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martes, 21 de abril de 2020

NERVA NOMBRA A TRAJANO SU SUCESOR EN EL TRONO IMPERIAL ROMANO

EMPERADOR NERVA

Así Trajano se convirtió en César. Pues Nerva no estimaba la relación familiar por encima de la seguridad del Estado, ni estaba menos dispuesto a adoptar Trajano, por la condición de este último de hispánico en lugar de itálico, debido a que ningún extranjero había ostentado jamás la soberanía romana; pero Nerva buscaba un hombre por su capacidad, y no por su nacionalidad.


( Dión Casio )

EMPERADOR NERVA

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EMPERADOR TRAJANO

EMPERADOR TRAJANO









domingo, 12 de abril de 2020

EL CÓNSUL SEXTO JULIO FRONTINO



Sexto Julio Frontino (en latín, Sextus Iulius Frontinus; c. 40-103) fue un político del Imperio romano, uno de los más importantes aristócratas de finales del siglo I. Es principalmente famoso por sus obras y escritos, especialmente por un informe en el que habla de los acueductos de la ciudad de Roma.

 

Lo primero que se conoce de la carrera de Julio Frontino fue su elección para la pretura en el año 70. En 73, Vespasiano le nombró consul suffectus.​ En el año 75, se le envió a la provincia de Britania para que sucediera a Quinto Petilio Cerial en el gobierno de la isla. 


Durante su cargo, Frontino subyugó a los siluros y a otras tribus hostiles de Gales, estableciendo una nueva base para la Legio II Augusta en Caerleon o Isca Augusta y un sistema de fortificaciones que constaba de fortalezas situadas a 20 km de distancia entre ellas, incluyendo la de Luentinum, que tenía como objetivo controlar las minas de oro de Dolaucothi. En el año 78, Frontino fue sucedido en el gobierno de Britannia por el general Cneo Julio Agrícola.

 

Poco después, entre 81 y 85, fue gobernador de la provincia Germania Inferior,​ participando en las operaciones emprendidas por Domiciano contra los catos. En 86 fue nombrado procónsul de la provincia Asia.​

 

En el año 95, Frontino fue nombrado comisionado de los acueductos de la capital imperial (curator aquarum) por el emperador Nerva. En el cargo estuvo pocos meses. No obstante, dadas las dificultades vividas para dominar el cargo, relativo a la mayor empresa del imperio - el abastecimiento de agua de la ciudad de Roma - esto le llevó a continuar la redacción del informe incluso tras abandonar el cargo, hasta su conclusión. En la introducción hace constar el fin con el que lo escribió.

 

El cargo de curator aquarum era exclusivo de personas de gran influencia política, lo que revela la importancia que Frontino logró durante su carrera. Además de ello, Frontino formaba parte del Colegio de Augures. Durante su cargo de comisionado de las aguas de la ciudad, Frontino redactó un informe acerca del estado de todos los acueductos de la ciudad. Este informe, el primero que se escribía acerca del tema, y el primero conservado redactado en forma de prosa profesional, ha sido una de las más importantes fuentes de información sobre obras de ingeniería de la Edad Clásica.

 

Durante su cargo, Frontino siguió la política de otro estadista romano, Marco Agripa, quien en el año 34 a. C. organizó una campaña pública de reparaciones y mejoras de los edificios de Roma. Durante la campaña de Agripa, el Aqua Marcia fue sometido a una importante renovación y se ampliaron las tuberías de la ciudad. A través de estas acciones, Agripa siguió la línea que había iniciado tras su nombramiento como edil (funcionario encargado de los edificios y festivales de Roma). Durante la edilidad de Agripa, las calles se repararon y las alcantarillas se limpiaron y renovaron. En épocas posteriores, Agripa seguiría mejorando y embelleciendo la ciudad al ampliar la Cloaca Máxima, sistema de alcantarillado de Roma, y construir termas, pórticos y jardines.

 

En 98, por voluntad de Trajano, fue elegido consul suffectus por segunda vez, dentro de los sucesivos sustitutos elegidos para suplir al fallecido emperador Nerva, culminando su carrera en 100, cuando Trajano lo nombró consul ordinarius junto con él, alcanzando el raro honor de un tercer consulado sin pertenecer a la familia imperial.​

 

Su obra más importante, De aquaeductu, constituye un informe oficial para el emperador que registra el estado de los acueductos de Roma. De aquaeductu presenta la historia y descripción del suministro de agua a Roma, incluyendo las leyes relativas a su uso y mantenimiento. Además de describir la historia de todos los acueductos de la capital imperial, la obra de Frontino registra los tamaños de todos los canales, las tasas de aprobación de su construcción entre la población y la calidad de las aguas de los acueductos en función de que su fuente fuera un río, lago o manantial. Entre los acueductos citados en el escrito se encuentran el Aqua Appia, el Aqua Alsietina, el Aqua Tepula, el Anio Novus, el Aqua Virgo, el Aqua Claudia y el Aqua Traiana.

