(...) ...de pronto me vi
frente a una situación que no esperaba y frente a la cual, según confío, nunca
me volveré a encontrar. Logré vencerla en parte, creo, a causa de mi larga
experiencia en la política, que me había enseñado que la gente agrupada está la
mayoría de las veces fuera del alcance de toda razón. Un rumor no confirmado,
una falsa insinuación, una promesa que nunca se cumple, puede, al suscitar una
clase especial de emoción fácilmente comunicable, privar hasta a las personas
inteligentes de la capacidad para considerar una situación o proposición por sus
propios méritos. Entonces no existe ninguna razón capaz de hacerles recobrar el
sentido, sino sólo una apariencia de razón, dirigida a impedir una persuasión
lógica, que puede sustituir una emoción por otra. Por regla general, la estructura
y la disciplina de un ejército constituyen barreras eficaces a estos estallidos
de irresponsables sentimientos, tan comunes en los civiles cuando se hallan
reunidos en multitud. Pero cuando, por cualquier causa, un ejército pierde su
cohesión interna, cuando los soldados comienzan a pensar como si fueran
civiles, entonces la situación puede llegar a ser mucho peor de lo que solemos
encontrar en el foro. En las Galias recordé muy bien en aquellos momentos lo
que Clodio me dijo sobre el ejército de su cuñado Lúculo, en cuya
desintegración el propio Clodio desempeñó un importante y deshonroso papel.
Lúculo era uno de los mejores generales que tuvimos. En mi juventud siempre lo
atacaba porque había sido amigo de Sila y podía convertirse en enemigo
mío; pero aun así no podía dejar de reconocer su genio militar. Conquistó el
este más rápidamente y con menos tropas que Pompeyo. Y en un momento que
debería haber sido la culminación de sus victoriosos avances, los soldados se
le sublevaron. Me complace pensar que mi propia acción en Roma contra Lúculo,
que emprendí por razones puramente políticas, no tuvo efecto alguno en el hecho
de que desertaran tan desdichadamente las tropas de aquel gran general. Sin
embargo, ha de reconocerse que Lúculo, a pesar de su grandísima habilidad, no
merecía la devoción de los soldados. No existía el menor lazo entre él y sus
hombres. Lúculo era -como habría dicho Mario- un aristócrata; y no era
-en el sentido que yo doy a la palabra- un dios.
Continuación del blog "APASIONADOS DEL IMPERIO ROMANO", de Xavier Valderas. Se crea porque ya no se pueden subir más etiquetas debido al extenso blog anterior, con más de 10.500 entradas.
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sábado, 5 de septiembre de 2020
martes, 31 de diciembre de 2019
EL CÓNSUL QUINTO FUFIO CALENO
Quinto
Fufio Caleno ( Quinto Quinto Fufius Q. f. C. Calenus ; ... - Alpes , 41 aC )
fue un político romano y militar .
En el
61 a. C. era un tribuno de la plebe y logró adquirir a Publio Clodio Pulcro ,
quien había profanado los ritos de la Bona Dea y más tarde fue acusado
por Cicerón .
Así
que como juez participó en el 59 aC para Julio César . Según Dión Casio, aprobó
una ley que en realidad permitía que los jurados fueran controlados.
En el
51 aC luchó en la Galia como legado de César.
Hizo
lo mismo en la guerra contra Pompeyo y en España en el 49 aC.
A su
regreso de España perdió parte de la flota que se le encomendó y sometió parte
de Grecia, pero no participó en la batalla de Farsalia.
Tomó
parte en la guerra de Alejandría.
En el
47 aC fue elegido cónsul gracias a la influencia de César . Después de la
muerte de César, se alineará con los triunviros y luego se unirá a Marco
Antonio , cuando rompió con Octavio .
Era
un oponente de Cicerón , quien lo odiaba. En el 43 a. C. se opuso ante el
Senado a la propuesta de Cicerón sobre iniciar una guerra contra Marco Antonio.
Murió
en el 41 a . C. , mientras estaba al pie de los Alpes con sus tropas, listo
para marchar contra Octavio. El hijo, que tomó su lugar, en lugar de eso, puso
las tropas contra Marco Antonio al lado del sobrino de Cesar.
jueves, 26 de diciembre de 2019
EL CÓNSUL QUINTO MARCIO REX
Quinto
Marcio Rex (en latín, Quintus Marcius Q. f. Rex) fue un político y militar
romano del siglo I a. C.
Probablemente
era nieto de Quinto Marcio Rex, cónsul en el 118 a. C. Estuvo casado con la
hermana mayor de Clodio.
Obtuvo
el cargo de cónsul junto a Lucio Cecilio Metelo en 68 a. C. Cecilio Metelo murió nada más obtener el cargo y no fue
reemplazado. Los Fasti lo señalan con la observación solus consulatum gessit.
Fue
procónsul en Cilicia al año siguiente. Durante su ejercicio, presionado por su
cuñado Clodio, no prestó ayuda a Lucio Licinio Lúculo, lo que molestó a este último. Fue relevado de su provincia
en 66 a. C. cumpliendo con la Ley Manilia, que otorgaba el mando de las
provincias orientales a Pompeyo.
Se le
denegó el triunfo que solicitó a su regreso. Aun así permaneció acampado en las
afueras de la ciudad y todavía estaba allí cuando estalló la conspiración de Catilina en el año 63 a. C. Fue enviado por
el Senado a Faesulas para vigilar los movimientos de Cayo Manlio, uno de los generales de Catilina. A
pesar de la propuesta de paz que Manlio envió a Marcio, este no escucharía sus
ofertas si antes no entregaba sus armas en rendición.
Murió
en 61 a. C. sin dejar nada en herencia a su cuñado Clodio, como él esperaba.
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