Mostrando entradas con la etiqueta RÓMULO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta RÓMULO. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de abril de 2020

LEX CURIATA DE IMPERIO



En la constitución de la Antigua Roma, la lex curiata de imperio (plural leges curiatae) era la norma legal que confirmaba los derechos de los altos magistrados a ejercer el poder público o imperium. En teoría fue aprobada por la Comitia curiata, que también era la fuente de las leges curiatae relativas a la adopción (adrogatio).​


En la República tardía, los historiadores y los teóricos políticos consideraron que la necesidad de esta ley se remontaba al período monárquico, cuando los reyes posteriores a Rómulo tuvieron que someterse a la ratificación del pueblo romano. Como muchos otros aspectos de la ley y la religión en la Antigua Roma, la lex curiata se atribuyó a Numa Pompilio, el segundo rey de Roma. Este origen parece haber sido construido después del hecho para justificar la necesidad de la ley, en un momento en que ya no se conocía la intención original de la ceremonia que confería el imperium.​ Sin embargo, se afirmaba que los dos últimos reyes habían gobernado sin dicha ratificación,​ lo que en todo caso podría haber sido una aclamación más informal.​


La ley fue aprobada en una asamblea que durante la República tardía sólo existía de forma nominal, la Comitia curiata, la representación de las curiae; se suponía que las curiae eran las treinta divisiones políticas creadas por Rómulo, que recibían su nombre en honor a las mujeres sabinas (que eran de Cures, en territorio de los sabinos). Estas unidades políticas fueron reemplazadas ya en 218 a. C. por lictores; el pueblo ya no se reunía, pues cada curia estaba representada por un lictor y la confirmación era virtualmente automática, a menos que un tribuno decidiera oponerse. Incluso entonces, un magistrado no confirmado podría seguir desempeñando las funciones de su cargo a pesar de todo.​ En la República tardía, un magistrado podría simplemente prescindir de esta ratificación alegando su imperium, o un legislador podría incluir una disposición en una ley que convirtiera en redundante una ley de la curia. Los censores, en cambio, eran confirmados por otra asamblea, la Comitia centuriata. Por todo ello, no queda claro el propósito de la lex curiata,​ y según S. P. Oakley: «El origen, la naturaleza y la importancia de la lex curiata de imperio ha sido objeto de un amplio e inconcluso debate.»​


En algunos casos se ha especulado que era la que confería el derecho a realizar auspicios, aunque no los estudiosos no son unánimes en este punto. H. S. Versnel, en su estudio sobre el triunfo romano, sostenía que la lex curiata de imperio era un requisito para que un comandante pudiera celebrar un triunfo.​ El imperium, sostiene Versnel, no se concedía a un comandante en el ámbito político, sino que era una cualidad del hombre que se manifestaba en él y que era reconocida de forma ceremonial por una lex curiata de imperio;​ La lex no era fundamental para la obtención de imperium o auspicium, sino más bien el acto mediante el cual el pueblo expresaba su reconocimiento de esa autoridad.​


Aun cuando la lex curiata acabara siendo esencialmente ceremonial, conservaba la autoridad suficiente para ser útil como táctica política cuando se la evocaba. Los tribunos podían dificultar su aprobación; los cónsules del 54 a. C. carecían de la lex y se cuestionaba su legitimidad para ejercer de gobernadores como procónsules; durante la segunda guerra civil de la República romana los cónsules del 49 a. C. utilizaron la propia inexistencia de una lex como pretexto para no llevar a cabo la elección de sus sucesores.


martes, 17 de marzo de 2020

LUPERCALES



En la Antigua Roma, las fiestas lupercales, también llamadas simplemente lupercales o incluso lupercalia (en latín, Lupercalia), se celebraban ante diem XV Kalendas Martias, lo que equivale al 15 de febrero. Su nombre deriva supuestamente de lupus (lobo, animal que representa al dios Fauno, que tomó el sobrenombre de Luperco), y de hircus (macho cabrío, un animal impuro).
 
Cada año, se elegía de entre los miembros más ilustres de la ciudad, a una congregación especial de sacerdotes, los Lupercos o Luperci (Sodales Luperci, "amigos del lobo"). Debían ser en su origen adolescentes que durante el tiempo de su iniciación en la edad adulta sobrevivían de la caza y el merodeo en el bosque. Era por aquel entonces un tiempo sagrado y transitorio en que se comportaban como lobos humanos. Se reunían el 15 de febrero en la recién encontrada gruta (más tarde llamada Ruminal, en honor a Rómulo y Remo) del monte Palatino (la colina central en donde, según la tradición, se fundó Roma). Según la tradición, fue en este lugar donde Fauno Luperco, tomando la forma de una loba, Luperca, había amamantado a los gemelos Rómulo y Remo, y en cuyo honor se hacía la fiesta. También cuenta la tradición que allí había una higuera cuyas raíces habían detenido la cesta en cuyo interior se encontraban los gemelos Rómulo y Remo.
 
Bajo la sombra de esta venerable higuera, llamada Ruminalis, comenzaba la fiesta con una ceremonia oficiada por un sacerdote en la que se inmolaba una cabra. Después ese mismo sacerdote tocaba la frente de los luperci con el cuchillo teñido con la sangre del sacrificio y a continuación borraba la mancha con un mechón de lana impregnada en leche de cabra. Éste era el momento en que los lupercos prorrumpían en una carcajada ritual. A continuación, se formaba una procesión con los lupercos desnudos que llevaban unas tiras o correas hechas con la piel de la cabra recién inmolada y con ellas azotaban manos y espaldas de las mujeres que encontraban en el camino dispuestas a ser parte de la ceremonia; era el ritual para la fecundidad. Se consideraba además que esto era un acto de purificación, la así denominada februatio.
 