 

Lo primero a lo que Frontino se dedicó cuando fue nombrado comisionado de las aguas de Roma fue a elaborar un mapa del sistema de acueductos, canales y alcantarillas de la capital a fin de poder evaluar su estado antes de proceder a su mantenimiento. Tras terminar el mapa, Frontino alegó que muchos de los acueductos se habían descuidado y que no funcionaban a pleno rendimiento. Preocupado principalmente por la falta de escrúpulos de granjeros y comerciantes, que aprovechaban el emplazamiento de los acueductos para insertar tubos con el fin de apropiarse de parte del suministro de agua, Frontino se entregó a una profunda investigación a lo largo de toda el área por la que discurría el agua. Frontino tomó como modelo la obra de Vitruvio, De Architectura, que habla de la construcción y mantenimiento de los acueductos en el siglo anterior. Casualmente, se adjuntó el informe de Julio Frontino a la edición primera de Vitruvio publicada en Roma en (1486).

 

El modo en que se distribuía el agua en Roma dependía de la zona por la que entrara a la ciudad, de su calidad y del modo de gestionarla. Por regla general, el agua de mala calidad se empleaba para regar jardines, mientras que únicamente la de mejor calidad estaba destinada a ser consumida por los ciudadanos. Por otra parte, el agua de calidad intermedia se empleaba para suministrar a baños y fuentes. Al acceder al cargo de comisionado, Frontino criticó que se mezclaran sin miedo aguas procedentes de diferentes fuentes. Una de sus primeras decisiones fue separar las aguas de cada acueducto.

 

Frontino mantuvo siempre una fuerte preocupación por la existencia de fugas en el sistema, especialmente en los conductos subterráneos, más difíciles de localizar y reparar, problema que todavía hoy es una fuente de preocupación entre los ingenieros. Los acueductos que circulaban por encima del suelo se mantuvieron en buenas condiciones, especialmente los que estaban sujetos por estructuras de gran tamaño. Según Frontino era esencial mantener los árboles a una distancia prudencial de los acueductos a fin de que no dañaran las estructuras con sus raíces. Durante su tiempo en el cargo, Frontino reformó la ley que vigilaba el estado de los acueductos, modificando gran parte de sus estatutos.

 

Durante su vida, Frontino escribió un tratado teórico sobre la ciencia militar, el cual se ha perdido. La obra que sí ha perdurado, su Strategemata, es una colección de ejemplos de tácticas militares empleadas durante la hegemonía de los mundos griego y romano. Probablemente esta obra se escribió sobre la base de sus experiencias bélicas mientras dirigía los ejércitos estacionados en Britania contra las tribus nativas de la isla.

 

No tuvo la fortuna del otro autor romano que trató sobre la guerra, Vegecio, pero también fue ampliamente conocido y leído durante la Edad Media. Así se hicieron traducciones al español, al catalán y al aragonés medieval.

 

La versión catalana, que se conserva en un único manuscrito (BNE, ms. 6293) fue la base de la versión aragonesa medieval (BNE, ms. 10198). Al castellano se hicieron dos traducciones independientes: una anónima en el siglo XV que se conserva en tres manuscritos (BNE, mss. 9253, 9608 y 10204) que acaban de ser publicados6​ y una segunda traducción a cargo de Diego Guillén de Ávila impresa en Salamanca en 1516.


jueves, 9 de abril de 2020

SANTA MATILDE DE HACKEBORN DICE SOBREDE LAS ALMAS DE SALOMÓN, SANSÓN, ORÍGENES Y TRAJANO



A ruegos de un religioso pregunta al Señor dónde están las almas de Sansón, Salomón, Orígenes y Trajano; y el Señor le contesta: «Quiero que permanezcan ocultas a los hombres las disposiciones de mi piedad para el alma de Salomón, a fin de que eviten con más cuidado los pecados carnales. Y es, asimismo, voluntad mía no sean conocidas las decisiones de mi Piedad para con el alma de Sansón a fin de que tiemblen los mortales saciar sus instintos de venganza en sus enemigos; y también quiero se ignore lo que ha hecho mi voluntad con el alma de Orígenes para que nadie se atreva a entonarse fiado de su ciencia ; e igualmente decidí no sepa el hombre el fallo de mi liberalidad con el alma de Trajano, para exaltación de la Fe Católica, ya que ese emperador, aunque dotado de todas las virtudes naturales, careció sin embargo de la Fe cristiana y del bautismo.»

