El instante de entrar en la batalla es un momento terrible, y casi todos los soldados, si tienen tiempo o capacidad de pensar racionalmente en lo que va a producirse, vacilan en exponerse con ligereza a la muerte, al dolor, a las feas heridas y a la mutilación. Por cierto que algunos de los discípulos de Epicuro han hecho una muy buena defensa del pacifismo. Con todo, si debemos entrar en la batalla, estaremos más seguros y obtendremos más éxito si no se nos ocurren estos argumentos racionales. Lo que se necesita en ese instante es una especial exaltación del espíritu, que parece conferir a un hombre un coraje físico inusitado y unas facultades de resistencia y determinación superiores a lo normal. Y el espíritu se exalta en virtud de una serie de medios que son artificiales. En verdad, toda la disciplina y apariencia exterior de un ejército tienen por finalidad preparar el terreno para que se produzca en el momento oportuno la clase de exaltación precisa; y cuando llega el momento, nosotros y todas las razas conocidas por la historia empleamos otros estímulos artificiales. En nuestros ejércitos resuenan las trompetas en todos los sectores del campo de batalla; los bárbaros usan tambores y varios instrumentos de percusión. Luego está el efecto que produce el grito de batalla proferido al mismo tiempo por cada soldado. Yo mismo sentí ese efecto cuando oí el gran clamor de «jVenus victrix» proferido a lo largo de toda la línea. Y también es importante, de ser posible, entrar en la batalla en doble fila. Los propios movimientos de los miembros y la sensación de inevitabilidad contribuyen a promover el espíritu necesario en un soldado.
Continuación del blog "APASIONADOS DEL IMPERIO ROMANO", de Xavier Valderas. Se crea porque ya no se pueden subir más etiquetas debido al extenso blog anterior, con más de 10.500 entradas.
sábado, 1 de enero de 2022
CÉSAR REFLEXIONA AL INICIARSE LA BATALLA DE FARSALIA
martes, 7 de diciembre de 2021
CÉSAR DICE SOBRE LA RELACIÓN MILITAR DE LÚCULO
Lúculo, teniendo todas las cualidades que un general
podía desear, carecía de aquella que, en nuestros días, es la más
importante de todas: era ignorante de la naturaleza humana, de cuyas potencias
no sabía aprovecharse y desdeñó utilizar sus debilidades. Con todo
derecho, exigió mucho de sus hombres, pero sin darles a cambio ni la
seguridad de la camaradería que Mario y yo diéramos a nuestras tropas,
ni los placeres y excitaciones de esa cínica irresponsabilidad que Sila
solía desplegar en sus deliberadas alternancias entre la disciplina más estricta
y la más abandonada. A decir verdad, Lúculo se apoyaba en una disciplina
fuera de uso. En nuestros días, los soldados piden cuando menos la satisfacción
de ser tratados como seres humanos.
domingo, 5 de diciembre de 2021
CÉSAR DICE SOBRE LA CRUELDAD
Siempre tuve tendencia a la misericordia cuando ésta
puede practicarse sin peligro. Y tal tendencia mía se debe de un lado a
que me disgusta la crueldad, porque fui testigo de demasiadas crueldades
en mi juventud, y de otro, al saber que, en última instancia, por más violencia
que uno pueda emplear para obtener el poder, es posible conservarlo sólo
si uno se granjea la buena voluntad de aquellos a quienes se ha sometido.
domingo, 25 de octubre de 2020
CAYO MARIO DICE SOBRE LAS HERIDAS
Las heridas de guerra de un romano son mejores títulos de nobleza que una galería de retratos de familia.
sábado, 17 de octubre de 2020
LA FORMACIÓN DE LA LEGIÓN ROMANA DURANTE LA REPÚBLICA
La legión estaba armada con largas espadas y arremetía contra el enemigo al unísono, con la esperanza de que el peso de la carga destruyese las líneas enemigas. Cuál de las partes ganase la batalla dependía de cuál de ellas lograse coger al enemigo por sorpresa o desequilibrarlo o superarlo en número. A igualdad de otros factores, podía depender de cuál de las partes cargase con mayor fiereza o pudiese resistir lo suficiente para permitir la llegada de refuerzos.
Durante toda la antigüedad se usó este ataque en masa. Fue llevado a su más alto grado de perfección con la falange macedónica, que fue imbatible mientras funcionó a la perfección.
