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domingo, 2 de agosto de 2020

MEDIDAS ADMINISTRATIVAS DE VITELIO



Cualquier obsequio que Neron , Galba y Otón hubieran otorgado a cualquier persona que él considerara válida y no privara a nadie de tal posesión. No recaudó ninguna suma que aún debiera de antiguos gravámenes, y confiscó la propiedad de ninguno. Él mató a muy pocos de los que se habían puesto del lado de Otón, y no retuvo la propiedad de estos ni siquiera de sus familiares. Sobre los parientes de los ejecutados anteriormente, otorgó todos sus fondos que todavía se encontraban en la tesorería pública. Ni siquiera encontró fallas en las voluntades de quienes habían luchado contra él y habían caído en las batallas. Además, prohibió a los senadores y a los caballeros. luchar como gladiadores o actuar en cualquier espectáculo en la orquesta. Por estas medidas fue elogiado. Él era un asistente constante en los teatros, y con esto ganó el apego de la población. Comió con los hombres más influyentes en términos libres y fáciles, y esto ganó su favor en un grado aún mayor. Nunca dejó de recordar a sus antiguos compañeros y los honró enormemente, sin despreciar al parecer de reconocer a ninguno de ellos. En esto era diferente a otros; Para muchos que inesperadamente han alcanzado un gran poder, sienten odio hacia aquellos que conocen su antiguo estado humilde.

( Dión Casio en "Historia Romana" )


domingo, 26 de julio de 2020

AÑO DE LOS CUATRO CÉSARES



El ultimo representante de la dinastía Julio-Claudia había muerto. Tras su desaparición, la situación se complicaba en extremo, pues los acontecimientos se iban a suceder con gran rapidez y todo hacia pensar que sobre Roma se volvía a cernir la sombra de una nueva guerra civil, semejante a la vivida por la ciudad un siglo antes, cuando se produjo el fracaso del conocido como Primer Triunvirato, que llevaría a César al momento de mayor apogeo de su poder.

 

Galba, a la sazon un anciano decrepito que rondaba los 65 o 66 anos, conoció de primera mano la desaparición de Nerón diez días después de ocurrida la muerte, por lo que creyó llegado el momento de marchar hacia Roma con sus legiones, acto que también había sido demandado con urgencia por el Senado. Por tanto, abandono la provincia en dirección a la capital, donde llego en octubre, y sin perdida de tiempo fue proclamado nuevo Cesar por el Senado. Servio Sulpicio Galba, el príncipe, tuvo que hacer frente a numerosos problemas.

 

Entre ellos se presentaba un inconveniente bastante peliagudo, pues no todos los gobernadores aceptaban y aclamaban como nuevo gobernante a un viejo que debía haber permanecido apartado en su provincia. Pero además existían otras dificultades, como volver a imponer la disciplina entre las legiones sublevadas, que él no supo llevar a buen termino, lo que se demostró en su primera actuación ya que, tras ocupar el gobierno, manifestó públicamente su intención de no entregar los premios y recompensas prometidos a ningún soldado, lo que creo gran desconcierto dentro de las legiones, que comenzaron a pensar si habían optado por el mejor candidato.

 

Otra de las cuestiones bastante problemáticas a las que había que hacer frente de forma urgente, eran los problemas financieros y la situación en la que se encontraba el erario publico, cuyo estado era bastante desesperado. Pero el nuevo Cesar no supo solucionar ninguno de estos problemas. Tampoco supo rodearse de asesores capaces, pues se dedico a practicar una política basada claramente en el nepotismo.

 

 Por ello, los que se encontraban bajo su dirección no se mostraron acordes con lo que se les demandaba; así, se vieron sobrepasados por las circunstancias y demostraron no hallarse a la altura que requería la situación, y en muchos casos buscaron exclusivamente su enriquecimiento personal.

 

Las medidas con las que se intentó hacer frente al problema financiero terminaron por sublevar al ejercito. Una de las soluciones que se promulgo fue la bajada del sueldo de las legiones, que unida a la anterior eliminación de las recompensas que en su momento se prometieron así como a la entrega de la cantidad prometida por el antiguo pretor del pretorio, Ninfidio Sabino, al que había dado de lado completamente, para la guardia pretoriana, de la que Galba dijo no hacerse cargo, llevo a que el príncipe fuera asesinado en el mismo centro de Roma por varios pretorianos. También se procedió a eliminar al sucesor que el viejo príncipe había designado.