Anton Raphael Mengs
 La apoteosis de Trajano











lunes, 30 de marzo de 2020

MARCO CORNELIO FRONTÓN DICE SOBRE LA POLÍTICA DE DIVERSIONES DEL EMPERADOR TRAJANO



Del más alto sentido del conocimiento político parece derivarse el que el príncipe no se desentendiese ni siquiera de los histriones y demás actores de teatro, circo o anfiteatro, pues sabía que el pueblo romano se siente dominado fundamentalmente por dos cosas, la distribución de trigo y los espectáculos; que el mando no se somete menos a prueba en asuntos de diversión que en cuestiones serias; que el rechazo de los asuntos serios conlleva una gran pérdida, pero el de las diversiones, el mayor de los descontentos. Las distribuciones de grano se ansían menos fuertemente que los espectáculos: con dádivas de trigo se aplaca a una muchedumbre, uno por uno y llamados por su nombre; en cambio, con los espectáculos se reconcilia al pueblo entero no o más que conciliarse con los juegos y las celebraciones de espectáculos. Para este fin ofrecidas por nuestros antepasados procesiones, carros, carros sagrados, despojos, elefantes, toros salvajes el pueblo romano haría uso de los espectáculos hacen resonar o suponen mal augurio en muchas lenguas. Estas cosas han sido mencionadas por mí con el fin de refutar a los detractores.


















domingo, 22 de marzo de 2020

DOMICIA LUCILA, MADRE DE MARCO AURELIO


 

Domicia Lucila (en latín, Domitia Lucilla;a c. 105-c. 155/161) fue una noble romana que vivió durante el siglo II, madre del emperador Marco Aurelio.
 
Domicia, nacida entre los años 103 y 107,12 era hija de Publio Calvisio Tulo Rusón, cónsul en el año 109 y por segunda vez en fecha desconocida, y de Domicia Lucila la Mayor, cuya ascendencia paterna se remontaba a Domicio Afer, un famoso orador que llegó a Roma durante el reinado de Tiberio procedente de Nemauso (Nimes), en la Galia Narbonense, y terminó reuniendo una gran fortuna. Domicio adoptó a dos hijos de un ciudadano al que había llevado a la ruina, Sexto Curvio, que recibieron los nombres de Domicio Lucano y Domicio Tulo, padre y tío respectivamente de Domicia la Mayor. Lucano y Tulo fueron elevados al patriciado, junto con otros muchos notables procedentes de provincias, como los Trajanos y los Annio Vero, en tiempos de Vespasiano y Tito . Por parte materna, el abuelo de Domicia la Mayor era Tito Curtilio Mancia, cónsul sufecto en el año 55.
 
Desde el gran incendio de Roma del año 64 comenzó con Nerón una gran reconstrucción de la ciudad que tuvo continuidad durante el siguiente medio siglo con los sucesivos emperadores. Así, Vespasiano y Tito erigieron el Foro de la Paz, nuevas termas y, sobre todo, el Coliseo; Domiciano amplió las residencias imperiales del Palatino y tanto Trajano como Adriano no dejaron de patrocinar grandes proyectos constructivos. Algunos de los grandes beneficiarios de este proceso fueron los propietarios de fábricas de ladrillos y otros materiales de obra, entre los que se encontraban los Domicio, que amasaron enormes fortunas en este periodo. La riqueza iba acompañada de honores y Tulo consiguió entrar a formar parte del colegio sacerdotal senatorial de los Septemviri Epulones, en el que también ingresó a finales del siglo i el mismo emperador Adriano.
 
Domicia la Mayor era hija de Lucano, pero fue adoptada por Tulo como condición para que este recibiera la fortuna de su hermano, y debía además nombrarla heredera, por lo que a la muerte de Tulo, a finales del año 108 o principios de 109, Domicia se había convertido en una mujer inmensamente rica, que ya contaba además con el patrimonio recibido de su abuelo Curtilio Mancia. Corrían rumores en Roma sobre tan importante testamento y hasta el mismo Plinio escribió a un amigo: «no se habla de otra cosa en la ciudad». También era beneficiario, junto a Trajano y en un codicilo final, P. Calvisio Rusón, marido en segundas nupcias de Domicia, con quien se casó probablemente entre los años 103 y 105,102 y que también adoptó el nombre de su tío, quien lo trata de amicus rarissimus en el testamento, por lo que ya con motivo de su consulado de 109 aparece en los Fasti Ostienses como «P. Calvisius Tullus».
 
Debido entre otras cosas al estado de conservación del testamento, la interpretación de los nombres que en el aparecen, además de la identidad misma del testador, ha sido objeto de múltiples especulaciones.  Así se ha sugerido que el primer marido de Domicia la Mayor podría haber sido Publio Elio Adriano Afer, el padre del emperador Adriano, e incluso que Domicia Longina, la esposa de Domiciano, habría estado también casada con Domicio Tulo.
 