Pero en el siglo IV a. C., los romanos convirtieron la legión en una máquina para la conquista del mundo. Según la tradición, el cambio empezó con Camilo. Durante el largo sitio de Veyes mantuvo el ejército en armas durante largos períodos, y no sólo para breves campañas en aquellos intervalos en que los soldados podían dejar sus faenas agrícolas. Mantener a los hombres en armas durante largos períodos implicaba que era menester pagar a los soldados, y Camilo fue el primero que instituyó tal paga.
Las dos primeras líneas eran divididas en pequeños grupos llamados manípulos (de una palabra latina que significa «puñado»), formados por 120 hombres cada uno. Los manípulos eran colocados dejando espacios entre ellos y las dos líneas eran dispuestas de tal modo que los manípulos formaban como un tablero de ajedrez.
La primera línea avanzaba sobre el enemigo, arrojaba sus jabalinas y cargaba con sus espadas. Después de hacer considerables estragos, retrocedía, y la segunda línea, fresca y descansada, hacía lo mismo, mientras la tercera línea permanecía como reserva a la espera de lo que pudiera suceder, por ejemplo, la llegada de refuerzos enemigos.
Si un ataque repentino del enemigo o algún otro infortunio hacía retroceder a la primera línea, los manípulos de ésta podían ocupar los espacios que dejaban los manípulos de la segunda línea. Así, la retirada convertía a la legión en una sólida falange que podía resistir firme e inamoviblemente (como sucedió muchas veces).
La legión era perfecta para un terreno montañoso y desigual. Una sólida falange siempre podía ser desquiciada si no marchaba como una unidad perfecta. La legión, en cambio, podía expandirse. Los manípulos podían abrirse camino por las obstrucciones y luego reunirse nuevamente, si era necesario.
domingo, 11 de octubre de 2020
HORACIO DICE SOBRE LA GUERRA CIVIL ROMANA
Un amargo destino persigue a los romanos, y el crimen de dar muerte a un hermano, desde que la sangre del inocente Remo fue derramada en la tierra, una maldición que recayó sobre sus descendientes.
CÉSAR SE GANA LA CONFIANZA DE SUS LEGIONARIOS
Creo que, después
de las campañas del primer año en las Galias, ningún soldado mío podía
pensar que su comandante en jefe lo abandonaría. Después de haberme
separado de mi caballo, me puse el manto escarlata que siempre uso en
las acciones de guerra y antes de que comenzara la batalla recorrí a pie las
líneas, llamando por su nombre a los centuriones en quienes confiaba más y
deteniéndome de cuando en cuando para decir unas pocas palabras de aliento a los
soldados. Decía las cosas usuales (que también pueden encontrarse en un
manual); pero me parece que al decirlas podía comunicar algo de mi
entusiasmo y de mi determinación de obtener la victoria. En tales momentos,
me siento exaltado y no sería muy exacto considerar esta exaltación como
una forma de egoísmo. En cierto sentido no sería desacertado afirmar que
veo la larga línea de las legiones como una extensión de mi propia personalidad.
Las legiones ocupan más espacio del que soy capaz de ocupar y representan
mayor poder físico del que yo puedo concentrar en mi cuerpo. Su actividad y
hasta algunos de sus pensamientos y aspiraciones son funciones de mi voluntad,
de mi ambición, de mi cuidadoso adiestramiento y de mi determinación de
llegar a una meta. En este sentido, puedo sentir que mi ejército es un
instrumento en mis manos; pero en los momentos en que está a punto de
entablarse una batalla, siento mucho más que eso. Me siento el amigo y
el camarada de cada soldado que está a punto de enfrentarse con la muerte
o de caer herido, y estoy convencido de que tengo el poder de impartir a cada
uno de ellos algo de mi propia vehemencia y seguridad. En esos momentos,
también los soldados me hablan con soltura, con facilidad, pues saben
que nuestro lenguaje es el mismo.
domingo, 20 de septiembre de 2020
EL EJÉRCITO ROMANO, por Yann Le Bohec. LIBROS DE LA BIBLIOTECA PRIVADA DEL CÓNSUL DE ROMA
EL EJÉRCITO ROMANO, por Yann Le Bohec. LIBROS DE LA BIBLIOTECA PRIVADA DEL CÓNSUL DE ROMA
EL EJÉRCITO
ROMANO por Yann Le Bohec. LIBROS DE LA BIBLIOTECA PRIVADA DEL CÓNSUL DE ROMA,
YANN LE BOHEC, LEGIONES DE ROMA, EJÉRCITO ROMANO, LEGIONARIOS