 

La guardia pretoriana apoyo a Marco Salvio Otón, el antiguo amigo de Neron, mucho mas joven que Galba, al que había mandado como gobernador a Lusitania para poder apropiarse de su mujer. Era respetado por las inmensa mayoría de las tropas y fue proclamado, nuevo gobernante por el Senado.

 

Pero la elección, curiosamente, no fue apoyada por todas las provincias, pues las legiones acuarteladas en Germania se sublevaron en enero del 69, extendiéndose el amotinamiento a otras zonas del Imperio occidental, en concreto Hispania, la Galia y Britania, que proclamaron a Vitelio como nuevo César.

 

Vitelio, que quizás ni siquiera anhelaba ser el gobernante de todo el Imperio, marcho con sus tropas hacia Italia, lo que alarmo a Otón, que no contaba con fuerzas suficientes para hacerle frente y opto por mantener una ronda de negociaciones entre ambos, en donde el príncipe le ofrecía unirle como aliado al Imperio, pero Vitelio no acepto, pues necesitaba una victoria aplastante para hacerse respetar por todos los grupos de poder del Imperio.

 

Otón no tuvo mas remedio que movilizar a sus tropas y marchar hacia el norte, a campo abierto para hacer frente a su adversario, lo que ocurrió a finales de marzo, y aunque Otón intento hacer todo lo posible para que el choque no se produjera, sus intentos resultaron baldíos pues el ejercito de Vitelio, dirigido por Valente, se enfrento al príncipe en Cremona.

 

Derrotado el Cesar, Vitelio había manifestado ante los cadáveres que se amontonaban en el campo de batalla que huele muy bien el enemigo muerto, pero todavía mejor el ciudadano. Otón se retiro a la capital y a mediados de abril prefirió suicidarse, y con ello se produjo un nuevo cambio en el trono. Vitelio entra en Roma para ser proclamado nuevo príncipe; esta vez tenia el visto bueno de todas las facciones: el Senado, que busca la paz, las legiones, la totalidad de las provincias y por ultimo el pueblo, saturado con tanto enfrentamiento y luchas por el poder.

 

Vitelio se mantendrá en el poder hasta el verano de este mismo año, puesto que, en contra de lo que se esperaba, no realizo una política de conciliación con sus antiguos enemigos, sino que efectuó una administración encaminada a su represión, cosechando la consiguiente oposición por parte de las fuerzas que le habían apoyado, cansadas de tantos enfrentamientos civiles, fundamentalmente las tropas estacionadas en las provincias orientales.

 

 En esta situación, en el mes de julio las legiones proclamaron príncipe a Vespasiano, que poco a poco va ganando para su causa al resto de las tropas asentadas en las provincias, hasta que Vitelio pasa a contar únicamente con la fuerza de la guardia pretoriana, cuyos efectivos prepararon la resistencia en Roma.

 

Vespasiano desembarco en Italia, enfrentándose ambos contendientes en la localidad de Cremona en octubre del 69. El resultado de este encuentro llevo a que las riendas por fin recayeran en manos de una persona apoyada por todos los sectores de la sociedad sin ninguna fisura. Finalizo con todos los focos de sediciosos, tanto en Oriente como en las provincias occidentales.



Vespasiano murió en el ano 79, pero previendo la situación en que podía volver a quedar el Imperio tras su desaparición, se adelanto a los acontecimientos y puso en marcha una serie de medidas encaminadas a mantener la estabilidad en Roma, apoyo que asocio a sus hijos Tito y Domiciano al poder; con ello ya no surgirán los problemas sucesorios. La dinastia Flavia ha ocupado el principado.

( Hipólito Pecci Tenrero en "Nerón" )

 

viernes, 20 de marzo de 2020

MARCO ANTONIO PRIMO



Marco Antonio Primo (30/35 - 81) fue un político y militar del Imperio romano.

 

Primo nació en la población de Tolosa, situada en la Galia Narbonensis. Durante el imperio de Nerón residió en Roma y perteneció al Senado, del que fue expulsado por falsificar un testamento y se le condenó al destierro. Posteriormente fue restituido por Galba, que lo posicionó al mando de la Legio VII Gemina estacionada en Pannonia.