Sin embargo, hasta la muerte de Adriano al frente de la familia estuvo Lucio Catilio Severo,​​ procedente de Apamea, en Bitinia, casado al parecer con Dasumia Pola, la viuda de Domicio Tulo, y colega de este y del emperador como Septimio Severo fue cónsul primero bajo Trajano y una segunda vez en 120 en compañía de Antonio Pío, gobernador de Asia y de Siria, y prefecto de Roma, cargo que ostentaba todavía en el año 138. Severo se hizo cargo de la educación de Marco Aurelio, lo que recuerda este en el primer libro de las Meditaciones, donde le agradece haberle proporcionado los mejores y más caros maestros, que acudían a su «casa» del Celio a darle clases.  El joven incluso adoptó el nombre de Catilio Severo en adición al suyo propio, Marco Annio Vero.
 
Domicia Lucila contrajo matrimonio alrededor del año 118 con Marco Annio Vero, pretor que procedía de una rica familia senatorial de origen hispano. Su abuelo, un «hombre nuevo» llamado Annio Vero, procedía de Ucubi, en la provincia hispana de la Bética, y también consiguió la pretura una vez accedió al rango senatorial. El hijo de este, también llamado Marco Annio Vero, fue cónsul en tres ocasiones, una en tiempos de Domiciano (sufecto en 97)25 y dos bajo Adriano (en 121 y 126), emperador que lo tuvo como uno de sus más importantes defensores en el Senado durante el complicado comienzo de su reinado, cuando ocupó también, durante siete años y hasta 124, el cargo de prefecto de Roma.
 
M. Annio Vero se casó con Rupilia Faustina, matrimonio del que nacieron, además del esposo de Lucila otros dos hermanos: Marco Annio Libón y Faustina la Mayor, posteriormente emperatriz romana por su enlace con Antonino Pío. Poseía también una residencia en el monte Celio, cerca de la de los Laterani, donde vivió Marco Aurelio durante un tiempo después de la muerte de su padre. Vero era sobrino de la emperatriz romana Vibia Sabina, y su abuela materna era Matidia la Mayor, la sobrina del emperador Trajano.
 
 Del matrimonio de Domicia con Annio Vero nacieron dos hijos: el futuro emperador Marco Aurelio, el 26 de abril de 121, y una hija, Annia Cornificia Faustina (122/123-152). Su marido murió en el año 124, dejándola viuda y con dos hijos, a los que crio ella sola junto a su suegro. El futuro emperador romano Didio Juliano se crio en su casa y pudo comenzar la carrera de abogacía gracias a su apoyo y respaldo económico.
 
Es muy probable que hubiera pertenecido a Domicio Tulo la residencia de los jardines del monte Celio, donde nació y pasó sus primeros años el futuro emperador Marco Aurelio. Marco siempre consideró esos jardines como su hogar y sintió gran pena cuando tuvo que abandonarlos el año 138, al ser adoptado por Antonino Pío y verse obligado a trasladarse a la residencia de Adriano en el Palatino, el antiguo palacio de Tiberio.
 
Domicia, como era relativamente habitual en la clase alta romana de su época, dominaba el griego y es muy posible que la familiaridad que alcanzó Marco Aurelio con ese idioma se debiera en primer lugar a ella. Fue también muy amiga del maestro de su hijo, Marco Cornelio Frontón, y de su esposa Cratia, con quienes se intercambiaba también correspondencia en griego en la que quedaba de manifiesto su familiaridad con autores como Homero, Hesíodo o Eurípides. Se conserva una carta de verano del año 142, mientras la familia imperial se encontraba en las cercanías de Nápoles, en la que Frontón se lamenta por no poder asistir a su cumpleaños debido a que las obligaciones del consulado lo tenían retenido en Roma.
 
El apoyo de Domicia a las pretensiones al trono de su hijo, además de un indicio sobre su pietas, se ven reflejadas en un pasaje de la Historia Augusta que relata el malicioso comentario, dirigido a Antonino Pío, del excónsul Valerio Hómulo después de que viera a Domicia rezando ante una estatua de Apolo: «Esa mujer ora para que llegue tu último día y su hijo reciba el imperio» .
 
En sus Meditaciones, Marco Aurelio la describe como una mujer piadosa, generosa e incapaz no solo de hacer mal a nadie, sino simplemente de concebirlo (Medit., 1.3). Domicia Lucila murió tras una prolongada enfermedad en el año 155 o poco después,cuando tendría unos cuarenta y ocho o cuarenta y nueve años, «aún joven» según Marco Aurelio, que estuvo muy preocupado por su salud,i pero se alegra de haber podido pasar con ella sus últimos años (Medit., 1.17.15).
 
La fortuna de Domicia, incluido el lucrativo negocio de fabricación de ladrillos, fue heredada por Marco Aurelio y Faustina para terminar finalmente en manos de Cómodo, que acaparó todo el patrimonio familiar.