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domingo, 25 de octubre de 2020

CÉSAR DICE SOBRE RELACIONARSE CON MUJERES

 

En realidad, aunque siempre es un placer conversar con gente inteligente, en caso de ser mujeres la conversación resultaba mucho más agradable, sobre todo si se supone que no es para hacerles el amor.






domingo, 11 de octubre de 2020

JUEGOS ERÓTICOS DE NERÓN

 

El César practicaba juegos eróticos, en los que se encerraba dentro de una jaula con varios hombres y mujeres desnudos atados a diversos pilares, y, portando una piel de animal, como si de una fiera se tratase, se lanzaba a cualquiera de ellos; cuando llegaba al punto de máxima excitación, finalizaba la actividad con uno de sus libertos, Doriforo, con el que se dice que incluso en su momento de mayor degeneración llegaría a unirse en matrimonio.





BODAS A LA ROMANA

Dentro de los ritos romanos existían tres formas diferentes de enlace: la primera consistía en el ofrecimiento de una torta de espelta, así denominada una variedad de escanda, a Júpiter Capitolino ante el sumo pontífice, acto por el cual quedaba vinculada la pareja; la segunda consistía en la entrega de la novia por parte del padre como si se tratara de una venta, y la ultima se realizaba cuando la unión se producía entre personas de diferentes clases sociales, aunque esta forma se debía llevar a cabo tras la coexistencia continuada de la pareja durante todo un año. Sin embargo, los tres tipos de unión habían sido sustituidos en este momento por una modalidad muy cercana a la actual.


En ella, al igual que en el presente, se celebraba una ceremonia en la que los pretendientes, previo beneplácito de los padres, se juraban fidelidad ante una serie de testigos. El novio ofrecía a su mujer, cuyo atuendo consistía en un vestido largo y liso sujeto por un cinturón con un doble nudo y un manto del mismo color que las sandalias, y en la cabeza un adorno con trenzas, una serie de regalos y un anillo. Mas tarde se efectuaba un sacrificio a los dioses y un sacerdote leía las entrañas del animal y posteriormente se celebraba un banquete con todos los asistentes al acto, que podía llegar a durar hasta la noche, para después conducir a los recién casados a su casa.


EPÍCURO DE SAMOS DICE SOBRE EL PLACER

Busca el placer que no venga seguido de ningún dolor.










sábado, 5 de septiembre de 2020

CÉSAR DICE SOBRE SU ESPOSA CALPURNIA PISONIS



Desde que me casé con Calpurnia durante mi primer consulado, hace casi quince años, viví con ella más de una semana o dos seguidas. Sin embargo, está satisfecha con su posición y goza de su lealtad. Yo, por mi parte, aunque parezca que la he visto poco, he tenido cuidado en respetarla y en cierto modo la quiero muchísimo. Si por lo menos hubiera podido darme un hijo la habría amado como amé a Cornelia, con quien me casé en mi temprana juventud y que me dio el único hijo que puedo considerar con confianza mío. Cornelia ha muerto, y también Julia. Es cierto que he dado permiso a la reina de Egipto para que llame Cesarión a su hijo, pero naturalmente habré de ver cómo se desarrolla el niño antes de llegar a una conclusión definitiva. Cleopatra siempre creerá lo que desee creer. No he descartado la posibilidad de casarme con ella, aunque me doy cuenta de que si hiciera semejante cosa escandalizaría a la opinión pública de Italia. Primero tengo que conquistar Partia, y acaso, mediante esa conquista, nazca una nueva concepción de la realeza o de la divinidad.




sábado, 29 de agosto de 2020

ESCLAVOS EN LA ROMA POST-SILA



A alguien que no estuviera familiarizado con el modo en que Roma trabajaba podría perdonársele por asumir que la ley de números aseguraría que cualquier medida que alterase la situación de los manumitidos de Roma no supondría en realidad diferencia alguna, porque la definición de pobreza extrema en Roma era la incapacidad de un hombre para poseer un único esclavo... y, desde luego, había pocos que no poseyeran un esclavo. De ahí que, aparentemente, cualquier plebiscito que distribuyera a los esclavos manumitidos por las treinta y cinco tribus debería de tener poco efecto en la cumbre de la sociedad. Pero no era ése el caso.


La inmensa mayoría de los propietarios de esclavos en Roma no tenía más que un esclavo, puede que dos. Pero no eran esclavos varones; eran hembras. Por dos razones: la primera, que el amo podía disfrutar de los favores sexuales de una esclava, y la segunda, que un esclavo era siempre una tentación para la esposa del amo, y la paternidad de los hijos resultaba sospechosa. Al fin y al cabo, ¿qué necesidad tenía un hombre pobre de un esclavo varón?.


 Los trabajos serviles eran domésticos: lavar, acarrear agua, preparar las comidas, ayudar con los hijos, vaciar orinales; y los hombres no los hacían bien. La actitud mental no cambiaba sólo por el hecho de que una persona fuera lo bastante desafortunada como para ser esclava en lugar de libre; a los hombres les gustaba hacer cosas de hombres y despreciaban a las mujeres, a las que les tocaba hacer los trabajos más penosos.


Teóricamente a cada esclavo se le pagaba un peculium además de la manutención; esa pequeña cantidad de dinero se iba guardando para comprar la libertad. Pero en la práctica, la libertad era algo que sólo el amo pudiente podía permitirse otorgar, sobre todo por el hecho de que la manumisión llevaba consigo un impuesto del cinco por ciento.


Con el resultado de que a la mayor parte de las esclavas de Roma nunca se las manumitía mientras eran útiles -y, temiendo la destitución más que el trabajo duro y no remunerado, se esforzaban por seguir siendo útiles incluso después de hacerse viejas-. Y tampoco podían permitirse pertenecer a una asociación funeraria que les permitiera pagar un funeral y un entierro decente después de su muerte. Acababan en los fosos de cal y ni siquiera había una señal en la tumba que dijera que alguna vez habían existido.


Sólo aquellos romanos con ingresos relativamente elevados y varias casas que mantener poseían muchos esclavos. Cuanto más elevada era la posición económica y social de un romano, más sirvientes utilizaba... y más probable era que contase con varones entre esos sirvientes esclavos.


 En estas esferas la manumisión era cosa corriente, y el período de servicio de un esclavo oscilaba entre diez y quince años, después de los cuales él -porque realmente se trataba de varones- se convertía en esclavo liberto y entraba a formar parte de la clientela de su antiguo amo. Llevaba puesto el gorro de la libertad y se convertía en ciudadano romano; si tenía esposa e hijos adultos, a éstos también se les manumitía.

( Colleen  McCullough )