 

Durante la guerra civil de 68/69 conocida como el Año de los cuatro emperadores se unió a Vespasiano y avanzó hacia Italia obteniendo una victoria decisiva contra Vitelio en la segunda batalla de Bedriacum en octubre de 69 e incendiando ese mismo día Cremona. Tras el saqueo de la ciudad continuó avanzando hacia Roma, donde penetró tras hacer frente a una enconada oposición. Vitelio fue aprehendido y ejecutado y, durante los días siguientes a la muerte del emperador, Primo ejerció prácticamente como gobernador hasta la llegada del gobernador de Siria Cayo Licinio Muciano. Muciano le obligó a renunciar a su autoridad y lo trató de una manera tan ignominiosa que Primo se marchó de la ciudad.

 

Es probable que Primo estuviera aún vivo durante el reinado del hijo menor de su antiguo aliado, Tito Flavio Domiciano, teoría corroborada por cuatro epigramas de Marcial que estaban dedicadas a él.

 

Tácito lo describe como un hombre valiente, un hábil orador y de gran inteligencia, poderoso en tiempos turbulentos, pero codicioso, extravagante y vil durante la paz, no era un enemigo al que se debía subestimar.


domingo, 1 de marzo de 2020

EL CÓNSUL CAYO LICINIO MUCIANO



Cayo o Gayo Licinio Muciano a​ fue un senador romano del siglo I cuyo cursus honorum se desarrolló bajo los imperios de Claudio, Nerón, Galba, Otón y Vespasiano, 
destacando como político, escritor y general.

 

Su nombre revela que había nacido dentro de la gens Mucia, habiendo sido luego adoptado por un Licinio. Aproximadamente en 55 fue enviado por el emperador Claudio, que recelaba de su íntima relación con Valeria Mesalina, a Armenia junto a Cneo Domicio Corbulón. Bajo Nerón recobró el favor imperial y fue probablemente designado consul suffectus en 64.

 

Cuando estalló la primera guerra judeo-romana en 66, Muciano era el gobernador de Siria, puesto en el que se mantuvo durante el año de los cuatro emperadores. Cuando fracasó en su intento de sofocar la revuelta, Vespasiano fue enviado para relevarle. Tras la muerte de Galba en 69, tanto Muciano como Vespasiano declararon su lealtad al nuevo emperador Otón,​ pero cuando Vitelio se levantó en Germania Inferior y se apoderó del trono, Muciano persuadió a Vespasiano para rebelarse contra el nuevo emperador.​ Acordaron que Vespasiano permanecería en el Este para resolver los problemas en esa parte del orbe, mientras Muciano marchaba hacia Roma a través de Asia Menor y Tracia para atacar a Vitelio.​

 

Muciano entró en Roma un día tras la muerte de Vitelio y halló al hijo menor de Vespasiano, Domiciano a la cabeza del Estado, pero en cuanto llegó relevó al joven que permaneció prácticamente en el olvido hasta la muerte de su hermano Tito.​ Muciano se mantuvo toda su vida fiel a Vespasiano y fue recompensado con dos consulados, uno en 70 y otro en 72​ En esa misma época, fue miembro del colegio de los hermanos Arvales. ​Se supone que murió durante el reinado de su aliado Vespasiano, ya que no existen referencias a su persona en los reinados de sus hijos, Tito y Domiciano.

 

Fue un inteligente escritor e historiador. Realizó una recopilación de los discursos y las cartas de los romanos de la antigua República romana, probablemente incluyendo un conjunto de actas del Senado, las res gesta senatus, y fue el autor de una autobiografía, que trataba principalmente de la historia natural y la geografía orientales, a menudo citada por Plinio el Viejo.



domingo, 9 de febrero de 2020

GEMONÍAS


 
Las escaleras Gemonías (en latín: Scalae Gemoniae, en italiano, Scale Gemonie) fueron un tramo de peldaños ubicado en la antigua ciudad de Roma. Apodadas Escaleras del luto, son tristemente famosas en la historia romana como lugar de ejecución.
 
