biblia. Requiere la lectura de los comentadores, de los historiadores cristianos, a los que añade a Flavio Josefo, de cronistas y de los Padres latinos. Recomienda las artes liberales; proclama el mérito de los que copian la Sagrada Escritura y expone las reglas a seguir en la corrección del texto. Finalmente, en la segunda parte, resume la teoría de las artes liberales siguiendo la división hecha por San Jerónimo, Marciano Capela y San Agustín. Distingue las artes, sobre todo la gramática y la retórica, de las ciencias, que son la aritmética, geometría, música y astronomía. Le da gran importancia a la dialéctica, a la cual considera en parte arte y en parte ciencia. Por supuesto, Casiodoro subordina los estudios profanos a la teología pero, diferente a Isidoro, por ejemplo, sus extractos y compendios no dispensan al monje de hacer más investigaciones; por el contrario provocan tal investigación al referirse a libros con los que cuidadosamente equipó la biblioteca del convento. Soñaba con fundar la primera facultad teológica en Roma; al menos tuvo el mérito de poner al trabajo intelectual en el primer lugar de las ocupaciones monásticas, para el que San Benito no había asignado un lugar. Durante su carrera pública Casiodoro intentó reconciliar las dos razas de godos y romanos; en su retiro religioso trabajó con gran éxito en armonizar la cultura antigua con la del mundo cristiano. La civilización moderna fue el resultado de la alianza propuesta por él.
 
Influencia de Casiodoro Sobre la Música de la Iglesia:

En su trabajo sobre las artes liberales (De Artibus ac Disciplinis Liberalium Litterarum) Casiodoro escribe sobre música bajo el encabezado “Institutiones musicæ”. Este último tratado fue reimpreso por Gerbert (Scriptores eccl. de mus. sacr., I) y es particularmente valioso para el estudio de los comienzos tempranos de la música de la Iglesia. Casiodoro no va a las fuentes originales---los teóricos griegos---puesto que su conocimiento del sistema musical griego era el único conocido entonces y el que él enseñó a sus monjes. Le tomó prestado al autor romano Albino, cuyas obras se han perdido. Casiodoro, con Baecio, es el principal exponente de la teoría de la música entre la antigüedad y el principio de la Edad Media. Por esta razón sus escritos han sido de gran ayuda para los muchos estudiosos que se han ocupado de la restauración del canto de la Iglesia, especialmente respecto a su ritmo, siguiendo las más antiguas tradiciones. Sus obras contienen también información instructiva sobre los instrumentos musicales que se usaban en sus días, sobre todo la flauta, la chirimia, la gaita, la flauta de pan y el órgano.