Según un pasaje narrado por Tácito, el cortejo salía del Lupercal hacia el Foro Boario por el sur del Monte Palatino y llegaba al Ara Máxima de Hércules Invicto. Pasaban por el altar de Consus y el santuario de los Lares para terminar en el lugar de inicio. El recorrido no era un acto serio como lo había sido el comienzo de la ceremonia; los propios lupercales, animados por el público, convertían el paseo en una carnavalada cuyos gritos, cantos y bailes llegaban a ser obscenos.
 
Con el paso del tiempo, el papa Gelasio I prohibió y condenó, en el año 494, la celebración pagana de las lupercales. Quiso cristianizar esta festividad, y la sustituyó por la fiesta de la Purificación, que se celebraría el 2 de febrero, con la procesión de las candelas. Esta celebración se unió más tarde a la liturgia de la Presentación de Jesús, por la referencia que el anciano Simeón hace, en su canto, a Cristo como «luz de las naciones», asociada a los cirios, antorchas y candelas encendidas en las manos de los fieles. El 2 de febrero se cumplían cuarenta días desde que, en la época de san Ambrosio (Ambrosio de Milán), se fija el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús, también para desterrar el festejo pagano del culto a Helios.
 
Las lupercales aparecen marcadas en el cronógrafo del 354, junto con otros festivales tradicionales y cristianos. A pesar de la prohibición que se hizo, en el año 391, de todos los cultos y festivales no cristianos, el pueblo considerado cristiano celebraba las lupercales con regularidad durante el periodo del emperador Anastasio I. El papa Gelasio I (494-496), que afirmaba que únicamente la "vil chusma" participaba en el festival, intentó abolirla de manera contundente; el Senado protestó, con el argumento de que las lupercales eran fundamentales para la seguridad y el bienestar de Roma. Esto hizo que Gelasio sugiriera, con una actitud de desprecio, que "Si ustedes aseguran que este rito tiene beneficios para la salud, celébrenlo entonces ustedes a la manera de nuestros ancestros; corran desnudos, ustedes que pueden escenificar muy bien la farsa." Este comentario iba dirigido al senador Andrómaco, en una extensa epístola literaria de Gelasio que era prácticamente una diatriba en contra de las lupercales.
 
Los historiadores generalmente afirman que Gelasio finalmente abolió las lupercales, después de una larga disputa, reemplazándolas con la Fiesta de la Purificación de la Bendita Virgen María, aunque Jack B. Oruch, en cambio, dice que no hay registro escrito que demuestre que Gelasio haya intentado siquiera reemplazar las lupercales.
 
Algunos investigadores, como Kellog y Cox, han afirmado por separado que las costumbres modernas del Día de San Valentín tienen su origen en las costumbres de las lupercales. Otros autores han rechazado esta afirmación: dicen que no hay pruebas de que las costumbres de la era moderna del Día de San Valentín tienen su origen en las costumbres de las lupercales, y esta afirmación parece tener su origen en conceptos erróneos o ideas falsas acerca de las festividades.
 
El poema número 18 del libro III de las Odas (Carmina) del poeta lírico y satírico latino Horacio (Quinto Horacio Flaco), describe las Lupercalia y es un himno al fauno. El autor le pide al fauno que bendiga su ganado y sus campos pues, cuando el fauno está cerca, todo el campo se alegra.
 
En la tragedia Julio César, William Shakespeare comienza hablando de las lupercales. Marco Antonio, jefe de los lupercos (llamados julianos, una tercera orden, creada por César), recibe de éste la instrucción de tocar durante las lupercales a su cuarta esposa, Calpurnia, con la esperanza de que pueda concebir. Enseguida, el fragmento correspondiente, que se halla en la escena segunda del acto I, tomado del texto íntegro de la obra:

CÉSAR. — ¡Calpurnia!



CASCA. — ¡Silencio, oh! César habla.



(Cesa la música.)



CESAR. — ¡Calpurnia!



CALPURNIA. — Aquí me tenéis, señor.



CÉSAR. — Colocaos en la dirección del paso de Antonio cuando emprenda su carrera. ¡Antonio!



ANTONIO. — ¡César, señor!



CÉSAR. — No olvidéis en la rapidez de vuestra carrera, Antonio, de tocar a Calpurnia, pues, al decir de nuestros antepasados, la infecunda, tocada en esta santa carrera, se libra de la maldición de su esterilidad.



ANTONIO. — Lo tendré presente. Cuando César dice: «Haz esto», se hace.



CÉSAR. — Proseguid, y no olvidéis ninguna ceremonia.



Más adelante, después del asesinato de César, Marco Antonio ofrece su discurso funerario. En seguida, el texto de la escena segunda (línea 74) del acto III , en donde él explica cómo, en las lupercales, ofreció tres veces a César la corona:
 
ANTONIO

Todos visteis que en las Lupercales le presenté tres veces una corona real, y la rechazó tres veces. ¿Era esto ambición?

domingo, 12 de enero de 2020

VIRIATO, AZOTE DE LOS ROMANOS SEGÚN FLORO



A los lusitanos los sublevó Viriato, hombre de sutilísima sagacidad que, tras convertirse en cazador en bandolero y luego de bandolero en caudillo y general, y, si la Fortuna lo hubiese permitido, en un Rómulo para Hispania, no contento con defender la libertad de los suyos, asolando a sangre y fuego, atacando incluso, los campamentos y guarniciones de los pretores hasta el exterminio de su ejército y fijó en sus montes nuestras trábeas, fasces y estandartes, como trofeos que había capturado.
 ( Floro en "Epítome de la Historia de Tito Livio )