Esta escalera fue citada por numerosos autores latinos a partir de Tiberio, entre otros Valerio Máximo (VI, 3, 3 y VI, 9, 13), Suetonio (Vida de Tiberio, 53, 61, 75) y Tácito (Anales, Libro III, 14 y VI, 4, 31). No está localizada con precisión.
 
Las escaleras estaban localizadas en la parte central de la antigua Roma, que llevaban desde el Arx del monte Palatino bajando hasta el Foro romano. Tal como se ve desde el Foro, pasaban por el Tabulario y el templo de la Concordia en el lado izquierdo, y pasando ante la cárcel Mamertina al lado derecho. Se cree que la ubicación de las escaleras coincide más o menos con la actual Via di San Pietro in Carcere, pasando las ruinas de la cárcel Mamertina.
 
Se cree que las escaleras se construyeron algún tiempo antes del reinado de Tiberio (14–37), pues no se las menciona por este nombre en ningún otro texto antiguo que predataba a este período. Una de las primeras referencias procede de Tácito, Anales. Su primer uso como lugar de ejecución se asocia principalmente con los excesos paranoicos de finales del reinado de Tiberio. En Suetonio las Gemonías son parte importante de los tiempos de terror protagonizados por Sejano.
 
Los condenados eran habitualmente estrangulados antes de que sus cuerpos se atasen y se arrojasen a las escaleras. Ocasionalmente, los cadáveres de los reos se llevaban aquí para exhibirlos desde otros lugares de ejecución en Roma. Los cadáveres habitualmente eran abandonados para que se pudriesen en la escalera durante largos períodos de tiempo a vista de todos desde el Foro, comidos por los perros y otros animales de carroña, hasta que al final se les arrojaba al río Tíber.
 
La muerte en las Gemonías se consideraba extremadamente deshonrosa, aunque varios senadores o incluso un emperador encontró aquí su fin. Entre los más famosos ejecutados en este lugar están el prefecto de la guardia pretoriana Sejano y el emperador Aulo Vitelio.
 
 Sejano era un antiguo confidente del emperador Tiberio que se implicó en una conspiración en el año . Según Dión Casio, Sejano fue estrangulado y arrojado por las Gemonías, donde la masa se ensañó con su cadáver durante tres días. Poco después, sus tres hijos fueron ejecutados de manera similar en este lugar.
 
Vitelio fue un general romano que se convirtió en el tercer emperador del llamado Año de los cuatro emperadores en el 69. Sucedió a Otón tras su suicidio el 16 de abril, pero vivió para ser emperador sólo durante ocho meses. Cuando sus ejércitos fueron derrotados por los de Vespasiano, aceptó rendirse, pero la guardia pretoriana rechazó dejarle abandonar la ciudad.
 
Cuando las tropas de Vespasiano iban a entrar en la ciudad, el 20 de diciembre del año 69, fue arrastrado fuera del lugar donde se ocultaba, lo condujeron al Foro Romano, atravesando toda la vía Sacra, con las manos atadas, un lazo al cuello y las ropas rasgadas. A lo largo de todo el recorrido lo ofendían con gestos y palabras, mientras le colocaban una espada en el mentón y le agarraban la cabeza por los pelos, como se hacía con los criminales. Lo llevaron a las escaleras Gemonías y lo arrojaron. Sus últimas palabras fueron «Y aún así yo fui una vez vuestro emperador».
 
Arrojábanle éstos fango y excrementos; aquéllos le llamaban borracho e incendiario; parte del pueblo hacía burla hasta de sus defectos corporales, porque era, en efecto, extremadamente alto y tenía el rostro encendido y manchado por el abuso del vino, el vientre abultado y una pierna más delgada que la otra, a consecuencia de una herida que se infirió en otro tiempo en una carrera de carros, sirviendo de auriga a Calígula. Cerca ya de las Gemonias le desgarraron, en fin, a pinchazos con las espadas y por medio de un gancho lo arrastraron hasta el Tíber. ( Suetonio, sobre Vitelio).
 
Durante la época republicana, la roca Tarpeya, un abrupto acantilado en la cumbre meridional de la colina Capitolina, se usaba con un propósito similar. Los homicidas y los traidores, si se les condenaba por los quaestores parricidii, eran lanzados desde el barranco para que murieran. Los niños que padecían minusvalías físicas o mentales significativas a veces sufrían el mismo destino, pues se creía que estaban malditos por los dioses.